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Editado por La Oficina del Autor

viernes, 16 de mayo de 2008

Blog de Clara Sánchez

Luces y sombras navideñas

Calle Velázquez. Madrid

Calle Velázquez. Madrid

¿Qué por qué las navidades se adelantan más cada año? Pues porque no hay un consumo más completo que el suyo. Si todo estuviera tan bien organizado como el consumo, el mundo funcionaría mejor. Mientras que en verano, por ejemplo, el fuerte está en el turismo y la ropa de baratillo de sudar y tirar, estas fiestas, aparte de los viajes, abarcan la alimentación más ostentosa y exagerada del año tanto en casa como en los restaurantes, llenos hasta la bandera. También, como atendiendo a una señal, a una palmada del director, los escaparates y perchas y mostradores de las tiendas se inundan de terciopelos, gasas, rasos y pedrería. En la televisión desfilan los cavas entre un bombardeo de perfumes con susurrante acento francés y la ciudad se llena de luces.

La iluminación de Madrid levanta todos los años su pequeña polémica: que si es cara, que si su diseño no responde al espíritu navideño, que si emite a la atmósfera una cantidad exagerada del nocivo CO2. Por lo visto este año se encienden la friolera de nueve millones de bombillas en 150 puntos de la ciudad con la consiguiente alarma de que se iluminen tan pronto y que el consumo, ya por sí elevado, no se ciña a las fechas estrictamente navideñas. También parece un poco precipitado que se haya instalado desde los primeros días de diciembre el belén de hielo más grande del mundo, ¡con lo que debe de costar que no se derrita!. Ni que esto fuera Laponia. Pero no seré yo quien me ponga en plan protestón porque me gusta la Navidad, me reconforta la combinación de frío (a poder ser neblinoso) y la decoración de las calles y las luces y los regalos, sobre todo el envoltorio de los regalos con papeles tan brillantes y lujosos como la ropa de Nochevieja.

Por cierto, salir en Nochevieja es algo que dejé de hacer a los veinticinco. Hasta entonces fue casi una obligación tener un plan, ponerme tacones y una ropa con la que pasaba bastante frío cuando llegaba el momento del regreso y tenía que buscar un taxi que nunca aparecía. Era tortuoso y horrible, pero si me quedaba en casi parecía que me estaba perdiendo algo importante. Acababa cansada y harta de tanta diversión ajena y entonces a alguien se le ocurría lo del chocolate y los churros, una tradición madrileña que no es ni más ni menos que un plus de agotamiento innecesario. Si no recuerdo mal, las nocheviejas de mi juventud fueron lamentables. Por eso en mi vida no hay nostalgia. Una vez creo que incluso me acerqué a la Puerta del Sol arrastrada por un grupo de progres, que quería hacer el tonto, y fue algo así como una pesadilla, sobre todo porque me esforzaba mucho en pasármelo bien. Por no hablar del día de Año Nuevo que también tenía lo suyo: calles desiertas, restaurantes, quioscos, bares, todo tipo de comercios cerrados. Era el día después y sólo los cines estaban abiertos, más o menos como ahora, pero ahora me lo monto mejor y aprovecho para darme una buena caminata por calles dormidas, vacías, recogidas. Entonces iba a algún cine abarrotado a sentarme en primera fila porque la casa se nos caía encima y había que hacer algo.

