El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
viernes, 8 de agosto de 2008
En el nombre de Hemingway

Ernest Hemingway.
Hace años que no queremos tanto a Hemingway. Quiero decir tanto como lo quisimos. La culpa, además de la parte que tenga el escritor, la tiene el uso comercial, banal que muchas veces se hace de su vida, su imagen, sus obras y sus pasos por la tierra. Sobre todo por la tierra española. También en Europa, en París, Roma, Venecia, se usa como reclamo -sobre todo de famosos bares- la conocida figura del escritor vividor, bebedor y fotogénico que fue ese ser tan complicado llamado Ernesto.
También rebajamos nuestra admiración cuando supimos sobre su mirada a otro lado, a ninguna parte, su manera de cerrar los ojos ante algunas cosas que pasaron a su lado en plena Guerra Civil. No nos gusta su indiferencia ante la desaparición de José Robles, el amigo y traductor de Dos Passos. O ante la de Andréu Nin.
Algunos relatos, sobre todo Los asesinos, siguen siendo aquella obra conmovedora, maestra, que nos deslumbró. Otras de sus obras no han sido tan vigorosas para soportar el paso del tiempo. No por aquello que decía Faulkner de su obra: "con Hemingway no hay que molestarse en buscar ninguna palabra en el diccionario". En esa descalificación, el gran escritor americano, el mejor de su tiempo, se equivocó. Así se lo señaló su contrincante, Hemingway dijo que le daba pena Faulkner si pensaba que para transmitir emociones había que buscar en el diccionario palabras desconocidas o usar términos poco comunes. Hemingway tenía razón. No es por eso que nos guste más Faulkner. Y no es que despreciemos a Hemingway, pero quizá su personalidad, su demasiada fama, demasiada presencia, nos hace tomar distancia, desconfianza, del escritor. Y además, también cambiamos con las lecturas, con los años. Aquello que nos pareció lleno de garra y fuerza al cabo de los años se nos aparece como algo más tramposo. Como si hubiéramos descubierto el truco. Seguimos pidiendo deslumbramiento. No dominio.
Todo esto viene a cuento porque el otro día en Pamplona, después de soportar en bares su presencia iconográfica. De tropezarnos con Hemingway en el hotel, el café, las calles, la plaza de toros y en casi cualquier rincón del centro de la ciudad, abrumados y entregados, decidimos hacer un homenaje al escritor. Beber en uno de esos bares que llevan su nombre. Un hermoso bar, una barra clásica, un tamaño adecuado, unas cuántas mesas y unos taburetes a su medida. Un pequeño bar anejo al famoso Café Iruña. Un bar con estilo, aunque el nombre de Hemingway estuviera puesto como reclamo para turistas. Con buen ánimo, pedimos un "dry martini". La amable y muy dispuesta camarera, una mujer de mediana edad que se mueve por una barra con la perenne presencia en un horroroso bronce que quiere parecerse a Hemingway, no sabía de qué le hablábamos. Dudaba si aquello que queríamos era un coñac, un dulce o un seco martini, con hielo, con agua, combinado o solo. Cambiamos el deseo, nos conformamos con un gin tonic, que también era propio del escritor. Desde luego no era como aquellos que recuerda en un relato que le servían en Chicote. La literatura todo lo transforma, lo deforma, incluso lo mejora. Era, una vez más, una de esas bebidas servidas con la desgana y la falta de información de la mayoría de los camareros de nuestro tiempo. Bares y camareros que no quieren enterarse que beber también es cultura. O al menos que es un arte menor y divertido.
Tengo un bar cerca de casa, en Madrid, que se llama "Aquí nunca estuvo Hemingway". Esta tarde haré la prueba. No quiero pensar que todo lo que toca Hemingway se convierte en un producto banal para el consumo de turistas poco exigentes y mitómanos de bajo perfil.
[Publicado el 03/12/2007 a las 14:48]
ES UN LINRO MUY BUENO Y LIMNDO Y DEJA UN MENSAJE DE QUQE NO DEBEMOS RENDIRNOR EN LA VIDA Y QUE SIGAMOS ADELANTE
Comentado por: angie lizcano el 28/7/2008 a las 04:39
ES UN LINRO MUY BUENO Y LIMNDO Y DEJA UN MENSAJE DE QUQE NO DEBEMOS RENDIRNOR EN LA VIDA Y QUE SIGAMOS ADELANTE
Comentado por: angie lizcano el 28/7/2008 a las 04:39
Hablando de camareros y literatura me sumo a la charleta...
