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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

lunes, 21 de octubre de 2019

 Blog de Joana Bonet

Las tetas asombradas

De fuente de vida o llave de la inmortalidad a atributo sexual y tabú, la evolución del significado del pecho femenino en nuestra sociedad certifica, a tenor del topless robado de la duquesa de Cambridge, que aún no hemos resuelto nuestro conflicto con las tetas. Claro que viene de antiguo, según el mito griego, a causa de los pechos de Helena ardió Troya; y la República Francesa fue representada por una mujer cuyo seno alimentaba al pueblo. La paradoja es magnífica: desde el pecho sagrado de la antigüedad, al psicologizado pecho freudiano o al político en los años sesenta, no hemos dejado de exaltar esa parte del cuerpo como foco caliente de la feminidad occidental. Las prótesis son el sueño de millones de jovencitas rasas y los anuncios de sujetadores que levantan y separan resultan ya tan domésticos como los de Avecrem, pero cuando un paparazzi fotografía el topless de la futura reina de Inglaterra, el mundo arquea las cejas con impávido asombro y reactiva el debate entre el derecho a la intimidad y el derecho a la información; eso sí, sin dejar de observar las proporcionadas glándulas mamarias de Catalina. Ahí está, implícitamente silenciado, el pecho erótico y los aperreados afanes sociales para ejercer control y poder sobre él. El mohín cohibido de la hipocresía cuando a una actriz se le asoma el pezón. O el malestar estético que para algunos aún supone la visión de una mujer amamantando a su hijo en un lugar público, mientras en playas, fiestas y beach clubs son bienvenidos con y sin camisetas mojadas. “¿A quién pertenecen realmente esos pechos? ¿Son para los hombres o para los bebés? ¿Son de Kate o pertenecen a internet?”, se preguntaba The Guardian, comparando el grado de vergüenza social ante el pálido trasero del príncipe Enrique -ventilado con cuatro risotadas- con el producido por la exhibición de la duquesa. El revuelo, según la prensa británica, desempolva el trágico fantasma de lady Di. La casa real británica ha declarado que se ha cruzado una “línea roja”. Pero en esa turbación pública también está presente el halo sacro que pervive en el imaginario colectivo y que aún resuelve mal su disociación: que el pecho represente a la vez la ternura maternal y el erotismo. “Hoy, lo que ha llevado a la mujer a una plena posesión de sus pechos ha sido el cáncer de mama. Ha aprendido, con la conmoción que supone una enfermedad que amenaza a la vida, que sus pechos son realmente suyos”, sostiene la profesora Marilyn Yalom en su exhaustiva Historia del pecho (Tusquets). Sin duda, una conclusión implacable: ante el sentimiento de pérdida aumenta el de propiedad. Mientras la mayoría de mujeres anónimas oscilan entre la disconformidad y el orgullo de sus atributos, “mis pechos son míos”, los de Kate Middleton, en la sociedad más voyeur de la historia, ya son de Google. (La Vanguardia)

[Publicado el 24/9/2012 a las 09:02]

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Biografía

Periodista y filóloga, escribe en prensa desde los 18 años sobre literatura, moda, tendencias sociales, feminismo, política y paradojas contemporáneas. Especializada en la creación de nuevas cabeceras y formatos editoriales, ha impulsado a lo largo de su carrera diversos proyectos editoriales.

En 2016, crea el suplemento mensual Fashion&Arts Magazine (La Vanguardia y Prensa Ibérica), que también dirige. Dos años antes diseñó el lanzamiento de la revista Icon para El País. Entre 1996 y 2012 dirigió la revista Marie Claire, y antes, en 1992, creó y dirigió la revista Woman (Grupo Z), que refrescó y actualizó el género de las revistas femeninas. Durante este tiempo ha colaborado también con medios escritos, radiofónicos y televisivos (de El País o Vogue París a Hoy por Hoy de la cadena Ser y Julia en la onda de Onda Cero a El Club de TV3 o Humanos y Divinos de TVE) y publicado diversos ensayos, entre los que destacan "Hombres, material sensible", "Las metrosesenta" y "Generación paréntesis". Desde 2006 ejerce de columnista de opinión en La Vanguardia.

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