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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

martes, 16 de julio de 2019

 Blog de Joana Bonet

Vestido para el poder

Cuando Pedro Sánchez llegó al Palacio de la Moncloa como legítimo residente, además de renovar el colchón en el que durmiera durante ocho años Rajoy –a fin de conjurar el refranero español: “dos que duermen en el mismo colchón, se vuelven de la misma condición”–, realizó otro cambio importante: sustituir la suscripción a los periódicos deportivos por una selección de prensa internacional. Cómo no va a mutar el estilo de un hombre que desayuna leyendo en inglés y francés; nada que ver con el callo que originan las gestas en la Champions. En su libro Manual de resistencia (Península) explica que, tras su dimisión forzada, acudió a la oficina de la Seguridad Social con sus dos hijas, cogió el ticket y se sentó a esperar su turno. En los días siguientes, la pequeña le dijo: “Me encanta que estés prejubilado”. Y su otra hija, que no fue elegida delegada de clase, recibió de un compañero un hiriente :“¡Como tu padre!”. Pero el “aguanta Pedro” unido a una perfecta conjunción de astros lo condujeron a la presidencia del Gobierno. Sánchez se erigió en el atlético presidente español, saludado por el Daily Mail, Newsweek y Vice como Mr. Handsome. Incluso el sudirector de Buzzfeed, David Mack, se marcaba un tuit saleroso: “Noticias geopolíticas importantes: el nuevo presidente de España está bueno”. Cómo no iba a seguir leyendo prensa extranjera un Pedro Sánchez, graduado en resiliencia, que tan bien empezaba a quedar en las fotos al lado de Justin Trudeau. Buenos pómulos, deportividad y aire limpio, porque no hay muchos hombres que puedan permitirse llevar jeans y una camisa blanca pareciendo bien vestidos.

En su primera etapa como líder socialista, antes de que fuera negado y burlado en Ferraz, a Sánchez le colgaron el sambenito de guaperas, de niño bonito, incluso de Ken, el novio de Barbie. Entre sus antecesores no había precedentes de corte hollywoodiense y, al no derrochar la erótica del poder de aquellos vigorosos socialistas González y Guerra –curiosamente tan reivindicados ahora por la derecha–, fue etiquetado igual que una rubia tonta. Un prejuicio muy extendido, vestigio cateto de una España envidiosa que condena la belleza ajena, en lugar de celebrarla. En cambio, en esta segunda etapa, la que le condujo a la moción de censura, oficia de cuarentón canoso –que se obliga a correr diez kilómetros al día para mantener sus músculos pletóricos–, camina sobre el agua ante quienes quieren revocarlo por sus gestos hacia los independentistas. Aunque él se oponga al referéndum una y otra vez, parece que nadie le cree.

Sánchez se ha vestido de presidente durante diez meses y no abandona el traje. Riguroso, oficialista, de tallaje desigual –a veces se equivoca con los patrones, demasiado cuadrados de hombros–, con preferencia por las corbata púrpura y ternos oscuros sin atisbos de originalidad. Si hay algo que no se le escapa a ningún cronista es el halo de responsabilidad con el que se ha inmunizado de la pelea de gallos. El hombre que lee prensa internacional no insulta, ni siquiera a los que lo consideran el mismísimo espíritu del mal. Es educado y ceremonioso, aunque peque de aburrido, y responde a las provocaciones como el adulto reflexivo en que se ha convertido. No obstante, ha endurecido el gesto: aprieta la mandíbula y con frecuencia cierra fuertemente los labios, el superior aprisionando al inferior, las cejas se le crispan y esboza muecas hasta ahora desconocidas, como el gesto de desprecio a Albert Rivera –mirada de medio lado, boca también torcida– acompañada de ese “me has decepcionado” que vimos en el primer debate televisado.

“Es hiperactivo, no descansa”, dicen de él desde la ejecutiva socialista. Y lo cierto es que lleva en campaña desde que le conocemos, consciente de aquellas palabras de Muhammad Ali: “La pelea se gana o pierde muy lejos de los testigos, tras las líneas, en el gimnasio y en la carretera”.

La naturalidad nunca ha sido lo suyo, se nota la mella de la presión. Sin embargo, ese acartonamiento es casi profiláctico, técnico. Prefiere abusar del guion impoluto y optar por la sosería antes que por el cuerpo a cuerpo de Rivera. “¿Os imagináis lo que podemos hacer con una mayoría sólida?”, pregunta a menudo a los suyos, a medio camino entre visionario y motivado. Parece haber nacido para llevar camisas bien planchadas y gafas de aviador a bordo de un Falcon –sí, un Falcon– conduciendo a los socialistas de nuevo al poder. Por mucho que la vieja guardia del partido se mantenga incrédula.

[Publicado el 29/4/2019 a las 11:42]

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Biografía

Periodista y filóloga, escribe en prensa desde los 18 años sobre literatura, moda, tendencias sociales, feminismo, política y paradojas contemporáneas. Especializada en la creación de nuevas cabeceras y formatos editoriales, ha impulsado a lo largo de su carrera diversos proyectos editoriales.

En 2016, crea el suplemento mensual Fashion&Arts Magazine (La Vanguardia y Prensa Ibérica), que también dirige. Dos años antes diseñó el lanzamiento de la revista Icon para El País. Entre 1996 y 2012 dirigió la revista Marie Claire, y antes, en 1992, creó y dirigió la revista Woman (Grupo Z), que refrescó y actualizó el género de las revistas femeninas. Durante este tiempo ha colaborado también con medios escritos, radiofónicos y televisivos (de El País o Vogue París a Hoy por Hoy de la cadena Ser y Julia en la onda de Onda Cero a El Club de TV3 o Humanos y Divinos de TVE) y publicado diversos ensayos, entre los que destacan "Hombres, material sensible", "Las metrosesenta" y "Generación paréntesis". Desde 2006 ejerce de columnista de opinión en La Vanguardia.

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