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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

martes, 27 de octubre de 2020

 Joana Bonet

La sociedad del uf

Tras un muestreo rudimentario sobre las interjecciones más utilizadas en mi círculo cotidiano sonsaco que ¡uf! no tiene competencia. A pesar de que ¡ay! –que tanto vale para dolerse al chocar con la esquina de la mesa como para defenderse de los chistes de la candidata del PP Isabel Díaz Ayuso– le va a la zaga, y de que ¡uy! tiene un uso desmedido en las retransmisiones deportivas, las desbanca a todas: al arrebatado ¡guau!, al laxo ¡bah!, al regañón ¡chist! y al in­fantil ¡pum!

Vivimos en la sociedad del uf, y no por cansancio físico. Tiempos peores hubo para expresar extenuación y flaqueza. Se acabaron los corredores ahogados en las calles, hoy han sustituido los bufidos de antaño por respiraciones concen­tradas en su alegría. Los uf son muchos más molestos, pues revelan la existencia de un marrón o de una frustración tediosa. No encuentras el cargador del móvil, y lo repites, volviendo a mirar donde ya lo hiciste, entre el contra­tiempo y la fa­talidad. Exclamas uf tras contarte que han echado a tres antiguos compañeros de trabajo o cuando de repente te llaman del colegio de tus hijos.

En verdad, te das cuenta de que tú no puedes ser víctima de esa rendición tan espesa y gris. Afirman que viene del árabe uff, igualmente cargado de desagrado y fastidio; que noruegos exportaron a Norteamérica una expresión muy similar: uff da, “estoy abrumado”. Para algo se inventaron el yoga, el mindfulness, las series de Netflix o el sexo, sí, para atontar la válvula del uf. Madurar significa dejar de sentir que el cuerpo se parte en dos cuando vocalizas uf con todas tus fuerzas; ya no se derrite algo dentro ni sientes mariposas de las malas. Porque en las cuestiones de vida y muerte no se dice uf; se calla o se llora.

Qué gran título es el Uf, va dir ell de Quim Monzó. Cuánta promesa e interés despierta, aunque el protagonista del cuento apenas pueda articular palabra; el paladar impregnado de pastel y de pereza. Los hay de losers cabizbajos, y los hay dramáticos, de diva: esos que emiten los jefazos, con eco, alargando las efes y echando la espalda hacia atrás a causa del café frío o de que han caído las acciones.

Habrán advertido que en esta primavera electoral a la mayoría de los candidatos les duele España. La máxima de Unamuno ha circulado en un boca-oreja de Rivera a Sánchez o Casado. Ellos son más de ay, expresando el ardor de una herida que busca compartirse con los votantes. Pero a quien le duele algo no se le suele votar, sino que se le recomienda descanso. Hasta que sea capaz de verse desde el otro lado, reposado, frente a la bandeja de la cena en el sofá, y, ante su propio reflejo en el telediario, exclame “¡uf!”. Ese sería el principio de algo.

[Publicado el 16/5/2019 a las 09:23]

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Biografía

Periodista y filóloga, escribe en prensa desde los 18 años sobre literatura, moda, tendencias sociales, feminismo, política y paradojas contemporáneas. Especializada en la creación de nuevas cabeceras y formatos editoriales, ha impulsado a lo largo de su carrera diversos proyectos editoriales.

En 2016, crea el suplemento mensual Fashion&Arts Magazine (La Vanguardia y Prensa Ibérica), que también dirige. Dos años antes diseñó el lanzamiento de la revista Icon para El País. Entre 1996 y 2012 dirigió la revista Marie Claire, y antes, en 1992, creó y dirigió la revista Woman (Grupo Z), que refrescó y actualizó el género de las revistas femeninas. Durante este tiempo ha colaborado también con medios escritos, radiofónicos y televisivos (de El País o Vogue París a Hoy por Hoy de la cadena Ser y Julia en la onda de Onda Cero a El Club de TV3 o Humanos y Divinos de TVE) y publicado diversos ensayos, entre los que destacan "Hombres, material sensible", "Las metrosesenta", "Generación paréntesis" y "Fabulosas y rebeldes". Desde 2006 ejerce de columnista de opinión en La Vanguardia.

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