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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

martes, 14 de julio de 2020

 Joana Bonet

Larga vida al tiempo muerto

Esperar es una aflicción universal que nos iguala. Todos somos el mismo cuerpo cuando echamos tardes enteras en una sala de urgencias para que nos digan que no moriremos en esta ocasión; y todos nos convertimos en sospechosos cuando hacemos las eternas colas del control de pasaportes. También somos el mismo turista angustiado y vencido que busca taxi en Eivissa cualquier día de agosto, o el que pierde la paciencia cuando su vuelo se retrasa sine die en cualquier aeropuerto del mundo. Rocosas, pero también vivificadoras, son las esperas del amor y sus incertidumbres. “Al ver que no sonaba el teléfono, supe de inmediato que eras tú”, dejó escrito Dorothy Parker con su afilado humor.

Esperar nos contraría, nos aburre y nos exaspera, en especial cuando se espera a que no pase nada. Quien aguarda algo o a alguien en demasía se vuelve indefenso o se irrita porque ha perdido el control del tiempo, extraviando las llaves de su propio presente, e incluso, iracundo, mastica la venganza: “¡Algún día me esperarás tú!”. Los hay que celebran su gregarismo, cómodos entre la multitud, sin pena por perder una hora en subir a una atracción que dura dos minutos, o un día entero para comprar las entradas que le franquearán el paso al cielo de sus ídolos. Están los que se comen las uñas, los impacientes que miran el reloj una y otra vez, los que se deshacen por dentro y desesperan a pesar de ocupar su mente con excusas. Existe una prolija colección de tiempos de espera: el colonizado por la enfermedad, el de la gestación, el de la pubertad, transiciones de altísimo valor; pero luego está el tiempo barato, como las horas perdidas con la burocracia o las humilladas por el poder arrogante, además de los minutos malgastados por esas operadoras que te eternizan. “Horas muertas”, “tiempo muerto”, decimos, pero a la vez se trata de un espacio vital en el que todo es posible. En su ensayo El tiempo regalado (Libros del Asteroide), la corresponsal cultural en Estados Unidos y escritora Andrea Köhler subraya lo gratificante de la lentitud y le da la vuelta al escaso prestigio de los intermedios: “Ese lapso en el que las cosas son aún inciertas”. Hay amantes de la espera, como Peter Handke, que a la luz del cansancio entiende más profundamente el mundo, y quienes, igual que Goethe, vincularon el anhelo con el dolor.

Tengo un amigo que vive entre Norteamérica y España; dice que no se acaba de adaptar allí, aunque reconoce que en verdad tampoco estaba bien aquí. En cambio, alcanza su mayor bienestar durante los viajes entre ambas orillas, ese tiempo que se conjuga en subjuntivo y permite abrazar la plácida sensación de la vida en movimiento cuando vas hacia algo mejor, o eso crees.

[Publicado el 07/2/2018 a las 13:03]

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Comentarios (1)

  • "no se acaba de adaptar allí... tampoco estaba bien aquí"
    hay una clasificación (carlos fuentes) de los humanos en imperfectos, menos imperfectos, y perfectos
    los imperfectos solamente están a gusto en su lugar de origen
    los menos imperfectos, a gusto en cualquier lugar
    los perfectos, a disgusto en todas partes
    yo me consideraba gozosamente menos imperfecto, ciudadano del universomundo, vietnamita en viet nam, monegasco en cuba, una bruja lapona me espera en otra vida convertida en rena tras hacerme la ceremonia para convertirme en reno en mi próxima existencia, kosasasí
    pero
    ay
    en mi 3a. vida parece q estoy rozando la perfección
    no es q me sienta a disgusto, no, pero yo sí estaba bien mi 2a.vida, y no sé si ahora estoy mejor, o peor, o ni lo uno ni lo otro sino todolocntrario
    en definitiva no sé si hice bien o mal en venirme
    en síntesis parece q estoy de paso aquí
    aquí en el planeta
    aquí en la vida
    un confuso saludo

    Comentado por: superj a 10.710 km el 07/2/2018 a las 13:59

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Biografía

Periodista y filóloga, escribe en prensa desde los 18 años sobre literatura, moda, tendencias sociales, feminismo, política y paradojas contemporáneas. Especializada en la creación de nuevas cabeceras y formatos editoriales, ha impulsado a lo largo de su carrera diversos proyectos editoriales.

En 2016, crea el suplemento mensual Fashion&Arts Magazine (La Vanguardia y Prensa Ibérica), que también dirige. Dos años antes diseñó el lanzamiento de la revista Icon para El País. Entre 1996 y 2012 dirigió la revista Marie Claire, y antes, en 1992, creó y dirigió la revista Woman (Grupo Z), que refrescó y actualizó el género de las revistas femeninas. Durante este tiempo ha colaborado también con medios escritos, radiofónicos y televisivos (de El País o Vogue París a Hoy por Hoy de la cadena Ser y Julia en la onda de Onda Cero a El Club de TV3 o Humanos y Divinos de TVE) y publicado diversos ensayos, entre los que destacan "Hombres, material sensible", "Las metrosesenta", "Generación paréntesis" y "Fabulosas y rebeldes". Desde 2006 ejerce de columnista de opinión en La Vanguardia.

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