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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

viernes, 29 de agosto de 2008

Blog de Javier Rioyo

Sin Ángel

Ángel González, en Oviedo

Ángel González, en Oviedo.

No quiero que este blog parezca el Spoon River de Edgar Lee Master, siendo un apasionado del libro y del poeta. Pero tantas muertes me superan. Me extrañó que se muriera un eterno como Pepín Bello pero lo de Ángel es tremenda injusticia de distinta dimensión. Lo de Ángel me rompe muchas más cosas. Hacía tiempo que no lloraba, quiero decir algo más que una de esas furtivas lágrimas que de vez en cuándo pueden caer al leer, ver, escuchar algo que te emociona. No era eso. Eran lágrimas que no pude contener cuando en ese lugar tan extraño donde se van a convertir en cenizas personas que queremos, escuchamos a su amigo de infancias y complicidades literarias, Manuel Lombardero. Y la emoción siguió con otro de sus grandes amigos, su cómplice, de vida y generación, nuestro amigo José Manuel Caballero Bonald. Sintiendo que le han dejado sólo. El último de aquella generación de plata, de aquella generación del cincuenta que tanto bebió. La generación del alcohol. La mejor de los poetas que hemos podido conocer, querer, tratar y disfrutar.

No puede decir muchas cosas sobre Ángel que no me resulten pequeñas, banales, prescindibles. Le quisimos. Le seguimos queriendo. Hasta unas horas antes de morir con él estuvimos compartiendo cosas de vida. Cosas de leer, de beber, de fumar o de fugarnos. Penúltimo de los grandes poetas vivos de su generación. Poeta sin Premio Cervantes. Poeta con lectores.

Si acaso seguir leyendo a Ángel. No olvidaremos su cercanía. Y siempre nos acompañará su poesía.

Ahí, donde fracasan las palabras, nos acompañan sus poemas.

 

Siempre lo que quieras

 

"Cuando tengas dinero regálame un anillo,

cuando no tengas nada dame una esquina de tu boca,

cuando no sepas qué hacer vente conmigo

-pero luego no digas que no sabes lo que haces.

Haces haces de leña en las mañanas

y se te vuelven flores en los brazos.

Yo te sostengo asida por los pétalos

como te muevas te arrancaré el aroma.

 

Pero ya te lo dije:

cuando quieras marcharte esta es la puerta:

se llama Ángel y conduce al llanto".

[Publicado el 14/1/2008 a las 15:07]

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Comentarios (4)

  • Sé que ha dado ya la tierra muchas vueltas y muchos sueños han quedado en la orilla de ese camino casi interminable al que llamamos vida, desde que a Ángel se le acabó la vista sobre su horizonte. Pero, es posible, que todo se vea siempre mejor desde la distancia, como los cuadros, para captar mejor esos detalles que, de otra manera, quedarían fuera del alcance de nuestros recuerdos.
    He leído a Clara Sánchez que lee sus poemas desde 1976; curioso que ese sea el año de mi nacimiento. Yo descubrí a Ángel González mucho después, hace poco, escuchando, cómo no, una entrevista en la radio (cadena SER) junto con Pedro Guerra, sobre aquel trabajo -buen trabajo- que relizaron juntos. Puede decirse que por casualidad, "es caprichoso el azar" que dice Serrat, que es como más se disfrutan las cosas, y mejor saben, en la vida, cuando te encuentras con ellas, así, de repente, sin buscarlas.
    Desde entonces, desde que empecé a leerle, empezó a formar parte de ese saco de versos libres de los que "copio" cuando invento o sueño los míos propios y aumento ese vagaje pobre de versador de sueños -casi poeta- aficionado de la metáfora. Gracias, por ello.
    Es curioso que alguien con un nombre tan vulgar Ángel González, tenga una poesía tan exquisita y sensual. Quizá, la gente vulgar tengamos que buscar la belleza para cambiar ese color marrón de la rutina vital por otro que invite a soñar.
    Gracias.
    ME BASTA ASÍ

    Si yo fuese Dios
    y tuviese el secreto,
    haría un ser exacto a ti;
    lo probaría
    (a la manera de los panaderos
    cuando prueban el pan, es decir:
    con la boca),
    y si ese sabor fuese
    igual al tuyo, o sea
    tu mismo olor, y tu manera
    de sonreír,
    y de guardar silencio,
    y de estrechar mi mano estrictamente,
    y de besarnos sin hacernos daño
    —de esto sí estoy seguro: pongo
    tanta atención cuando te beso—;
    entonces,

    si yo fuese Dios,
    podría repetirte y repetirte,
    siempre la misma y siempre diferente,
    sin cansarme jamás del juego idéntico,
    sin desdeñar tampoco la que fuiste
    por la que ibas a ser dentro de nada;
    ya no sé si me explico, pero quiero
    aclarar que si yo fuese
    Dios, haría
    lo posible por ser Ángel González
    para quererte tal como te quiero,
    para aguardar con calma
    a que te crees tú misma cada día
    a que sorprendas todas las mañanas
    la luz recién nacida con tu propia
    luz, y corras
    la cortina impalpable que separa
    el sueño de la vida,
    resucitándome con tu palabra,
    Lázaro alegre,
    yo,
    mojado todavía
    de sombras y pereza,
    sorprendido y absorto
    en la contemplación de todo aquello
    que, en unión de mí mismo,
    recuperas y salvas, mueves, dejas
    abandonado cuando —luego— callas...
    (Escucho tu silencio.
    Oigo
    constelaciones: existes.
    Creo en ti.
    Eres.
    Me basta).

