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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

martes, 21 de mayo de 2019

 Blog de Joana Bonet

Santiago Abascal, el guardabosques feroz

La corte de propagandistas en torno a Abascal, incluido su hagiógrafo Sánchez Dragó, se empeña en presentárnoslo como hombre de una solo pieza, sin doblez: “Bienpensante, de costumbres moderadas, ordenado padre de familia, esposo ordenado”. Y aún van más allá en la descripción: es un tipo de profundas convicciones católicas que cree en lo que hace, un hombre de acción con la preparación justa pero al que el corazón no le cabe en el pecho.

Un retrato robot simplista, al corte de la propuesta nuclear de Vox: “La vida, la libertad y España son nuestras líneas rojas”. Quizá sea esa la forma de pescar las casi 400.000 papeletas que consiguió en Andalucía, y el 12,01% que le auguran las primeras encuestas en las generales.

La corte de propagandistas en torno a Abascal, incluido su hagiógrafo Sánchez Dragó, se empeña en presentárnoslo como hombre de una solo pieza, sin doblez: “Bienpensante, de costumbres moderadas, ordenado padre de familia, esposo ordenado”. Y aún van más allá en la descripción: es un tipo de profundas convicciones católicas que cree en lo que hace, un hombre de acción con la preparación justa pero al que el corazón no le cabe en el pecho.

Un retrato robot simplista, al corte de la propuesta nuclear de Vox: “La vida, la libertad y España son nuestras líneas rojas”. Quizá sea esa la forma de pescar las casi 400.000 papeletas que consiguió en Andalucía, y el 12,01% que le auguran las primeras encuestas en las generales.

“Santi Abascal no tiene ideología propia. La ideología de Santi es la ideología del sentido común, nada más”, afirma Sánchez Dragó, portavoz extraoficial del partido. El mensaje ha calado entre obreros jubilados aunque también entre universitarios cansados de pelear una primera oportunidad que nunca pasa de prácticas o beca. La simplicidad no es tanto cuestión de gustos como de contextos. Y es innegable que cotiza al alza en la política mundial, y si no que se lo pregunten a Trump, Bolsonaro, Orban y compañía.

Me cuentan de Santiago Abascal que es un hombre de campo: muy aficionado a la montaña y amante de los pájaros, que siempre quiso ser guardabosques –y husmeo la estela de aquel guardabosques mayor de Sobre los acantilados de mármol, bajo el que Jünger disfrazaba a Hitler, y de quien decía que “el terror es su elemento”–. Capaz de reconocer el canto del colirrojo tizón o el bisbita común, fáciles de avistar en los peñascales y las campiñas vascas de su juventud (a los que seguro que no llamará por sus nombres en euskera: buztangorri iluna y negu-txirta). En musculación y épica –da fe la viralidad en redes de sus vídeos montando a caballo u hollando bosques y colinas– golea a sus rivales, incluso a los deportistas Sánchez y Rivera. También me revelan que el montañero Abascal es de los que, consciente de sus fuerzas y decidido a hacer cumbre, piensa primero en sí mismo y el éxito, y solo después en el riesgo y los compañeros.

Procedente de una familia de Amurrio de toda la vida, no es ni mucho menos un recién llegado a la política. Nacho Escolar y su equipo han documentado sobradamente los más de 685.000 euros que, entre cargos institucionales y puestos a dedo, ingresó de las arcas públicas. Y es que, entre el 2011 y 2013, cobró un sueldo superior al del presidente del Gobierno. Amadrinado por Esperanza Aguirre, ejecutó un trabajo fantasma al ser nombrado director de la Agencia de Protección de Datos madrileña y la Fundación para el Mecenazgo y el Patrocinio Social, de la que saltaría apenas dos semanas después del cierre por falta de presupuesto.

Su estética sí que no admite dobleces. Los elementos principales son un rostro esculpido en piedra, la barba ligeramente en punta –que puede tener tanto una influencia hipster como el objeto de cubrir unas mejillas picadas de viruela– y su musculación, que, combinada con las cazadoras que tanto le gusta llevar, le confiere cierto aspecto de guardabosques feroz, o lo que es lo mismo: un aura amenazadora.

Fred Perry es una de sus marcas fetiche, y no sólo por los icónicos polos listados en cuello y mangas. También luce entalladas cazadoras con ecos de tribu urbana, que le marcan hombros y cintura, otorgándole campechanía y subtexto: por mucho que la marca fundada por el triple campeón de Wimbledon en 1952 se haya emancipado por fin de los catálogos de uniformes de mods o skins, es difícil aislar la corona de laurel en su pecho de la gloria iluminada.

Es un orador mediocre, y no sólo porque le falten tablas. Su discurso resulta simplista, abrupto, y no pocas veces se refugia en una socorrida falta de opinión sobre asuntos que deberían estar en su agenda. En cambio, no le faltan ideas peregrinas ni palabras altas, como pretender abrir un falso debate sobre el permiso de armas o su enroque en conceder la medalla al mérito civil a quienes repelan agresiones pistola en mano.

He visitado la flamante sede de Vox en la calle Nicasio Gallego de Madrid. Triplica el tamaño de la anterior. En la puerta, fumadores con tripa y cazadora rústica se saludan unos a otros. “¡Pisha!”, se dicen en una cantinela ociosa. En su rostro habita el gesto iluminado de quienes creen que van a salvar al mundo porque son los elegidos. En las saunas gais de Chueca, en cambio, se desea con alto voltaje al atleta Abascal, a quien se mira como un auténtico pimpollo. Siempre lo supimos: los extremos no se tocan, pero se huelen.

[Publicado el 22/4/2019 a las 23:41]

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Biografía

Periodista y filóloga, escribe en prensa desde los 18 años sobre literatura, moda, tendencias sociales, feminismo, política y paradojas contemporáneas. Especializada en la creación de nuevas cabeceras y formatos editoriales, ha impulsado a lo largo de su carrera diversos proyectos editoriales.

En 2016, crea el suplemento mensual Fashion&Arts Magazine (La Vanguardia y Prensa Ibérica), que también dirige. Dos años antes diseñó el lanzamiento de la revista Icon para El País. Entre 1996 y 2012 dirigió la revista Marie Claire, y antes, en 1992, creó y dirigió la revista Woman (Grupo Z), que refrescó y actualizó el género de las revistas femeninas. Durante este tiempo ha colaborado también con medios escritos, radiofónicos y televisivos (de El País o Vogue París a Hoy por Hoy de la cadena Ser y Julia en la onda de Onda Cero a El Club de TV3 o Humanos y Divinos de TVE) y publicado diversos ensayos, entre los que destacan "Hombres, material sensible", "Las metrosesenta" y "Generación paréntesis". Desde 2006 ejerce de columnista de opinión en La Vanguardia.

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