Los bien pensantes creen que la gente es buena pero si preguntas a los camareros que les sirven t daras cuenta que la gente no es buena. En realidad la culpa de que el mundo este cada día peor no es culpa de los políticos, sino de la gente normal. La gente normal solo quiere calentar el potito en el microondas, coger el coche para ir al otro lado de la ciudad para ir de compras y salir de los centros comerciales con las bolsas llenas de cosas que no necesitan en las manos. Toda es ropa que compran la han manufacturado obreros asiáticos que no tienen derechos y trabajan catorce horas al día. Sin embargo desde las cámaras de comercio nos dicen que la oportunidad de inversión están en países donde la gente no tiene derecho de ningún tipo, más que el derecho a ser un buen esclavo y poder dar de comer a su prole.
Algunos dicen por ahí que vivimos en el imperio de la ley, aunque yo diría que vivimos en el imperio de las leyes que no se cumplen. La gente pija sale por ahí a cenar pensando que el mundo es perfecto pero la realidad es que la mayoria de las personas que les sirven ni siquiera tienen contratos, o si los tienen son parciales, y si por un casual estan legalizados trabajan 72 horas semanales como algún amigo mio y solo tienen un día libre. Lo peor es que dentro de diez años la mayoria de los trabajadores por cuenta ajena, solo libraran un día,y cobraran veinte euros más, y un día los hijos de todas esas personas se preguntaran que a que se dedicaban sus padres mientras poco a poco les robaban sus derechos, y allí estará gente como yo, para decirles a los futuros niños adultos que sus padres se dedicaban a darse festines, cenando en buenos restaurantes y luego volvían a su casa a ver la televisión y leer algún periódico que les de la razón, como el mundo, o el país.
Y es que la verdad es no todos somos iguales ante la ley, por ejemplo yo.
La constitución debe ser salvada, pero debe ser salvada de muchos de esos que la dicén defender...y es que yo tengo licencia para daros problemas...
..... disiento de todo en general...
Comentado por: Alejandro Rojo el 04/12/2007 a las 14:11
La sombra de Hemingway es alargada.Esta primavera pasada,paseando por los jardines que hay junto a la plaza de toros de Ronda me abordó un hombre de cierta edad que se presentó como guia.Con una entonación profunda en un determinado momento dijo : " Me recuerda vd. a Hemingway ".Lo tomé por un cumplido.
Comentado por: maleas el 04/12/2007 a las 12:19
recuerde, hay que visitar Ravena, ahí nunca se nombra el Hotel donde en la calle del teatro entrada cerca Lectores del Círculo, durmió él.
El dry... es siempre Rosso en Rávena
87 .. cerca del noventa...buen´fjoa<hngbksmdñljiubj´ñmbm vmjkeahjdgnds, buenísimo)
Comentado por: Enea el 03/12/2007 a las 21:31
Esto es viejo y largo..con su permiso...
El hombre no està hecho para la derrota, Hemingway
(Y E. Hemingway, Papá, vuelve a Estados Unidos procedente de La Habana, Cuba, en más de 20 mil copias de sus páginas escritas en la Mayor de Las Antillas, un lugar que le apasionaba y donde vivió intensamente 22 años de su vida. Los documentos serán destinados a la Biblioteca del Congreso de Washington. Los originales quedarán en el Museo cubano sobre Hemingway. Entre los valiosos documentos que Cuba envía a Estados Unidos, se encuentran las copias de sus novelas más emblemáticas, "Por quien doblan las campanas" y "El viejo y el mar". Fue una operación difícil, dicen algunas fuentes, porque trabajaron expertos en Hemingway de ambos países, contra viento y marea).
Desde que comencé a leer a Ernesto Hemingway, he mantenido mi homenaje solitario a su obra, sin esconder la pasión que siento por su narrativa y manera de ver y vivir la vida, sin arandelas de ninguna especie.