    Comentado por: Carlos Antonio el 05/5/2008 a las 17:13

  • Parecía un vagabundo bien vestido, con chaqueta y camisa en buen estado, de una estatura tan esbelta que rozaba la desnutricón. Sus barbas de hombre siempre libre, su calva nimbada por una nube de perla, sus limpios ojos detrás de las gafas con cristales no muy limpiados,el inconsolable olor a tabaco y su cercanía a un desconocido como era yo en aquel aeropuero de Barcelona el año pasado cuando le abordé fumando un cigarro y me explicó su vida en Alburquerque le hizo un amigo inmediato y le incluí en el íntimo album sentimental. La madrugada de su muerte me despierto al poco tiempo, al alba, y voy ya leyendo la noticia en la pantalla mágica y paso todo el dia recolectando datos, anécdotas, sentimientos y cariños rotos.Siempre me arrepentiré de no haber sacado el tema de Paramo del Sil y Primout en aquella única conversación única.Claro que, a lo mejor, hubiéramos perdido el avión mirándonos através del humo y la nueva amistad celebrada en el bar... Yo sé cómo hablar con él y preguntarle si la colilla del viernes era todavía suya.

    Comentado por: el amigo de Miguel Torga el 15/1/2008 a las 09:41

  • Ayer compartia mi poema dedicado a Ángel con Juan Cruz, pero presumo que aunque es probable que leas a los otros editorialistas es imposible que leas a los comentaristas de otros.

    Así que lo copio para vos, Javier.
    Y lo siento mucho porque aprendí a querer a don Ángel, por circunstancias que no vienen al caso recordar:

    DESPEDIDA DEFINITIVA A MI AMADO ÁNGEL.

    A Ángel González.


    Ni un santurrón comunista
    ni un hidalgo acaudalado,
    Ángel González

    se escapó por las aristas
    del odre con vino agriado
    por sus males.

    Ni bíblico ni profano,
    paisano del boticario
    del demonio,

    lo han bautizado mi hermano,
    los que cuentan el rosario
    de Suetonio.

    Tremolado, delgadillo
    vecino de los ortópteros
    falangistas.

    Su fantasma de caudillo,
    volaba en los helicópteros
    anarquistas.

    Verlo trocar los peones
    con la vieja cerbatana
    en un suspiro,

    con sus ilustres canciones,
    cien poemas, filigranas
    del retiro,

    nos pone serios y tristes
    ante esta broma macabra
    del invierno.

    Válganos este despiste,
    -palabra sobre palabra-,
    posmoderno.

    Deixis, Prosemas, Lecciones,
    su Tratado de Urbanismo,
    Áspero mundo.

    La muerte con sus traiciones,
    nunca oculta su eufemismo
    en el Profundo.


    Decimos adiós a un ángel,
    a un poeta, a un amador,
    a un ratoncito de islas,
    a un terco conquistador,

    Te decimos Adiós Ángel
    a todo amor.




    Ningún hombre es nada sin amistad, digo.

    La intimidad del poeta nos cautiva porque habla de nosotros, de todas las personas, de todos los silencios.




    Lucía.

    Comentado por: Lucía Angélica Folino el 15/1/2008 a las 04:24

  • Pedro Guerra me enseñó a Ángel González. A través de la música que adhirió a sus poemas. Y me encantó, me encantó la manera de reflejar la cotidianeidad con que afrontaba en sus palabras, la circunstancia más compleja del mundo. Me encantó porque eso es hacer poesía. Eso es ser un poeta. Las palabras justas y precisas, en el momento determinado que conviene, sin forzar, un maestro.

    Y al morir he sentido que se ha ido alguien que no es de mi familia carnal, pero si de la espiritual. Uno de los grandes, de mis preferidos, un poeta con mayúsculas que nos dejará para siempre su hermoso legado, su genio, sus palabras y sueños. Su porvenir, "te llaman porvenir porque no vienes nunca", porque "mientras tu existas mientras mi mirada te busque más allá de las colinas"....porque "cuando es Invierno en el mar del norte, es verano en Valparaíso", porque "donde pongo la vida pongo el fuego", porque indudablemente "ayer fue miércoles toda la mañana y por la tarde cambió, se puso casi lunes".



    Eternamente, Ángel González





    Para que yo me llame Ángel González,
    para que mi ser pese sobre el suelo,
    fue necesario un ancho espacio
    y un largo tiempo:
    hombres de todo mar y toda tierra,
    fértiles vientres de mujer, y cuerpos
    y más cuerpos, fundiéndose incesantes
    en otro cuerpo nuevo.
    Solsticios y equinoccios alumbraron
    con su cambiante luz, su vario cielo,
    el viaje milenario de mi carne
    trepando por los siglos y los huesos.
    De su pasaje lento y doloroso
    de su huida hasta el fin, sobreviviendo
    naufragios, aferrándose
    al último suspiro de los muertos,
    yo no soy más que el resultado, el fruto,
    lo que queda, podrido, entre los restos;
    esto que veis aquí,
    tan sólo esto:
    un escombro tenaz, que se resiste
    a su ruina, que lucha contra el viento,
    que avanza por caminos que no llevan
    a ningún sitio. El éxito
    de todos los fracasos. La enloquecida
    fuerza del desaliento...



    "Para que yo me llame Ángel González"



    Siento la extensión.


    Un abrazo grande.

    Comentado por: Román el 14/1/2008 a las 16:51

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Foto autor

Biografía

Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía.

 

En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones.

 

Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico.

 

En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.

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