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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 19 de diciembre de 2018

 Blog de Joana Bonet

De ratas y rateros

 
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Ocurrió en Nueva York, en una cena de cumpleaños. Mis amigas Lorena y Olga fueron a cenar a The River Café, una especie de plató que hace felices a los turistas que quieren sacar fotos del puente de Brooklyn y formar parte del fotograma universal. Sobre la mesa con vistas al río, el pan tierno, la ensalada templada, hasta que escucharon un crujido seguido de un temblor de las vigas de madera del techo. Una rata cayó sobre la mesa y su cuerpo inerte, peludo, con su olor feroz, acabó con el brillo de las copas y con toda la belleza que cabía aquella noche sobre el puente. 600 gramos de asco en el cubierto que el camarero, raudo, cubrió con una servilleta blanca. Porque un rata ensucia la mirada. Es un bicho de cloaca lleno de gusanos que transmite bacterias y engorda con la basura. Astutas y organizadas, resultan un clásico de la intimidación que merodea entre la pobreza y la mugre, un roedor con el que no se puede jugar. Pero convivimos con ellas, y de qué manera.

Nueva York vivió bajo la leyenda de que la habitaban más de ocho millones, una por habitante, y su vida secreta construyó diversas leyendas urbanas. Se cree que el número esté hoy cerca de los dos millones. Nadie sabe a ciencia cierta cuántas hay en Madrid, pero Barcelona ya dispone de un censo de ratas de alcantarilla: 200.000. Me viene a la memoria la novela de Bohumil Hrabal Una soledad demasiado ruidosa (Galaxia Gutenberg), cuyo protagonista no se cansa de repetir que lleva 35 años prensando papel viejo en un sótano: “Oigo claramente el alarido de las ratas, el sonido de la carne roída, los aullidos y los gritos de victoria, el chapoteo de los cuerpos que luchan dentro del agua (…), pero yo ya sé que al abrir la tapa o la reja de cualquier alcantarilla y al bajar al fondo, en todas partes he de oír ese mismo fragor bélico”.

Aflora también otro dato paralizador: en la Barcelona de los narcopisos y las reyertas se producen quince hurtos cada hora, según el Ayuntamiento. Los expertos en control de plagas afirman que mientras no se vea a los roedores, estos no son un problema. Y con la criminalidad ocurre lo mismo: los robos con violencia y la venta de droga a plena luz acaba con una de las sensaciones que más certeramente definen la calidad de vida en una ciudad, tal y como se la escuché definir en la Ser al alcalde de Pontevedra: “Es salir de casa y hallar en el espacio público una prolongación de la misma”. La inseguridad crea una atmósfera cargada, mientras que la suciedad es sinónimo de malestar y de una considerable falta de amor propio. En estos tiempos tan obcecados en la limpieza interior, donde todo se requiere detox –de los zumos a las relaciones–, las ratas y los rateros nos recuerdan que, a pesar de sentirnos a salvo entre nuestras paredes blancas aromatizadas con velas de vainilla, estamos rodeados de mierda.

P.D. A mis amigas, aquella noche las emborracharon con Moët Chandon y les pusieron una limusina. Aún hoy huelen la rata.

[Publicado el 12/11/2018 a las 12:19]

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Biografía

Periodista y filóloga, escribe en prensa desde los 18 años sobre literatura, moda, tendencias sociales, feminismo, política y paradojas contemporáneas. Especializada en la creación de nuevas cabeceras y formatos editoriales, ha impulsado a lo largo de su carrera diversos proyectos editoriales.

En 2016, crea el suplemento mensual Fashion&Arts Magazine (La Vanguardia y Prensa Ibérica), que también dirige. Dos años antes diseñó el lanzamiento de la revista Icon para El País. Entre 1996 y 2012 dirigió la revista Marie Claire, y antes, en 1992, creó y dirigió la revista Woman (Grupo Z), que refrescó y actualizó el género de las revistas femeninas. Durante este tiempo ha colaborado también con medios escritos, radiofónicos y televisivos (de El País o Vogue París a Hoy por Hoy de la cadena Ser y Julia en la onda de Onda Cero a El Club de TV3 o Humanos y Divinos de TVE) y publicado diversos ensayos, entre los que destacan "Hombres, material sensible", "Las metrosesenta" y "Generación paréntesis". Desde 2006 ejerce de columnista de opinión en La Vanguardia.

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