Hemingway, es una lección para quien ose escribir o intente transformar el ejercicio de escritor, en el pan de cada día de su vida, porque el autor de EL Viejo y el Mar, hizo del oficio la razón de ser de su existencia y se mantuvo de pie frente a la vieja Royal portátil, sobre sus viejos mocasines, con la alegría del compromiso y de robarle unas cuantas palabras a cada día.
Sólo he escrito un par de artículos sobre este viejo lobo de mar, recordado por la vitalidad de sus obras, tan próximas a la gran oxigenación de la vida y al escenario de la guerra, que le tocó vivir y registrar a pleno pulmón.
Está también en un cuento con Roberto Bolaño. Esa es otra historia, escrita e inédita.
Hemingway no sabía vivir a la orilla de los problemas, ni a la vera de la vida y siempre se aproximó tanto como pudo a los grandes acontecimientos, porque sus novelas y cuentos los escribía con el olfato y sobre las riendas de la vida.
Se daba por satisfecho cuando escribía una página al día, porque cada palabra, cada línea, pesaban duro en su conciencia de escritor, en un trabajo cotidiano que sólo concluiría cuando puso fin a su vida de un escopetazo, un dos de julio de 1961.
Hace ya mas de cuatro décadas de ese doloroso día, tiempo en que el escritor norteamericano, laureado con el Premio Nobel de Literatura y consagrado en vida, vivía el vía cruxis de no poder seguir escribiendo.
Memorable es su narrativa tensionada, humana, vivencial, real, en la novela corta, El Viejo y el Mar, un clásico llevado al cine y que todo estudiante de periodismo y aspirante de escritor debe leer.
Fue a mediados de los sesenta, cuando nuestro profesor de Técnica de la Expresión, Antonio Skármeta, nos leyó a Hemingway, ese cuento lleno de atmósfera y suspenso, de odiosidad literaria bien calculada. Me refiero a Los Asesinos, pequeña obra maestra del diálogo y de una agresión en espiral para mantener en vilo al lector y arrinconarlo como los personajes en la desesperación y desaliento de que la vida se puede escurrir si no la acompañamos en su momento de un acto de valentía.
Exactitud y claridad en el lenguaje, exigía Hemingway a sus escritos, y, sobre todo, conocimiento, porque cuando se escribe sobre lo desconocido, “lo que queda es un hueco”, solía afirmar. Escribir con objetividad rigurosa es la única forma de contar una historia, precisó en alguna oportunidad de su vida.
Papá, como le llamaban a Hemingway su esposa. amigos y conocidos en La Habana, Cuba, sentía un particular afecto por El Viejo y El Mar:” Es como si, finalmente, hubiera dado expresión a lo que he perseguido toda mi vida.”
La novela resume la vida del propio escritor y recoge la filosofía hemingweyiana, que le arrastró hasta el día que decidió partir:” El hombre no está hecho para la derrota. Un hombre puede ser destruido pero no derrotado”.
Él vivió al filo de la navaja como Corresponsal Extranjero en la Guerra Mundial, viajó al Africa para oler el viento del León en su propio hábitat y se mantuvo en Pamplona, como un eximio amante de las corridas de toro, sobre cuyo tema escribió piezas de antología.
En una memorable carta a la periodista Mary Welsh, a quien le bautizó cariñosamente Pickle, le confesó que los alemanes están derrotados y sólo tenemos que destruirles la fachada, pero es como enfrentarse al pitcheo de un lanzador veterano, lleno de mañas, que aun puede resistir cuatro innings más. Era el 18 de noviembre de 1944.
Hombre de extremos vivenciales y comprometido con la especie, el autor de Por quien doblan las campanas, Adiós a las armas y Las Islas en el Golfo, vivió 22 años de su vida más productiva en Cuba, en Finca Vigía, convertida hoy en museo y donde escribió El Viejo y el Mar, porque su personaje y mar son cubanos.
Se identificaba con la Mayor de las Antillas, y hasta allí había llegado a fines de la década de los 30, a “esta isla larga, hermosa y desdichada”, como le llamaría, en su novela, “Las verdes colinas de Africa (1935).
