El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
viernes, 8 de agosto de 2008
El efecto Guggenheim
Así se llama un ensayo del pensador y profesor que surgió de Deusto, Iñaki Esteban y que sabe muy bien de qué espacio habla. El lugar donde hoy está ese corazón de Bilbao ayer, hace diez años, era el lugar de la herrumbrosa decadencia de una ciudad famosa por su orgullo -entre otras muchas cosas- pero que estaba conociendo tiempos de decadencia. Llegó el Guggenheim, y sobre todo, llegó el edificio de Frank Gehry y el basurero de esa zona se convirtió en emblema de modernidad. En ornamento de una ciudad que pretendía ser otra, quitarse boina, soltarse mitos y mirar al futuro sin complejos.
Eso no es fácil, no se hace solo con una arquitectura espectacular, con un museo llamativo, con esponsorizaciones globales y con otros arquitectos estrellas llenando con su firma el metro, los puentes o los nuevos rascacielos de una ciudad tradicional, de una ciudad que conoció el cambio -no sin resistencia- de los verdes valles a las colinas rojas. No es solo el efecto Guggenheim el que permite el cambio en el espíritu de la ciudad.
Como dice Iñaki Esteban, “hablar del Guggenheim sólo como cultura es como hablar de fútbol de Primera División solo como deporte”. El Guggenheim y su efecto son mucho más que un hecho cultural. El efecto Guggenheim, si no se tuerce en proyecto solo ornamental o se banaliza en sus contenidos, es en diez años de vida el ejemplo de cómo se inventa un lugar simbólico del cambio de una ciudad. De la transformación de un pueblo y de sus relaciones con el exterior. El efecto de apertura al mundo y su complejidad, la ruptura con un nacionalismo cerrado y de taberna , el fin del orgullo de raza y el ser capaces de saber que en el mestizaje, en la llegada del otro, de los otros, está la mejor solución contra el muro de la intolerancia.
A pesar de los gustos de Gerhy también han limpiado el entorno. Lo han ajardinado, suavizado, dulcificado. Ya no tiene la personalidad herrumbrosa de antes, ese aspecto industrial, lleno de contenedores, de vías electrificadas o de pintadas pro-etarras. Han querido limpiar, despejar y hacer brillar lo que Esteban llama “un inmueble fotogénico, orgánico y orgásmico”.
Estuve en la inauguración, he vuelto después de diez años. Han pasado muchas cosas, muchos Armani, Hugo Boss y otras fáciles marcas del lujo “popularizado”, pero también han venido algunas exposiciones que merecieron la pena. Y sobre todo, ahora, en esta conmemoración, para los que quieran seguir el mejor arte del imperio americano, la innovación de lo que nos vino de USA -un arte imprescindible para entender nuestro tiempo- que se disponga a visitar esa exposición llamada “Art in the USA”. Un mundo lleno de hermosas paradojas.
Visita aparte los laberintos de Richard Serra. Como si paseáramos por Fez, por un cañón o por las estrechas calles de alguna ciudad silenciosa. Hermosas sus hierros que van cambiando el color con los años. También la herrumbre es hermosa. ¿Dónde estarán las toneladas perdidas en el Reina Sofía? ¿Estará la obra de Serra siendo vendida como chatarra? Que la chatarra no llegue al efecto Guggenheim.
[Publicado el 22/10/2007 a las 09:53]
el libro se llama 'el efecto Guggenheim' del espacio basura al ornamento.
un gran ensayo y mejor labor periodística ademas de un interesante planteamiento estético.
Comentado por: misshien el 27/5/2008 a las 15:19
estoy totalmente de acuerdo con partisana, soy una estudiante de historia del arte que está ahora mismo enfrascada en un trabajo febril acerca del guggenheim, lo elegí precisamente porque me parecia uno de los modelos mas dinamicos e innovadores que se ha construido a raiz de la fiebre postindustrial y además de entender todas las innovaciones y mejoras que ha supuesto para bilbao el museo guggenheim... entiendo que haya sido quizás un burdo pretexto el hecho de que sea algo cultural...ya que cuando estás dentro del guggenheim, a parte de que exige tener una capacidad de lectura de las obras de arte realmente eruditas tras la cual buscas las audioguías las cuales nos tratan como subnormales, suerte que son máquinas..así no las odiamos tanto...eso sin olvidar que ves más gente admirando la arquitectura que el resto de obras de arte (todo lo que no es la arquitectura)... así pues me pregunto si es posible salir del guggenheim con la total conviccion de haber aprendido algo...tengo por seguro de que si se es una mente con un mínimo de inquietud nos acabaremos preguntando quien ha escrito realmente los guiones de audio a los q nos aproximamos como borregos mientras vemos la cartela de la obra ...puesto que para el 98 % de los visitantes no supone nada didáctico observar adquisiciones como los tulipanes de koons... señores... solo falta poner toboganes que bajen desde las pasarelas superiores...y un par de piscinas...que los trapecistas tienen forma de mando a distancia.... y tambien hay payasos... esas obras de arte... porque el observador del guggenheim..no va a ver nada más alla de sus narices...y eso es porque no está bien planteado.
Comentado por: misschien el 27/5/2008 a las 15:15
"Ya no tiene la personalidad herrumbrosa de antes, ese aspecto industrial, lleno de contenedores, de vías electrificadas"
Ejem... Así le va al Athletic
Comentado por: Salicio el 23/10/2007 a las 13:32
Comentado por: terra el 23/10/2007 a las 03:24
No ha leido el libro de Esteban, es una crítica a la disneyficación del arte. De como se llega a comprar a los odiados americanos por parte de esos detentadores de esencias nacionalistas, un modelo cultural. Como lo mejro que ha sucedido es que una marca que nada tiene que ver con el hecho vasco ha servido para poner el País Vasco en el mundo. Un intelectual que no es crítico, como Vd. y que lo único que valora es lo correcto tiene que leer antes de opinar. Guggenheim sí pero camelos no.
Comentado por: partisana el 22/10/2007 a las 20:09
El efecto Guggenheim. Por fín la gente sabe porqué quiere ir a Bilbao. Leí que Ghery se quejaba de que había hecho el museo a imagen y semejanza de su entorno, pero que se lo habían cambiado: pulido, embellecido, normalizado. En ese paisaje brumoso, gris e industrial habían plantado alegres jardines con flores, ya era otro. Ahora el Guggenheim no tendría sentido. Ghery habría hecho otra cosa. En otro sitio.
Comentado por: escarola el 22/10/2007 a las 13:25
Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía.
En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones.
Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico.
En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.
08/8/2008 19:55
Don Javier, estoy de acuerdo con...
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pues ahora que lo pienso, mi...
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