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domingo, 6 de julio de 2008

Blog de Javier Rioyo

La acracia cutre

Ficha policial de Felipe Sandoval

Ficha policial de Felipe Sandoval.

El domingo pasado en el periódico El País, en mi sección "Fuera de casa", publiqué unos comentarios sobre el muy notable documental, El honor de las injurias del pintor, escritor y cineasta, Carlos García Alix. Un texto a favor de su obra, de su investigación y del nada retórico rescate de una de las figuras más oscuras del anarquismo arrabalero. De uno de los representantes de una suerte de acracia cutre, que si bien se puede entender en un tiempo y en un país, si los miramos desde hoy -incluso con cariño- sus actos, sus componentes, sus intenciones y otras utopías, resultan entre disparatadas, desacertadas, marginales, oscuras y sin salida. Las salidas de la acracia española siempre fueron peores que sus entradas. Su realidad peor que su idea. Sus gentes, tan injuriados, perseguidos y masacrados, tienen toda nuestra mirada sentimental, nuestro cariño por el honor imaginario de un tiempo poco honorable. Tienen los anarquistas españoles nuestro respeto para lo que quisieron ser. Nuestra cercanía intelectual para sus deseos. Nuestras dudas para sus realidades.

Yo hablé de Felipe Sandoval -el anarquista pistolero, el protagonista del documental -sin apriorismos, sin pensar en él heroicamente, ni denigrarlo como un asesino. Sin que el personaje me deje de inquietar, interesar, incluso sin que me caiga mal, no deja de ser el exponente metafórico de una historia negra.

Dice García Alix que mucha parte de la acracia "oficial" está enfadada con mis comentarios. Y también otros lo están con su película. Algunos no quieren escuchar lo que pensamos/escribimos de esa parte de la acracia. Y otros, como no podía ser menos, están dispuestos al debate. Yo, de verdad, con los anarquistas hasta la muerte... pero ni un paso más. Lo que dije de Sandoval, de su vida, sus actos, su acracia y su "malditismo", todo eso y otras cosas más que no tenían allí espacio, lo pensé después de haber visto, con interés, con emoción, sin pasiones, el excelente trabajo de García Alix. Ahora creo que en Madrid se puede ver en el Cuartel del Conde Duque. Si pueden pasen y vean. Y de paso, con uno poco más de tiempo, se acercan a uno de nuestros grandes de la fotografía de la Guerra Civil y de la primera modernidad fotográfica, Agustí Centelles.

Salud y anarquía para todos los que se lo merezcan.

[Publicado el 04/12/2007 a las 19:27]

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Comentarios (3)

  • La verdad, el honor, los cojones y la valentía de los años veinte y treinta estuvieron muy repartidos por entonces. No solamente los acratas disponían de tales atributos. También los jovenes falangistas que se las pelaron en el cuartel de la Montaña la mañana del 20 de julio del 36 y los guardias de Asalto, -¿Porque nunca se les reconoce su contribución en las epicas y liricas de aquellos días? ¿Acaso por ser policías?- que se batieron y murieron junto a las milicias comunistas, anarquistas, o socialistas. No se quien dijo hace ya demasiado tiempo que no anduvo falta de valor aquella generación. En la misma medida tampoco les faltó la cobardía del "paseito", la codicia de las incautaciones y la mentira de sus declaraciones. La nómina es demasiado larga y Sandoval, se lo puedo asegurar fue de los más dignos, si esto se puede decir. Leanse el poema, La Insignia, "Alocución Poematica" de León Felipe, vate admirado por los acratas de aquel momento y que en su lectura pública en Valencia casi le cuesta la vida. Uno siempre pensó que los libertarios no dan tregua a las peanas, pero mucho me temo que las adoran más de la cuenta.
    Salud para todos.

    Comentado por: El rufián melancólico el 06/12/2007 a las 19:18

  • los pijos ácratas son una historia que nada tiene que ver con la acracia. Ser ácrata y en la España de los años veinte, de la guerra, era una historia llena de verdad, de honor, de cojones y de valentía para ser libre. No era cosa de pijos sin ideología

    Comentado por: floreal el 04/12/2007 a las 23:55

  • Y fui acrata, era divertido, tenía épica y no había que soportar reuniones con catecismos rojos. Después se organzaron. Volvieron los sindicatos y volvieron a manipular la historia y las banderas. No fue difícil dejar la acracia a la española, aunque nunca dejaré de ser ácrata. A pesar de mi nombre

    Comentado por: federica el 04/12/2007 a las 23:50

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Biografía

Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía.

 

En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones.

 

Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico.

 

En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.

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