El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
viernes, 16 de mayo de 2008
El lado oscuro (2)

Ilustración de Fernando Vicente.
Dicho de otro modo, nos caen bien los escritores alcohólicos: Edgar Allan Poe, Joseph Roth, Malcolm Lowry, Carson McCullers, John Cheever... y un largo etcétera que ocuparía varias páginas. La delincuencia, cárcel y cualquier modalidad de caída libre de Jean Genet. Los jueguecillos eróticos del Marqués de Sade, por no hablar de ese minucioso incesto de Anaïs Nin con su padre que hay que leer de reojo (¿quién ha dicho que las escritoras son cursis?). La locura de Virginia Woolf o la desesperación suicida de Sylvia Plath sumándose a la nutrida lista de los Larra, Gabriel Ferrater, Horacio Quiroga, Cesare Pavese y unos cuantos escritores japoneses. Los "monos" literarios de William Burroughs o Irvine Welsh pasando por Aldous Huxley. A diferencia del atletismo o ciclismo, el dopaje del escritor es visto con simpatía ¿por qué...? no se sabe por qué. También confiamos en aquellos que proceden de familias desestructuradas, pobres o enloquecidas como el genial John Fante o Frank McCourt, a quienes sus parientes les han dado un maravilloso juego.
Y ha rendido lo suyo no tener un euro y haber tenido que alternar la biblioteca municipal con oficios de poca monta para ir arrancándole a la existencia toda su mala baba y su sabor, lo que nos parece un buen reflejo de democratización de la cultura.
[Publicado el 03/1/2008 a las 09:30]
Se puede ser un pillo o se puede ser buenito, da igual. Lo importante es ser auténtico y honesto consigo mismo. Y en Literatura, al final, lo que interesa es la obra.
No estoy muy de acuerdo en caer en fariseísmos.
Saludos
Juan carlos Esquivel
Comentado por: juan carlos esquivel el 08/1/2008 a las 05:26
Clara, me parece que estamos asistiendo a la desaparición del escritor canalla y bohemio que escribe de realismos sociales o depresiones. Hasta hace unas décadas, la imagen del escritor, como la del periodista, incluía una telefonía invisible e infalible con las musas, pero también una cierta libertad de circulación: un matrimonio con la noche despendolada y con el alcohol. Uno quería ser escritor para, entre otras cosas, vivir como un escritor, con vuelo libre sobre la mala vida. Pero los odios literarios creo que han instaurado un régimen de premios próximo al canibalismo; y hay que estar en condiciones de merendarse al contrario y a todo el que se ponga a tiro. Un escritor malcarado, cutre y borracho queda fatal en la solapa del libro, y no suscita simpatizantes y compradores más que en una minoría de lectores técnicamente ya golfos absolutos. Así que el escritor no debe fumar, beber, ni hablar de que hace mucho de lo otro. Debe ir al gimnasio cada día y beber agua mineral en público, y su única salida nocturna debe ser al ambulatorio de guardia. El prestigio del escritor, por desgracia, radica ahora no en lo deslumbrante de sus metáforas o en la cadencia de sus endecasílabos, sino en que sea capaz de mirar a la cámara como Brad Pitt o Angélica Jolie, pero también que, llegado el caso, es capaz de repartir un par de guantazos a las primeras de cambio con la máxima elegancia y la mejor sonrisa.
Comentado por: Rafael J.J. el 04/1/2008 a las 07:19
La cuerda más delgada en los excesos pende de la testa de los poetas y de su universo volátil de amapolas. Baudelaire, sin ir más lejos, vivió en medio de sus Paraísos artificiales, pero no dejó de ser un autor que marcó la poesía para siempre.Trakl,Michauux, Rimbaud, Verlaine,Artaud, todos los poetas malditos (no confundir con los malitos) Darío, Teillier, vivieron con sus fantasmas y cumplieron con rigor en su poesía. La lista supera unas hileras de botellas, pero lo que imopirta es su obra, no es cierto Dylan Thomas, en tu Caballo Blanco galopando en Nueva York entre el whisky como un cosaco feroz.
Comentado por: rolando gabrielli el 03/1/2008 a las 20:23
Todas las Sylvias, Silvia
Sylvia Plath tiene la particularidad de producirnos un innegable escalofrío y ternura infinita, la adhesión perfecta que nos impone su amor turbulento, calcinante, a la vida. Nos dice, abrázame que yo soy el ojo de un tornado, moviéndome sin ninguna fuerza. Se vapora en la cresta de la ola y vuelve en círculos a sus horas iniciales, la espuma que se torna intraducible porque se repite en su ejercicio natural.