/upload/fotos/blogs_entradas/loteria.jpgSin embargo, no seré yo quien diga que  me deprime la Navidad, si bien no logro sentirla hasta el día de la lotería, el 22 de diciembre. Hasta ese momento todos los adornos tienen aire postizo, impostado, anacrónico. Un belén fuera de su tiempo no tiene razón de ser, como tampoco el mazapán y el turrón, ni el árbol. La puesta del árbol se ha simplificado mucho, ya no hay que salir al bosque a cortar un abeto de verdad, ni hay que estar horas adornándolo con miles de bolas y tiras doradas y plateadas; los hay plegables con fibras ópticas que cambian de color, que dan el pego perfectamente, y además tienen la ventaja añadida de que luego no tenemos que ver cómo amarillean, se secan y se les caen las hojas y desde luego no tenemos que arrastrarlo hasta el contenedor. Claro que de eso a los belenes virtuales proyectados en las fachadas de las iglesias, como he leído que se piensa hacer este año va un abismo. El belén no puede ser virtual, porque precisamente el pesebre, el castillo, los pastores, los reyes, el oasis y la arena del desierto junto al musgo y los copos de nieve es la representación material de una creencia que en sí misma ya es una ilusión de realidad, por eso en estas fiestas todo ha de ser concreto: la comida, la bebida, la diversión, el aburrimiento y las figuritas del belén. 

Artículo publicado en: El País, 9 de diciembre de 2007.

[Publicado el 11/12/2007 a las 18:39]

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Comentarios (3)

  • Va a ser que sí, que Madrid es bonito por Navidad.


    Rosa

    Comentado por: Rosa el 12/12/2007 a las 15:54

  • Enhorabuena, Clara, cada día me gustan más tus artículos, los impresos y los virtuales

    rafa

    Comentado por: rafael el 12/12/2007 a las 14:26

  • A mí tampoco me deprime la Navidad y todas/os las /os que dicen que les deprime es porque ellos/as son unos depres.

    Me llama la atención que la gente se moleste con el gasto de las luces de Navidad y no con otros gastos mucho más cuantioso.

    A mí sin embrago, me gusta salir en Nochevieja...la verdad es que me gusta salir siempre...quizá esté en consonacia con mi nombre

    Esperanza

    Comentado por: Esperanza el 12/12/2007 a las 13:49

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Biografía

Clara Sánchez es escritora española. En la actualidad reside en Madrid, donde estudió la carrera de Filología Hispánica y donde durante varios años enseñó en la universidad. Hasta la fecha ha publicado ocho novelas: Piedras preciosas (Debate, 1989), No es distinta la noche (Debate, 1990), El palacio varado (1993, Punto de Lectura 2006), Desde el mirador (Alfaguara, 1996), El misterio de todos los días (Alfaguara, 1999), Últimas noticias del Paraíso (Alfaguara, 2000), Desde el mirador (Alfaguara, 2004) y Presentimientos (2008).

 

Su obra ha sido traducida al francés, alemán, ruso, portugués, griego...

Ha recibido el premio Alfaguara de novela en 2000 por Últimas noticias del paraíso.

 

Y el premio Germán Sánchez Ruipérez al mejor artículo sobre Lectura publicado en 2006 por la columna titulada "Pasión Lectora" (El País, 6 de agosto).

 

Colabora habitualmente en El País. Y durante unos cinco años lo hizo en el programa de cine de TVE "Qué grande es el cine".

Bibliografía

/upload/fotos/blogs_entradas/9788420473529_med.jpg

 

Presentimientos (2008). Alfaguara, España

Un millón de luces (2004). Alfaguara, España

Últimas noticias del paraíso (2000). Alfaguara, España. (Punto de Lectura, 2001) (Premio Alfaguara de Novela)

El misterio de todos los días (1999). Alfaguara, España

Desde el mirador (1996). Alfaguara, España

El palacio varado (1993). Editorial Debate, España. (Punto de Lectura, 2006)

No es distinta la noche (1990). Editorial Debate, España. (Próximamente en Punto de Lectura)

Piedras preciosas (1989). Editorial Debate, España. (Próximamente en Punto de Lectura)

Enlaces

www.clarasanchez.com

 

Artículo en ABC sobre la autora.

 

Reseña de su nuevo libro en El cultural.

 

Entrevista en la revista Anika entre libros

 

Entrevista en El Semanal Digital

 

Comentario del libro en elmundo.es/blogs

 

 

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