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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

jueves, 21 de noviembre de 2019

 Blog de Joana Bonet

El precio de ser leyenda

Sentirse prescindible. Replegarse en una soledad ambulante con la que te cruzas allí donde trates de escapar, incluso entre la multitud. La soledad de una mujer de cincuenta y seis años puede ser peligrosa. No es caprichosa ni aislada, sino que engarza las cuentas de un collar de abandonos y fracasos, de posibilidades que se acabaron en portazos, de ilusiones disueltas sin dejar poso de aquello que un día hizo pensar que todo saldría bien.

Blanca Fernández Ochoa. Leo las crónicas de su muerte: “Una leyenda del deporte”. Pero, ¿qué diablos hacemos con nuestras leyendas? Aquellas que lograron encumbrar el nombre de un país, levantar el orgullo, inspirar a los jóvenes, promover valores. “Los mejores embajadores de la marca España”, se dice de Nadal o Gasol. Ahora, cuando los héroes se jubilan (precozmente) y se alejan de los estadios y del aplauso, se ven abocados a un duelo silencioso, sin adrenalina, y su récord imborrable en los rankings deportivos acaba convirtiéndose en una nostalgia juvenil. Me pregunto cuántas veces vería Blanca el vídeo de la victoria en Albertville, o el de la caída in extremis, con el oro ya en el cuello, en Calgary. No suelen medirse los estragos que produce la presión en la élite del deporte, cuerpo y mente exigidos más allá de sus límites.

Según un cálculo realizado por la revista especializada Sports Illustrated, el 80% de los colosos deportivos norteamericanos se arruinan antes de una década de retiro. También les sucede a algunos cracks futbolísticos. O del tenis. Mal asesoramiento financiero para quienes vivieron al margen del Euribor y el IRPF, familias dependientes que despluman a sus hijos encerrados en su burbuja de disciplina.

Hay más: tormentas emocionales, lapas que les van erosionando y traicionando, o adicciones convertidas en vías de escape que acaban desluciendo la épica de sus logros y les enfrentan al rostro descarnado del éxito, que casi siempre olvidamos.

En el caso de Blanca, se habla de su precariedad, su trabajillo de entrenadora personal con chalecos electromagnéticos, de su fragilidad psicológica. Campeona olímpica, la primera mujer española que alcanzó el podio en unos Juegos, se fue vaciando. Y no recibió atención de quienes se beneficiaron de su talento y su coraje, con tantos sueldos vitalicios que se reparten los poderosos.

Tenía una mirada risueña. Me crucé alguna vez con ella y admiré su humildad antidiva, su cercanía, incómoda ante la cámara y la pose. Comprendo que a su familia no le interesen ahora las causas de su muerte, demasiado insoportable es ya su pérdida. Pero detrás del parte oficial “muerte no accidental”, se ha murmurado en voz baja la palabra suicidio. Ese tabú que no debería avergonzar a nadie sino alertar y contribuir a su prevención. La muerte de Blanca Fernández Ochoa, en silencio, a sus 56 años –los mismos que tenía su hermano cuando lo mató un cáncer–, demuestra una vez más que el deporte no construye el carácter, tan sólo lo revela.

[Publicado el 09/9/2019 a las 08:35]

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Biografía

Periodista y filóloga, escribe en prensa desde los 18 años sobre literatura, moda, tendencias sociales, feminismo, política y paradojas contemporáneas. Especializada en la creación de nuevas cabeceras y formatos editoriales, ha impulsado a lo largo de su carrera diversos proyectos editoriales.

En 2016, crea el suplemento mensual Fashion&Arts Magazine (La Vanguardia y Prensa Ibérica), que también dirige. Dos años antes diseñó el lanzamiento de la revista Icon para El País. Entre 1996 y 2012 dirigió la revista Marie Claire, y antes, en 1992, creó y dirigió la revista Woman (Grupo Z), que refrescó y actualizó el género de las revistas femeninas. Durante este tiempo ha colaborado también con medios escritos, radiofónicos y televisivos (de El País o Vogue París a Hoy por Hoy de la cadena Ser y Julia en la onda de Onda Cero a El Club de TV3 o Humanos y Divinos de TVE) y publicado diversos ensayos, entre los que destacan "Hombres, material sensible", "Las metrosesenta" y "Generación paréntesis". Desde 2006 ejerce de columnista de opinión en La Vanguardia.

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