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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

viernes, 4 de diciembre de 2020

 Joana Bonet

‘En tu estime el món’

Cuando Carmen Alborch se presentaba como candidata a la alcaldía de València, en el 2007, me contó que su exmarido, el sociólogo Damià Mollà, le había escrito una carta abierta en el diario Levante que la hizo llorar. Mollà recordaba que, a pesar del sambenito de su imagen frívola –etiqueta facilona para quien logró descorrer las cortinas de hierro del Ministerio de Cultura–, aquella mujer apasionada siempre ­había sido una estudiosa y trabajadora incansable. “Él me obligaba a cerrar los libros recordando aquella canción de Raimon: ‘Tancaré els llibres per abraçar-te’”, me contó. En aquellas pocas líneas asomaba el retrato de quien fue una feminista de primera hora, de las primeras políticas que utilizaron la palabra empoderamiento, buena gestora cultural, amiga de artistas y escritora que alcanzó un éxito de ventas colosal con el libro Solas, donde desplumaba los prejuicios de la soltería como opción de vida.

Cuando llegaba a algún acto público parecía encenderse un fusible apagado. Arrolladora, su seducción, lejos de abrir brechas, llevaba incorporado el pegamento para juntar los extremos. Eso sí, cuando se apartaba su melena bermellona, el rubor masculino caía a sus pies. De joven, las monjas le repetían que tenía buen corazón pero poca disciplina. Le gustaban las medias negras, y ya a los catorce años se las ponía en el portal de al lado de casa. Hacía compañía a los niños internados en hospitales psiquiátricos, de forma que el abandono emocional resultó una de las primeras revelaciones que no sólo la conmovió, sino que definió su sensibilidad ante el sufrimiento. Fue decana de la facultad de Derecho de la Universitat de València, senadora y diputada, la primera ministra que habló de impulsar el mecenazgo como fórmula de activación de la cultura. Y nunca neutralizó su feminidad, al contrario: en sus primeros años en el hemiciclo arrancaba silbidos de entre los escaños. “Sus señorías no estaban preparados para un Thierry Mugler”, recordaba su colaboradora Toni Picazo.

Luchó al lado de las mujeres, con la igualdad como brújula, desde los tiempos en que el adulterio estaba todavía penado. “Una de las formas más ingratas de la crítica que recibimos se muestra cuando esta surge de las propias mujeres”. Así introducía en Malas el mito de la rivalidad que ella sustituía por complicidad. Apostó por un feminismo “responsable, alegre y libre”, plural y colorido. Como Matisse, se afanó en buscar la forma más enérgica posible de color. Su pérdida acentúa la nostalgia por una política luminosa que levantó museos, ventiló la cultura y asumió como reto la igualdad. Sus ­últimas palabras públicas, cuando le concedieron la Alta Distinción de la Generalitat Valenciana, fueron: “El feminismo debería ser declarado patrimonio de la humanidad. Ahí lo dejo”. Siempre se valió por sí misma, hasta el último día. Carmen Alborch fue mucho más que la sonrisa de la política.

[Publicado el 29/10/2018 a las 10:45]

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Biografía

Periodista y filóloga, escribe en prensa desde los 18 años sobre literatura, moda, tendencias sociales, feminismo, política y paradojas contemporáneas. Especializada en la creación de nuevas cabeceras y formatos editoriales, ha impulsado a lo largo de su carrera diversos proyectos editoriales.

En 2016, crea el suplemento mensual Fashion&Arts Magazine (La Vanguardia y Prensa Ibérica), que también dirige. Dos años antes diseñó el lanzamiento de la revista Icon para El País. Entre 1996 y 2012 dirigió la revista Marie Claire, y antes, en 1992, creó y dirigió la revista Woman (Grupo Z), que refrescó y actualizó el género de las revistas femeninas. Durante este tiempo ha colaborado también con medios escritos, radiofónicos y televisivos (de El País o Vogue París a Hoy por Hoy de la cadena Ser y Julia en la onda de Onda Cero a El Club de TV3 o Humanos y Divinos de TVE) y publicado diversos ensayos, entre los que destacan "Hombres, material sensible", "Las metrosesenta", "Generación paréntesis" y "Fabulosas y rebeldes". Desde 2006 ejerce de columnista de opinión en La Vanguardia.

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