El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
domingo, 6 de julio de 2008
LA FIESTA
Me estoy haciendo mayor. Es decir, soy mayor. No vale mirar para otra parte, nada se soluciona. Ayer sufrí la evidencia de las molestias que las fiestas de un pueblo pueden causar a un mayor. No era fácil ser ajeno a los ruidos tan burdos, a la grasa en venta desde los chiringuitos, a sus tómbolas populares y a esos juegos pensados para intentar que los niños se abran la cabeza. Todo eso mostrado en un pueblo castellano, más pobre que rico, entre el abandono y la despoblación pero, eso sí, engalanado con lucidas y deslucidas banderas españolas -y otras banderas de entidades menores o mayores– amenizado con orquestas, socializando -pero no demasiado- con bailes populares, comidas grupales, romería, procesión, ofrenda a la patrona, fuegos artificiales… y los toros. Nunca pensé que los toros pudieran aburrirme tanto. