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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 17 de julio de 2019

 Blog de Joana Bonet

Kitsch nupcial

La otrora llamada princesa del pueblo, Belén Esteban, se ha casado de nuevo. No me olvido de aquella vez cuando un presentador le preguntó por alguno de sus comportamientos –o eran sentimientos–, y ella respondió: “¿Pero esto qué es? ¿El juego del cráneo? No soy ningún ejemplo para nadie”. La chica de San Blas que fregaba pisos, la novia de Jesulín que se aburría en el campo de la sierra de Cádiz e iba al bar a taconear, se ha echado años y kilos como el resto de españoles. De profesión, tertuliana, y veraneante en Benidorm, se ha serenado y ha entrado en el club de las segundas bodas.

En las aspiraciones de la novia subsiste el anhelo del vestido perfecto. El súmmum quintaesencial, el traje entre todos, especial y único. Las mujeres que se casan visten en realidad su propia belleza, pletóricas, seguras –o eso parece–, y el traje las acompaña. Pero el ritual nupcial le otorga una función mágica. El vestido se convertirá en noticia, al menos entre los asistentes al enlace, y los comentarios perdurarán unos días. Algunas entran en las tiendas de Rosa Clarà, que acuñó un prêt-à-porter de novias personalizado, y aprenden a pasar de la foto al propio cuerpo. Pero no sólo la novia desea que su traje haga enmudecer, que por él la amen y la respeten el novio, el público, España entera. Ahí están los invitados, las pruebas lo testifican, vale cualquier boda mediática, incluso con flores negras al estilo de las de Pilar Rubio. El esfuerzo por ser singular desemboca a menudo en la vulgaridad. Cuando vas a comprar el pan y pasas por delante de una comitiva de boda, ves a un grupo de gente disfrazada. Siempre demasiado vestida, sea al mediodía o por la tarde, con ridículos tocados que se tuercen, pamelas Costa Amalfitana que desentonan con las bocinas del tráfico, escotes pronunciadísimos, colas de sirena para andar a pasitos cortos... Ellos también van acartonados; parecen magos o camareros medio perdidos en la fiesta. No obstante, en el microclima bonachón que genera un enlace, sus participantes se sienten los más guapos (y elegantes) del mundo. E insisten en epatar como nunca antes, manteniendo la tradición campesina de estrenar ropa para los acontecimientos.

No hay que remontarse muy lejos para comprender cierta deriva estética de nuestra sociedad hacia lo antes identificado como hortera. Basta con echar la mirada a los posmodernos 80, cuando lo kitsch –palabra alemana de origen más metafísico– brotó del underground para convertirse en tendencia total (y eso que la globalización aún no había vertido su líquido unificador a lo largo y ancho del globo). Theodor Adorno, uno de los mayores críticos, lo consideraba un peligro para la cultura, además de una parodia de la catarsis que el verdadero im­pacto estético provoca. Y así se representan muchas de ellas, entre la celebración y la caricatura del amor, los novios enmarcados por colores chillones, plumas y lentejuelas. Mientras el resto vamos a comprar el pan.

[Publicado el 01/7/2019 a las 11:55]

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Biografía

Periodista y filóloga, escribe en prensa desde los 18 años sobre literatura, moda, tendencias sociales, feminismo, política y paradojas contemporáneas. Especializada en la creación de nuevas cabeceras y formatos editoriales, ha impulsado a lo largo de su carrera diversos proyectos editoriales.

En 2016, crea el suplemento mensual Fashion&Arts Magazine (La Vanguardia y Prensa Ibérica), que también dirige. Dos años antes diseñó el lanzamiento de la revista Icon para El País. Entre 1996 y 2012 dirigió la revista Marie Claire, y antes, en 1992, creó y dirigió la revista Woman (Grupo Z), que refrescó y actualizó el género de las revistas femeninas. Durante este tiempo ha colaborado también con medios escritos, radiofónicos y televisivos (de El País o Vogue París a Hoy por Hoy de la cadena Ser y Julia en la onda de Onda Cero a El Club de TV3 o Humanos y Divinos de TVE) y publicado diversos ensayos, entre los que destacan "Hombres, material sensible", "Las metrosesenta" y "Generación paréntesis". Desde 2006 ejerce de columnista de opinión en La Vanguardia.

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