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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 25 de noviembre de 2020

 Joana Bonet

Que se besen

No fue la cobra en sí, ni siquiera el debate posterior sobre sí la hubo o no, lo que enganchó a casi cinco millones de telespectadores, sino la perspectiva de un amor que parecía regresar sobre las tablas del escenario aunque fuera por exigencias del guión. Ahí estaba esa pareja de triunfitos –pioneros en disfrutar del ascensor mediático en que se han convertido los talent shows televisivos–, de tiros largos, coronando una falsa nostalgia alimentada con falsos cantantes que un buen día destronaron a artistas enormes, algo parecido a lo que ocurre hoy con los chefs y los cocineros amateurs.

Quince años después, más instruidos y ricos, también menos torpes y espontáneos, los triunfitos soberanos representaban el papel de sus vidas, interpretando una canción que invocaba besos y pasión. La plaza asistió a su reencuentro como si fueran de la familia, jaleándoles cuando se rozaban el hombro o mientras él la abrazaba por la espalda y ella escondía su cabeza bajo su cuello. Fue un desbordar de la imaginación lo que hizo saltar las fantasías románticas de un público insatisfecho. El mismo que imaginaba cuántas veces la habría hecho llorar él, o cómo ella lo desterró de su WhatsApp para cicatrizar las marcas del desamor.

Los millones de telespectadores, aún sabiendo que la novia del muchacho estaba sentada en aquel auditorio repasándose la manicura con tal de no ver bailar al enamorado con su ex, ansiaban que la comedia reemplazara a la realidad, que prendiera un beso capaz de resintonizar el amor bravo, no el inmaduro, ese que da media vuelta cuando asoman las primeras rutinas y decide salir en busca de un sofá confortable. Porque no fue el presunto desplante de David Bisbal a Chenoa lo que levantó de la silla a España en mayúsculas, ni lo que fue tuiteado y memeizado hasta el hartazgo, debatido tanto en los medios rosas como en los diarios nacionales, en la arena política digital y la física de los columpios de los parques, sino el puro morbo del otro espectáculo: el de los escombros de un amor demolido, del cual acaso podía regresar un soplo de tibieza. Fue el ilusorio remake de una pareja fallida, como tantas, que actuaba profesionalmente, cogiéndose por la cintura y olvidando que en la vida real a su derroche de caricias le siguió la helada distancia. Entonces, el uno para el otro eran un manjar desconocido. Hoy son perros viejos del playback, comediantes que deben de tragarse el pudor y salir a cantar acaramelados para que continúe el espectáculo.

Guy Debord escribió que “el espectáculo no es un conjunto de imágenes, sino una relación social entre personas mediatizada por imágenes”. De forma que en lugar de la cobra apareció una serpiente romántica, esa misma frente a la que se han querido evaporar tantas parejas ante el mandato tan eufórico como humillante del “que se besen”.

[Publicado el 07/11/2016 a las 11:15]

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Biografía

Periodista y filóloga, escribe en prensa desde los 18 años sobre literatura, moda, tendencias sociales, feminismo, política y paradojas contemporáneas. Especializada en la creación de nuevas cabeceras y formatos editoriales, ha impulsado a lo largo de su carrera diversos proyectos editoriales.

En 2016, crea el suplemento mensual Fashion&Arts Magazine (La Vanguardia y Prensa Ibérica), que también dirige. Dos años antes diseñó el lanzamiento de la revista Icon para El País. Entre 1996 y 2012 dirigió la revista Marie Claire, y antes, en 1992, creó y dirigió la revista Woman (Grupo Z), que refrescó y actualizó el género de las revistas femeninas. Durante este tiempo ha colaborado también con medios escritos, radiofónicos y televisivos (de El País o Vogue París a Hoy por Hoy de la cadena Ser y Julia en la onda de Onda Cero a El Club de TV3 o Humanos y Divinos de TVE) y publicado diversos ensayos, entre los que destacan "Hombres, material sensible", "Las metrosesenta", "Generación paréntesis" y "Fabulosas y rebeldes". Desde 2006 ejerce de columnista de opinión en La Vanguardia.

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