En Cuba, Hemingway hizo más historia aun, no sólo como escritor, sino como personaje, con su propia vida de pescador del famoso pez aguja y habitué del bar Floridita, donde creó el Daiquirí Hemingway Special, cuya receta damos a conocer por si algún lector desea seguir las vivencias del gran narrador: coloque en su batidora eléctrica: Zumo de medio limón verde, 2 cucharaditas de zumo de toronja, 2 cucharaditas de marrasquino, 4 onzas de ron blanco, hielo frappé. Batido. Sírvalo frapée en copa de champán.
Papa, contó en alguna ocasión memorable el bartender del Floridita, Antonio Meilán, llegaba a las 11 A.M. al famoso bar habanero y partía a las 4 P.M., con 12 daiquiris dobles en el centro de su humanidad.
El viejo titán disfrutaba, sin duda, del ambiente habanero, donde en una ocasión fue a buscarlo Marlene Dietrich. Allí, en el Floridita, se le vio con Gary Cooper, el torero Luis Miguel Dominguín, Ava Gardner, Sartre, Rocky Marciano y Tenesse Williams, entre otros.
Vivía con los personajes de sus historias, la experiencia de la vida y el mismo solía afirmar:” Yo siempre tuve buena suerte escribiendo en Cuba”.
En el Floridita, conoció a una prostituta, fina, elegante y bellísima mulata, quien se llamaría Liliana en Islas en el Golfo.
Cuando ella murió, Ernesto sufragó los gastos del entierro y la leyenda cuenta que fue el único hombre que la acompañó hasta su última morada, y al regreso, ”bebió más de lo habitual”.
Hemingway, según narra Gregorio Fuentes, el personaje de El Viejo y el Mar, quien cocinaba para el escritor, bebía mucho vino italiano, español y chileno, ginebra con tónica, whisky con soda y ron con hielo y limón. Eran sus bebidas favoritas junto al daiquirí doble sin azúcar, que le enseñó a preparar a Gregorio.
Hemingway estaba definitivamente vinculado a Cuba, a tal extremo que ofrendó su medalla del Premio Nobel a la patrona de Cuba, la Virgen de la Caridad del Cobre, gesto que identifica su agradecimiento a la isla y sus gentes.
El hombre que había estado en una guerra mundial, cazando leones en el África, recibido las esquirlas (más de 200) de una bomba en las trincheras italianas y que había sobrevivido en Kenya, en 1954, a un aterrizaje forzoso de una avioneta, vio paulatinamente disminuir sus capacidades físicas y mentales.
Lloraba porque no podía escribir, su memoria le fallaba ostensiblemente y enfrentaba delirio de persecución. Hemingway ya no quería seguir viviendo de esa manera.
Quien fue siempre la personificación de la vitalidad, no soportaba la limitación de una muerte en vida.
Partió de Cuba a curarse a los Estados Unidos, en Ketchum, Idaho.
Atrás, más lejos del recuerdo, dejó, su vieja Royal portátil, 9 mil volúmenes, unos 50 gatos y la tumba de sus perros, en su Finca Vigía, sobre una colina, en las afueras de La Habana, la más española de las capitales latinoamericanas.
Una mañana en Idaho, se levantó de su cama como si fuera a tomar desayuno y con la decisión de quien va a terminar para siempre un trabajo inconcluso, inaplazable, buceo las llaves donde se escondía una escopeta Boos de dos cañones. La depresión le había ganado el corazón al viejo tigre de Kilimanjaro. Cogió el arma, se sentó en la sala, inclinó su frente sobre los orificios de la escopeta y gatilló.
Rolando Gabrielli©
Comentado por: rolando gabrielli el 03/12/2007 a las 18:39
Creo que no es Hemingway el culpable de la escasez de camareros con oficio. En otros bares, alejados de toda mitomanía, un bloody mary no es más que un zumo de tomate un poco disfrazado.
Comentado por: Valentina el 03/12/2007 a las 15:56
Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía.
En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones.
Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico.
En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.
08/8/2008 19:55
Don Javier, estoy de acuerdo con...
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08/8/2008 19:06
pues ahora que lo pienso, mi...
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07/8/2008 20:02
Publicado por: Una ET en Euskadi
07/8/2008 19:05
tremendo, Rioyo, tremendo este...
Publicado por: michele corleone
07/8/2008 11:01
Publicado por: Jose Luis
06/8/2008 22:02
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