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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 31 de octubre de 2020

 Joana Bonet

Filantropía, a quirófano

Me llama el doctor Antonio Lacy alarmado por las demoledoras críticas a Amancio Ortega tras anunciar que, a través de su fundación, dona 320 millones de euros a la sanidad pública. El cirujano quiere organizar un debate abierto, discutir a fondo la debilidad de la ley de Mecenazgo con el propio Amancio, y desentrañar el significado de que algunos millonarios –unos cuantos no sueltan ni un céntimo– sean espléndidos y ayuden a mejorar el siempre insuficiente rendimiento de la educación o la salud. Lacy entró en el Clínic en el año 1973, y desde entonces ha asistido a una transformación descomunal del quirófano: hoy operan en 3D y con robots. “Somos un hospital de referencia a nivel mundial por nuestra innovación tecnológica, que ha sido posible gracias a donantes y a que la industria ha apostado por nosotros. Catalunya tiene la mejor sanidad del país, y en parte se debe a las aportaciones privadas; recordemos a Pere Mir y los 150 millones de euros que ofreció al sistema sanitario catalán”. Lacy afirma que el futuro de la medicina es la robótica, y que vale un potosí.

Cuando Esther Koplowitz dedicó 15 millones de euros para levantar su centro de investigación biomédica, fue investigada al momento, como si el fisco no se creyera que donaba ese dinero sin ninguna otra finalidad que su compromiso filantrópico. En más de una ocasión le oí decir que es lo mínimo que podía hacer: devolver una parte de lo que la vida te ha dado. Filantrocapitalismo denominan los críticos a la combinación del amor al género humano con el afán neoliberal de maximización de beneficios económicos, por lo que el bien social y la reducción de la desigualdad quedan desdibujados como objetivos. En EE.UU. o Gran Bretaña, a diferencia de nuestro país, los apellidos de la sociedad más pudiente figuran en las paredes de sus hospitales o bibliotecas sin pizca de desconfianza. Se recela de que las donaciones fortalezcan un orden social y un sistema económico en los que pobres y ricos se necesitan mutuamente, pero unos deciden y los otros se someten; el sempiterno debate: pobreza versus desigualdad y caridad versus derechos sociales. Es patente que Amancio Ortega, salvo en el establecimiento de un modelo de negocio que ha cambiado profundamente la industria de la moda, no es un revolucionario, e incluso es probable que su estrategia benéfica tenga puntos que puedan mejorarse. Pero una vez más, constato esta especie de alergia al rico, un gesto coral muy español, hipócrita y arrugado. En lugar de generosidad, muchos leen oportunismo, aunque si lo precisaran quizá serían los primeros en correr a beneficiarse de los mamógrafos y equipos de radioterapia de última generación que se instalarán en hospitales públicos de las diferentes comunidades autónomas españolas gracias a los millones de Ortega. En todo caso, y comparando la inversión de su fundación con los 37.000 millones que ha donado Bill Gates, podría entender que lo criticaran por tacaño.

[Publicado el 26/6/2017 a las 15:05]

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Biografía

Periodista y filóloga, escribe en prensa desde los 18 años sobre literatura, moda, tendencias sociales, feminismo, política y paradojas contemporáneas. Especializada en la creación de nuevas cabeceras y formatos editoriales, ha impulsado a lo largo de su carrera diversos proyectos editoriales.

En 2016, crea el suplemento mensual Fashion&Arts Magazine (La Vanguardia y Prensa Ibérica), que también dirige. Dos años antes diseñó el lanzamiento de la revista Icon para El País. Entre 1996 y 2012 dirigió la revista Marie Claire, y antes, en 1992, creó y dirigió la revista Woman (Grupo Z), que refrescó y actualizó el género de las revistas femeninas. Durante este tiempo ha colaborado también con medios escritos, radiofónicos y televisivos (de El País o Vogue París a Hoy por Hoy de la cadena Ser y Julia en la onda de Onda Cero a El Club de TV3 o Humanos y Divinos de TVE) y publicado diversos ensayos, entre los que destacan "Hombres, material sensible", "Las metrosesenta", "Generación paréntesis" y "Fabulosas y rebeldes". Desde 2006 ejerce de columnista de opinión en La Vanguardia.

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