PRISA utiliza cookies propias y de terceros para mejorar tu experiencia de navegación y realizar tareas de analítica. Al continuar con tu navegación entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

Cerrar

El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 19 de septiembre de 2020

 Joana Bonet

Corte y moda

"¡Aquí está toda la corte!”, me dice uno de los grandes personajes de la vida social madrileña, Beatriz de Orleans. “¿Qué corte?” , le pregunto. “La corte del ¡Hola!”, afirma con su chisporroteante joie de vivre Beatriz Pasquier de Franclieu, hija de condes, criada en el château de Longpra, licenciada en Ciencias Políticas por la Sorbona y periodista de Women’s Wear Daily antes de casarse con el príncipe de Orleans. También fue una de las primeras mujeres consejeras delegadas en España, durante veinticinco años –en Dior–, y sobre todo una de las pioneras en reconocer que había acabado echando a su marido –tras 27 años de matrimonio y 4 hijos–, ya que llevaba mal que ella trabajara fuera de casa, por mucho que fuese imprescindible para mantener a la familia. “O aristócratas o artistas, a pesar de su ruina; los burgueses son un aburrimiento”, me ilustraba hace años. Ahora el príncipe se casa de nuevo y la prensa del hígado vuelve con habladurías sobre el título de esta mujer arrolladora que capitanea la Asociación Española del Lujo y siempre se ha bastado a sí misma.

Ocurrió en la residencia del embajador de Estados Unidos en Madrid, una mezcla de mansión estilo imperio y galería de arte contemporáneo, que esta semana convocó un cerrado homenaje a Carolina Herrera con motivo de sus treinta y cinco años de carrera, editados con mimo en un libro firmado por Fabien Baron. La familia Puig, propietaria de la marca, se mezclaba en el ¡Hola! en vivo. Damas de alcurnia, como las Fierro, Zurita o Ybarra o los Terry con sonrisa de sherry; mediáticas, como Marisa de Borbón, Cari Lapique o Blanca Suelves y apellidos tan regios como rancios no quisieron perdérselo. Incluso paseaba entre las obras de Roy Lichtenstein o Theaster Gates la duquesa de Franco, en su lejanía, de la mano de su hija Carmen Martínez-Bordiú. Las señoras departían animosamente en los aterciopelados tresillos de Mr. Costos y Mr. Smith, el embajador y su marido, mientras los jóvenes cachorros y los artistas fumaban en el jardín. La España eterna alternaba de maravilla con la modernez: Topazio Fresh, Amaya Arzuaga, los decoradores más finos, Pascua Ortega y Belén Domecq, Amaya Salamanca, Karlie Kloss, o las editoras de moda, mucho menos influyentes que las yanquis. Aquí a ninguna se le ocurre aupar a un candidato como Anna Wintour, una de las filántropas demócratas por excelencia, que acaba de coronar el glamur de los Obama con una portada de Vogue dedicada a Michelle vestida por Herrera.

Wintour y muchos diseñadores –de Jacobs a von Furstenberg– cerraron filas entorno a Hillary Clinton y recaudaron fondos. La moda americana, como la prensa, le volvió la cara a Trump. Hasta el punto de que la firma Ralph Lauren tuvo que hacer declaraciones al hecho de que tanto Hillary como Melania vistieran prendas del diseñador más all american, la primera por encargo; la segunda, sin avisar, compró el modelo en blanco en la tienda.

Cuando estoy al lado de Carolina Herrera siempre siento que me sobra o me falta algo. Pertenece a esas mujeres que proyectan equilibrios a su alrededor, así como una actitud firme y audaz. Le pregunto por la reacción de los diseñadores norteamericanos “¿Qué diseñadores? ¿Qué reacción?”, replica. Ella, que empezó vistiendo a Jackie Kennedy y le ha hecho trajes a Michelle Obama para su cita con el papa Francisco o el viaje oficial a Cuba, es contundente: “Si la primera dama de los EE.UU. te pide que la ­vistas, tienes que hacerlo, te guste o no te guste”. Acaso logre desenvolver a Melania Trump de su ­celofán.

Esta misma semana otro embajador en la capital, el de Colombia, Alberto Furmanski Goldstein, organizaba una cena en homenaje a Edgardo Ossorio, el zapatero preferido de Jennifer Lawrence u Olivia Palermo. El fundador y director creativo de Aquazzura, que aprendió el oficio trabajando para Ferragamo y Cavalli, dejó en evidencia hace unos meses a la hija del nuevo presidente electo denunciando que le había copiado unos zapatos diseñados por él: “¡Es una vergüenza @IvankaTrump! La imitación no es la forma más sincera de la adulación”. Hay mundos-nicho que nunca podrán tragar que los Trump, al estilo de los Kardashian, exhiban su noción del gusto, en las antípodas de la exquisitez, de la clase, de la gracia, de todo eso que no se puede comprar.

[Publicado el 19/11/2016 a las 14:52]

Compartir:

Comentarios (0)

No hay comentarios

Deja un comentario




Tu correo electrónico:


Escribe los caracteres de la imagen (para evitar SPAM):

Comentario:


Foto autor

Biografía

Periodista y filóloga, escribe en prensa desde los 18 años sobre literatura, moda, tendencias sociales, feminismo, política y paradojas contemporáneas. Especializada en la creación de nuevas cabeceras y formatos editoriales, ha impulsado a lo largo de su carrera diversos proyectos editoriales.

En 2016, crea el suplemento mensual Fashion&Arts Magazine (La Vanguardia y Prensa Ibérica), que también dirige. Dos años antes diseñó el lanzamiento de la revista Icon para El País. Entre 1996 y 2012 dirigió la revista Marie Claire, y antes, en 1992, creó y dirigió la revista Woman (Grupo Z), que refrescó y actualizó el género de las revistas femeninas. Durante este tiempo ha colaborado también con medios escritos, radiofónicos y televisivos (de El País o Vogue París a Hoy por Hoy de la cadena Ser y Julia en la onda de Onda Cero a El Club de TV3 o Humanos y Divinos de TVE) y publicado diversos ensayos, entre los que destacan "Hombres, material sensible", "Las metrosesenta", "Generación paréntesis" y "Fabulosas y rebeldes". Desde 2006 ejerce de columnista de opinión en La Vanguardia.

Obras asociadas

Página diseñada por El Boomeran(g) | © 2020 | Fundación Formentor | Barceló Torre de Madrid. Plaza de España, 18 28008 Madrid (España) | | Aviso Legal | RSS

Página desarrollada por Tres Tristes Tigres