Me apasionan sus apetitosas debilidades, la carne crucificada, disimuladas ganas de vivir, experimentarlo todo, la valentía que prima en su vida, más allá de toda interpretación viciada en sus ausencias, donde el vacío escarba donde no quiso ocupar.
Bostoniana precoz, iluminada, armada en la desintegración de la vida, en el mismo caos, no dejó de abandonarse en la alucinación hasta el final de sus días, y terminó siendo siempre su propio objetivo, el mito alado, subterráneo, hipnótico en círculo que nace y muere en ella. Su caos nos abandona a todos, poeta de la intemperie, y estoy viendo su rostro, la Sylvia que yo imagino, de ojos grandes, prisionera del silencio, uno siente el animal herido lleno de amor apunto de estallar.
Sylvia vivía asida a sus propios clavos, al rojo vivo, cíclica, reverenciada por la muerte, visitada por el vivo fantasma de su padre, en la bipolaridad de la creatividad y la inactividad, consumida en los extremos, flameaba en una jaula que se le auto construía invisible, borealmente.
Le cuelga al cuello su biografía, la pesada habitación de su cuerpo fatal, un carromato más pesado que su voluntad sin embargo la arrastra una y otra vez hacia algún horizonte. Deja temprano Estados Unidos, rumbo a Inglaterra, donde abriría a los 31 años el mito de su lápida. Sus poemas son más que su biografía, sus textos, cartas, Sylvia Plath moldea su destino con una mano y la otra lo desbarata. Es viento de su propia tempestad y aún así logra ser feliz, con la intensidad que nos transmite en sus poemas, en la palabra que nos dejó. Escribiré hasta que empiece a escribir sobre mi yo verdadero, se confesó en su Diario. Querido mío, toda la noche/ estuve fluctuando, encendiéndome, apagándome/.Las sábanas llegan a pesar como el beso del libertino./Tres días. Tres noches./Agua con limón, agua de pollo, el agua me da arcadas.
Dice en su primer poemario El Coloso, ya suspendida, habitaba un mundo en ruinas el que se desprendía y retomaba el curso, timón de sus tiempos y horas. Ella creía que Se necesita más que un rayo/ Para crear tanta ruina./Algunas noches me acurruco en la cornucopia/ De tu oreja, a salvo del viento. Acudía de urgencia para explicarse lo imposible, lo que nos amarra, ata y desata, se sabía y no se encontraba. Simplemente no puedo ver si hay un sitio adónde ir. Era la confesión de sus propias, de nuestras ruinas humanas, y me pregunto ¿cómo no entender a esta capitana sin puerto?
En sus versos se contenía, y se le ajusta n los que habla de la luna, donde la describe como la presencia de lo exterior para admirar, pero no penetrar, porque ella era el misterio, quizás un libro que nunca se termina, y esta frase tan certera, no me pertenece, y tal vez alguna otra Silvia, hable también por ella: La luna no es una puerta. Es una cara por derecho propio,
Blanca como un nudillo y terriblemente turbada.
Arrastra al mar detrás de sí, como un crimen oscuro; y está en calma
Con el bostezo en O del total desencanto. Yo vivo aquí.
Dos veces cada domingo las campanas sobresaltan el cielo.
Mujer de resurrecciones, afortunadamente, Ave Fénix esta Sylvia Plath. ¡He caído tanto!, un verso tan suyo, una afirmación tan carne de su carne.
Estas lámparas, estos planetas
Que caen como bendiciones, como copos de nieve.
Seguía viviendo a su manera, bajo el cristal de sus posibilidades, en la dimensión de sus sentidos, lo que articulaban sus sentimientos, en la poesía. Sylvia se amarró al viento, es lo que creo ver, entender a mi manera. Hoja de una raíz que vuela en continuo movimiento y permanece en el mismo lugar. Nos dejó esa posibilidad de imaginar todas las posibilidades. El origen de un mismo caos articulándose en el calidoscopio de sus días. Sylvia madre, amante, poeta. Siempre un enigma sellado y borrado en la nieve. Kafka nos decía cosas del alma, traducía los espíritus sin brújula: "Un libro debería ser como un hacha ante el mar congelado que tenemos dentro". Así imaginamos a Sylvia, ángulo de una circunferencia que no cuadraba.
Canción de amor de la joven loca
"Cierro los ojos y el mundo muere;
Levanto los párpados y nace todo nuevamente.
(Creo que te inventé en mi mente).
Las estrellas salen valseando en azul y rojo,
Sin sentir galopa la negrura:
Cierro los ojos y el mundo muere.
Soñé que me hechizabas en la cama
Cantabas el sonido de la luna, me besabas locamente.
(Creo que te inventé en mi mente).
Dios cae del cielo, las llamas del infierno se debilitan:
Escapan serafines y soldados de Satán:
Cierro los ojos y el mundo muere.
Imaginé que volverías como dijiste,
Pero crecí y olvidé tu nombre.
(Creo que te inventé en mi mente).
Debí haber amado al pájaro de trueno, no a ti;
Al menos cuando la primavera llega ruge nuevamente.
Cierro los ojos y el mundo muere.
(Creo que te inventé en mi mente)
Sin embargo, la muerte fue siempre su consejera. Intentó asirla en su escritura. La apagó junto a sus días hostiles, cuando amaba intensamente. La muerte era más poderosa en ella que el silencio mismo. Es lo que me transmite su espíritu. Lo que veo detrás de su lápida en vida.
Rolando Gabrielli©
Comentado por: rolando gabrielli el 03/1/2008 a las 15:48
Los que beben y los que son perdedores nos caen muy bien en las novelas y en el cine pero cuando vamos junto a ellos en el metro son distintos, voy a buscar esos autores que cita porque de algunos no tenía ni idea, siempre aprendo algo nuevo gracias
tomás
Comentado por: Tomás el 03/1/2008 a las 14:42
De casi todos los escritores que mencionas he leido algo y casi todos me gustan aunque Sylvia Plath tiene algo muy especial y como dice María me gustaría que algun día nos hablases de ella y que nos dieras tu opinión.
Saludos. Isa
Comentado por: Isa el 03/1/2008 a las 12:15
Que interesante saber del lado oscuro de todos estos escritores de los que nos hablas. Con lo idolatrados que tenía algunos de los que mencionas. Esta lectura de vidas turbias me ha suscitado un gran interés por conocer sus biografías y si tu pudieses contarnos algo más sobre cada uno de ellos, no sabes la satisfacción que me produciría. ¿Será porque las vidas ordenadas nos producen aburrimiento?
Comentado por: María el 03/1/2008 a las 10:30
Clara Sánchez es escritora española. En la actualidad reside en Madrid, donde estudió la carrera de Filología Hispánica y donde durante varios años enseñó en la universidad. Hasta la fecha ha publicado ocho novelas: Piedras preciosas (Debate, 1989), No es distinta la noche (Debate, 1990), El palacio varado (1993, Punto de Lectura 2006), Desde el mirador (Alfaguara, 1996), El misterio de todos los días (Alfaguara, 1999), Últimas noticias del Paraíso (Alfaguara, 2000), Desde el mirador (Alfaguara, 2004) y Presentimientos (2008).
Su obra ha sido traducida al francés, alemán, ruso, portugués, griego...
Ha recibido el premio Alfaguara de novela en 2000 por Últimas noticias del paraíso.
Y el premio Germán Sánchez Ruipérez al mejor artículo sobre Lectura publicado en 2006 por la columna titulada "Pasión Lectora" (El País, 6 de agosto).
Colabora habitualmente en El País. Y durante unos cinco años lo hizo en el programa de cine de TVE "Qué grande es el cine".

Presentimientos (2008). Alfaguara, España
Un millón de luces (2004). Alfaguara, España
Últimas noticias del paraíso (2000). Alfaguara, España. (Punto de Lectura, 2001) (Premio Alfaguara de Novela)
El misterio de todos los días (1999). Alfaguara, España
Desde el mirador (1996). Alfaguara, España
El palacio varado (1993). Editorial Debate, España. (Punto de Lectura, 2006)
No es distinta la noche (1990). Editorial Debate, España. (Próximamente en Punto de Lectura)
Piedras preciosas (1989). Editorial Debate, España. (Próximamente en Punto de Lectura)
Artículo en ABC sobre la autora.
Reseña de su nuevo libro en El cultural.
Entrevista en la revista Anika entre libros
Entrevista en El Semanal Digital
Comentario del libro en elmundo.es/blogs
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