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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

martes, 16 de julio de 2019

 Blog de Joana Bonet

Pablo Iglesias, suelto como su coleta

Apenas media distancia entre su identidad personal y su identidad política, o ¿acaso no es Pablo Iglesias el líder más arremangado del cartel electoral? Camisas azul noche recogidas hasta el codo,un gesto propio de quien baja a la arena; cinturón flojo, cazadoras de tactel y blazers sueltas, siempre sin conjuntar. Iglesias es el más español en su atuendo: ignora por completo el aire italianizado de la sastrería masculina, en tejidos y patronaje. Al contrario, pervive en él la sensación de llevar siempre una talla de más, perneras, mangas y cintura holgadas, igual que la goma de la coleta, su elemento más icónico, propio del rock guitarrero o del diseño nórdico.

No se aprecia tirantez alguna en su cuerpo, ni deseo de una vida esbelta. Cargado de hombros, redondeados, tiene andares de personaje de Coetzee, de joven viejo que ha consumido toneladas de energía con el objetivo de abrir un nuevo camino, el de la izquierda sin vaselina, la que empodera al ciudadano de la calle. Y tal osadía acabaría siendo respondida por el viejo poder, que quiso cruzar al inspector Gadget con Closeau y Villarejo.

Poco acostumbradas estaban sus señorías a la irrupción del casual en la foto oficial, pero había que romper el protocolo. Igual que aquellas mujeres que no podían entrar con pantalones en los restaurantes de moda de Nueva York y se los quitaban en el baño, quedándose en improvisados mini-vestidos. O como los CEO de Palo Alto, que empezaron a firmar contratos millonarios en chanclas de piscina. Su autoestima y su audacia resultaban proporcionales a la informalidad de la que hacía gala su atuendo. En una ocasión se publicó la foto del armario de Mark Zuckerberg: todas las prendas eran grises. Esquire lo eligió uno de los hombres peor vestidos del mundo, pero gracias a él muchos altos ejecutivos suspiraron satisfechos, por fin podrían librarse del uniforme de viajante de comercio y vestirse a sus anchas.

“El lujo de la comodidad” podría ser el eslogan estético de Iglesias. Desde niño detesta las telas que pican, y su madre, bien coqueta, intentaba que vistiera algo más que chándals. El profesor activista llegó a la Complutense con su ropa técnica: forros polares y botas de montaña. Y aunque una parte de la opinión pública insista en el perroflautismo, probablemente debido a la pervivencia de su melena recogida y con greñas, Pablo y otros líderes izquierdistas han evolucionado en su atuendo combinando ciertos elementos grunges, como las camisas de leñador, con prendas icónicas como la sudadera de capucha: un símbolo global de la protesta en el cambio de siglo que se ha hecho mayor sin aburguesarse. Iglesias se pone corbata de pala estrecha e incluso smoking –y siempre parece prestado–, y juega a alterar el sentido del dress code. Se trajea más para reunirse con el Fórum Europa o con un grupo de sindicalistas que en las ceremonias de Estado.

El estigma de El gran Gatsby, una novela sobre la conciencia de clase –como ya asoció el periodista Pedro Vallín– les golpeó fuerte a la pareja Iglesias-Montero. Porque no hay sueño más radiante en el imaginario español que el del chalet con piscina. Aunque sea más barato que un piso en Madrid y se ubique en la llamada “sierra pobre”. Pero pronuncias ‘chalé’ y una ráfaga soleada te sugiere la vida siempre en vacaciones, algo que no le está permitido a un mesías como Iglesias, afranciscado y melenudo, el podemita que compraba sus camisas en Alcampo y ahora se permite alguna marca más cara, eso sí, siempre que sea cómoda.

El lujo surgió como un anhelo para la clase media, fue creado para hacerla soñar, no para los ricos, acostumbrados a ser mucho más austeros porque todas sus necesidades, incluso las estéticas, están colmadas generación tras generación. Otra idea inamovible hace exclusiva la ideología de izquierdas a la experiencia de precariedad y desamparo, como si creer en el bien común y la igualdad social no fuese hermoso y exquisito. Ya lo advirtió Pascal, poco sospechoso de radical: “el hombre tiene ilusiones como el pájaro alas. Eso es lo que lo sostiene”. En los mítines, Iglesias se lleva el puño izquierdo al corazón, una manera sentida –y con regusto oriental– de dar las gracias, de responder con cariño a sus baños de masas moradas. Es más que un partisano culto que golpea verbalmente al poder en tono didáctico, más que un profesor rojo que abandonó el claustro universitario para dinamizar nuestra rancia política, pero en la calle sigue siendo el coletas.

[Publicado el 22/4/2019 a las 23:47]

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Biografía

Periodista y filóloga, escribe en prensa desde los 18 años sobre literatura, moda, tendencias sociales, feminismo, política y paradojas contemporáneas. Especializada en la creación de nuevas cabeceras y formatos editoriales, ha impulsado a lo largo de su carrera diversos proyectos editoriales.

En 2016, crea el suplemento mensual Fashion&Arts Magazine (La Vanguardia y Prensa Ibérica), que también dirige. Dos años antes diseñó el lanzamiento de la revista Icon para El País. Entre 1996 y 2012 dirigió la revista Marie Claire, y antes, en 1992, creó y dirigió la revista Woman (Grupo Z), que refrescó y actualizó el género de las revistas femeninas. Durante este tiempo ha colaborado también con medios escritos, radiofónicos y televisivos (de El País o Vogue París a Hoy por Hoy de la cadena Ser y Julia en la onda de Onda Cero a El Club de TV3 o Humanos y Divinos de TVE) y publicado diversos ensayos, entre los que destacan "Hombres, material sensible", "Las metrosesenta" y "Generación paréntesis". Desde 2006 ejerce de columnista de opinión en La Vanguardia.

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