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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

viernes, 23 de octubre de 2020

 Joana Bonet

La miseria de los superalimentos

Hace unos años, los bolivianos más pudientes se resistían a comer las semillas de quinoa por tratarse de un alimento propio de indios, como si les hiciera de menos, como si la pobreza se adhiriera al paladar. La despreciaban por crecer igual que las malas hierbas, en la tierra reseca o helada, al tiempo que los campesinos andinos la comían de la mañana a la noche: desde el pesque del desayuno, a la sopa de la noche, el refrescante pito de quinoa o la kispiña, el pan de los campesinos cocido al vapor. La quinoa era su maná. Tanto ha cambiado el mundo en una década que hoy es difícil que la consuma un habitante de Oruro, la mayor productora del planeta –factura la mitad del 46% mundial que cultiva Bolivia–. Su consumo interior apenas sobrepasa el kilo al año por habitante. Y no sólo porque el 90% se exporta, sino por el prohibitivo precio que ha alcanzado. Cada vez que en un restaurante pijo de Nueva York o en un establecimiento barcelonés boho-chic uno pide una ensalada de quinoa, dejan de comerla diez, o veinte, o treinta familias andinas.

La carrera imparable de este pseudocereal data de la primera visita oficial de los reyes de España a Bolivia en 1987, cuando la incluyeron en el menú oficial. Gestos empáticos pero a la vez impostados, que originan un efecto bumerán. Se puso de moda. Su frescura, sus granos volátiles, sus bajas calorías. No teníamos suficiente con los alimentos a secas, por lo que nuestra sociedad hiperbólica inauguró la moda de los “superalimentos”, tan pancha en su multiculturalidad gourmet, olvidando que aquello era un primer paso para trastocar su sostenibilidad.

Según The Oxford English Dictionary, que ya ha introducido el término superalimento, este es aquel “rico en nutrientes y considerado especialmente beneficioso para la salud y el bienestar”. Proceden del Himalaya, de lo más profundo de la cuenca del Amazonas o los bancos del Ganges, y la prosa milagrera asegura que previenen el cáncer, controlan el colesterol, aumentan la energía (y la libido), combaten las arrugas y hasta te ayudan a encontrar novio. Se llaman bayas de Goji, hierba de maca, kale, camu-camu, moringa o el açaí, fruto de una palmera silvestre brasileña que incluso las grandes multinacionales de refrescos incluyen en sus latas. Leo en el The New York Times que el incremento de su precio podría llegar a desestabilizar la economía de Brasil, además de provocar un gran impacto medioambiental. Esa es la otra cara de los superalimentos, que como una nueva ola nos llenan de energía y de curiosidad, pero en su reverso promueven la desigualdad que las oleadas de oferta y demanda provocan. “Dios encomienda a la indigestión la tarea de hacer moral en los estómagos”, escribió Victor Hugo: entonces aún no se hablaba de las semillas de lino, el alga espirulina, el açaí o la humilde quinoa, que crecía en un rincón olvidado del planeta, contra toda adversidad.

[Publicado el 12/6/2017 a las 11:55]

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Biografía

Periodista y filóloga, escribe en prensa desde los 18 años sobre literatura, moda, tendencias sociales, feminismo, política y paradojas contemporáneas. Especializada en la creación de nuevas cabeceras y formatos editoriales, ha impulsado a lo largo de su carrera diversos proyectos editoriales.

En 2016, crea el suplemento mensual Fashion&Arts Magazine (La Vanguardia y Prensa Ibérica), que también dirige. Dos años antes diseñó el lanzamiento de la revista Icon para El País. Entre 1996 y 2012 dirigió la revista Marie Claire, y antes, en 1992, creó y dirigió la revista Woman (Grupo Z), que refrescó y actualizó el género de las revistas femeninas. Durante este tiempo ha colaborado también con medios escritos, radiofónicos y televisivos (de El País o Vogue París a Hoy por Hoy de la cadena Ser y Julia en la onda de Onda Cero a El Club de TV3 o Humanos y Divinos de TVE) y publicado diversos ensayos, entre los que destacan "Hombres, material sensible", "Las metrosesenta", "Generación paréntesis" y "Fabulosas y rebeldes". Desde 2006 ejerce de columnista de opinión en La Vanguardia.

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