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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

lunes, 22 de julio de 2019

 Blog de Juan Pablo Meneses

La lucha en Dakar

 

En Dakar, el deporte más popular no es el rally.

En Dakar, como en todo el resto de Senegal y parte de Gambia, lo que llena las páginas deportivas de los diarios es la lucha senegalesa. El campeonato de "lutte", como se llama en este país francófono (o laamb para los que hablan en wolof), tiene seguidores fanáticos y programas de televisión especiales y afiches por la ciudad y luchadores elevados a la categoría de estrellas pop.

Mientras en Sudamérica se corre el Dakar 2012, que pasará con su caravana de tuerzas y mecánicos y motores y aceites y ruedas por Argentina y Chile y Perú, en la capital de Senegal los luchadores se preparan para la próxima pelea. Que son luchas reales. A diferencia de los combates entre escritores, donde el trofeo es por algo tan simple como el prestigio, aquí la batalla es a golpes de nudillo que rompen narices y sacan sangre.

Una buena forma de conocer un país es ir a ver un partido de su deporte más popular. Salí del hotel, le pregunté al taxista si la lucha quedaba cerca, me dijo que sí. Era fanático. Me hizo un precio por llevarme, entrar al estadio conmigo, ver "la lutte" y regresar al hotel.

Cuando llegamos al estadio Stade Demba Diop, la lucha ya había comenzado. La boletería estaba vacía, y les pasamos nuestros tickets a unos militares con metralletas. Avanzamos hacia el estadio, mientras aumentaba el volumen de los gritos del público. Al entrar, había unos tres mil senegaleses moviendo los brazos, gritando, mientras dos tipos con taparrabos se abrazaban en la pista de arena y se empujaban y se daban golpes de puño y uno sangraba y todo era acompañado por una orquesta de seis músicos con tambores africanos.

Todo el perímetro de la lucha estaba rodeado de militares armados. Un canal de televisión trasmitía en directo. Entre el público había dos hinchadas de adolescentes senegalesas, miembros del clubes de fans de distintos luchadores. Mientras los dos competidores se golpeaban en el centro del estadio, por alrededor de la pista saltaban y elongaban y se movían los otros.

Dentro del lugar no había turistas. Se vivía una tradición local, difícil de entender. El fanatismo era como el de las hinchadas de fútbol. Por cierto, la gracia de la lutte sénégalaise no estaba sólo en los golpes: el espectáculo empieza antes, cuando el luchador se pasea seguido de sus asistentes por la pista, para presentarse y desafiar al grupo rival. Es una danza, un espectáculo, donde tienen mucho que ver el honor y la música de fondo: tambores en vivo.

En mitad de la última pelea, el taxista me hizo una seña para irnos. Al igual que en futbol de por acá, era una buena idea evitar los líos de la salida. El día siguiente, todos comentaban la jornada de lucha. El gladiador que mejor golpeó el domingo aparecía en la tapa de los diarios el lunes. Todos hablaban de ellos. En Dakar, definitivamente, poco importa en rally.

 

twitter: @menesesportatil

 

[Publicado el 02/1/2012 a las 15:21]

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Comentarios (1)

  • He visto un video en la red de esta lucha, y entre otras, se parece bastante al Judo, que practiqué hace ya muchos años. La diferencia radica en que en esta se permite romper los labios o la nariz con el puño, que no es ni mucho menos poca diferencia, amén de tener que echar mano del taparrabos para poder agarrar al contrincante. Decididamente me quedo con el Judo

    Comentado por: Filomeno el 22/1/2012 a las 22:14

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Biografía

(Santiago de Chile, 1969). Escritor, cronista y periodismo portátil. Es autor de los libros Equipaje de mano (Planeta 2003); Sexo y poder (Planeta 2004); La vida de una vaca (Planeta/Seix Barral 2008, finalista Premio Crónicas Seix Barral); Crónicas Argentinas (Norma 2009) y Hotel España (Norma 2009  / Iberoamericana / Vervuert 2010), distinguida por el Consorcio Camino del Cid como uno de los ocho mejores libros de literatura de viajes publicados en España el 2010. Sus crónicas se han publicado en 25 países y traducido a cinco idiomas. Ha sido columnista y bloguero en medios como Clarín (Argentina), SoHo (Colombia), El Mercurio (Chile), Etiqueta Negra (Perú), Glamour (México) y Clubcultura (España). Estudió periodismo en la Universidad Diego Portales y en la Universitat Autónoma de Barcelona, y fue relator del taller de Tomás Eloy Martínez en la Fundación Nuevo Periodismo que preside Gabriel García Márquez. El 2006, la Asociación de Prensa de Aragón publicó un libro que transcribe su taller de periodismo portátil. Ha sido cronista invitado en universidades de América Latina y España, entre ellas la UNAM de México, la Complutense de Madrid y la Universidad de Chile. Fundó la Escuela de Periodismo Portátil, con alumnos conectados desde más de 20 países y que organiza, junto a la Universidad de Guadalajara, el "Premio Las Nuevas Plumas" de crónicas inéditas y en español.

Bibliografía

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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