El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
viernes, 16 de mayo de 2008
Peluquerías (2)
Esos grande secadores por lo general estaban colocados en fila y en algún momento del proceso de lavar, teñir, cortar, marcar (término en desuso) y peinarte daban una revista y metías allí la cabeza sin rechistar. El resto del cuerpo permanecía fuera sentado en una silla. Cuando los humanos del futuro vean estas imágenes les parecerá que acostumbrábamos a entretenernos con una revista mientras nos hacían un electroencefalograma o un escáner o nos lavaban el cerebro. Para esos seres nosotros seremos casi tan primitivos como en realidad somos.
A favor del secador, con su aire muy caliente y ensordecedor, habría que decir que conseguía un aislamiento perfecto. Ni a solas en la habitación más silenciosa de la casa, ni en plan meditación, se ha llegado a tanto. Quienes hemos pasado por eso enseguida comprendimos que el cerebro lo era todo.
En cuanto la peluquera cerraba la escafandra y regulaba la temperatura y programaba el tiempo parecía que una iba a salir disparada a la luna, y todo lo de fuera se hacía más lejano. Desde la cápsula veías a la gente mover los labios y alguien te hacía señas que no comprendías ni querías comprender. La cabeza ardía y dentro la materia gris y blanca se ponía de todos los colores. Por un rato podías hacerte la loca y no contestar si no querías, podías no pensar en nada. Y jamás nos cuestionamos, ni creo que se haya estudiado, si era perjudicial o no someter las neuronas a semejante centrifugado, porque tampoco nos preocupábamos tanto como ahora por lo que tenemos dentro de la cabeza. Todo era más simple. En el burdo mundo de mi infancia, por ejemplo, a los hijos se los dividía en los que valían para estudiar y los que no, en débiles y fuertes, en retraídos y simpáticos. El mundo en general estaba dividido en tontos y listos, pobres y ricos, pies planos y pies normales. En resumidas cuentas, el mundo era más o menos una versión del Gordo y el Flaco. Es ahora cuando nos empezamos a cuestionar qué es la inteligencia y qué es el cerebro y la mente, y se ha pasado del complejo polivitamínico a lanzar al mercado esas maquinitas de bolsillo para entrenar la mente en todo momento y lugar. Lo ideal sería incorporarlas a los aparatos del gimnasio y así acabaríamos por no pensar absolutamente en nada, que es la mejor manera de no angustiarse, de no obsesionarse, de no odiar y de no fantasear con amores imposibles.
Por fin llega Nikos, el peluquero fashion, arrastrando los pies con unos vaqueros de Dolce & Gabbana y se saca el jersey por la cabeza sin arreglarse luego el pelo con la mano. Lleva un corte tan genial que ha de quedar así, tal como lo deje el jersey, como si no le diera ninguna importancia a la pelambrera. Llevamos esperándole una hora, pero él nos mira sin prisa. Es un artista. Besa a algunas. A las demás nos sonríe como diciendo, la próxima vez será. Escoge a una. Yo estoy antes pero no quiero protestar y caerle mal. Quiero ser una de los suyos.
[Publicado el 14/12/2007 a las 11:44]
[Etiquetas: peluquería]
He tenido algunos ratos de rebeldía en que casi me dejo las canas pero me durfa poco. Admiro a las mujeres como Amalia que no les importa enseñarlas o mejor dicho no esconderlas. Eso sí, me las tiño yo, me pongo los guantes de goma y me pongo como un cristo, pero no le doy el gustazo al Nikos de turno de sacarme un ojo de la cara.
Saludos a Clara y a Amalia.
Comentado por: Cintia el 16/12/2007 a las 18:01
Un día, cuando aún era pequeño, fisgué por una puerta entreabierta de una peluquería de señoras y me quede patidifuso, al ver aquellos cacharros sobre las cabezas de las señoras bien pensantes de la época.
¿Tendrá algo que ver, una cosa con la otra?
Comentado por: ártabro el 16/12/2007 a las 11:19
Yo he cortado por lo sano con los peluqueros y las peluqueras.En toda mi vida no he encontrado uno/a a quien volver con gusto.
Voy con el cabello mojado,pido que me lo corten y basta!
Ante la molestia y asombro del verdugo de turno contesto que lo que quiero es un corte que me quede más o menos bien todos los días, y no sólo cuando salgo de la peluquería.Las canas no me las tinio más.Esa fue otra decisión que tomé porque las prefiero directas antes que verlas reaparecer paulatinamente a medida que la tintura desaparece...
O sea que desconozco la panoplia actual.
Sí sufrí antanio los secadores marcianos.El borde metálico me quemaba las orejas.Algunas piadosas te ponían un conito de celuloide para protegerlas.No todas, posiblemente de ahí mi trauma de juventud.
Comentado por: amalia el 16/12/2007 a las 07:50
Clara, tengo que decirte que aunque me he mudado a Francia siempre sigo lo que escribies, eres muy divertida y sensible.
Comentado por: François el 15/12/2007 a las 15:07
Distinguida señora
Sigo todas sus cosas, aunque yo no soy muy especializada.
Me intersan las cosas que dice y la forma que tien de decirlas.
Desde ahora iré con otro ánimo a la peluquería.
Cordiales saludos
Comentado por: Amelia el 15/12/2007 a las 11:30
Pues aparte de los peluqueros (que se ahorran muchas horas de trabajo con el cepillo parriba y pabajo) no sé cómo puede alguien echar de menos esos artefactos infernales, esos mini-hornos microondas en los que introducían tu cabeza con un ruido insoportable, mientras tu cuerpo se quedaba en tierra, con el tenso cuello de intermediario entre los dos mundos, tratando de alargar los ojos hacia la revista- La imagen amable que ofrecen las películas es pura patraña. Almodóvar, qué daño nos haces. Y con la tensión añadida de no saber si de ahí saldrás bien o con el pelo frito. Yo asistí, (no seré tan niña como Curiosa, tengo 37 años) al declive de esos aparatos que fueron eliminados de la faz de la tierra con toda justicia.
Mi peluquero, al que he seguido desde hace 10 años, con alguna infidelidad ocasional por medio, experimentó con el paso de subordinado a dueño de su negocio uno de esos periodos de ínfulas artísticas- Más o menos como el tuyo, era puntualmente impuntual, y se paseaba como un gallito por su local, mientras sus clientas tratábamos de disimular nuestra sonrisa. Pero justamente la última vez que fui, ante una alusión mía, me confesó que se le habían bajado los humos. Por fortuna su manera de cortar no sufrió con ello. Reconozcámoslo, estamos dispuestas a soportarlo todo con tal de que nos corten bien el pelo.
Comentado por: escarola el 14/12/2007 a las 18:41
Qué bueno, has convertido la "pelu" en una cosa de cine...me voy ahora mismo ahora mismo a subir mi autoestima.
Mart
Comentado por: MARTINA el 14/12/2007 a las 17:45
Me gustó eso de "Yo quiero ser uno de los suyos". Llegué a pensar que eso de sentir que el beauty es también un lugar complejo, lugar de competencias y búsqueda de reconocimiento e importancia eran inventos míos. Creí que que era producto de sensiblerías o problemas de autoestima. Pero total, es parte del todo.
Debos ser más vieja de lo que me pienso, o tal vez me crié en un lugar muy atrasado, pero en los recuerdos de mi niñez aunque núnca me sometieron a ella, recuerdo la máquina parecida al secador que describe y de la cual colgaban decenas de cables con ganchos de metal que utilizaban para hacer rizos permanentes. Si no las vigilabas o ponías el calor muy alto, terminabas con el pelo quemado y oliendo a gallina antes de la sopa. Para la niña que fuí, esa era la máquina más cercana a un aparato marciano que mi realidad proveía. Hoy hay muchas. Para la niña que todavía soy.
Comentado por: curiosa el 14/12/2007 a las 13:02
Clara Sánchez es escritora española. En la actualidad reside en Madrid, donde estudió la carrera de Filología Hispánica y donde durante varios años enseñó en la universidad. Hasta la fecha ha publicado ocho novelas: Piedras preciosas (Debate, 1989), No es distinta la noche (Debate, 1990), El palacio varado (1993, Punto de Lectura 2006), Desde el mirador (Alfaguara, 1996), El misterio de todos los días (Alfaguara, 1999), Últimas noticias del Paraíso (Alfaguara, 2000), Desde el mirador (Alfaguara, 2004) y Presentimientos (2008).
Su obra ha sido traducida al francés, alemán, ruso, portugués, griego...
Ha recibido el premio Alfaguara de novela en 2000 por Últimas noticias del paraíso.
Y el premio Germán Sánchez Ruipérez al mejor artículo sobre Lectura publicado en 2006 por la columna titulada "Pasión Lectora" (El País, 6 de agosto).
Colabora habitualmente en El País. Y durante unos cinco años lo hizo en el programa de cine de TVE "Qué grande es el cine".

Presentimientos (2008). Alfaguara, España
Un millón de luces (2004). Alfaguara, España
Últimas noticias del paraíso (2000). Alfaguara, España. (Punto de Lectura, 2001) (Premio Alfaguara de Novela)
El misterio de todos los días (1999). Alfaguara, España
Desde el mirador (1996). Alfaguara, España
El palacio varado (1993). Editorial Debate, España. (Punto de Lectura, 2006)
No es distinta la noche (1990). Editorial Debate, España. (Próximamente en Punto de Lectura)
Piedras preciosas (1989). Editorial Debate, España. (Próximamente en Punto de Lectura)
Artículo en ABC sobre la autora.
Reseña de su nuevo libro en El cultural.
Entrevista en la revista Anika entre libros
Entrevista en El Semanal Digital
Comentario del libro en elmundo.es/blogs
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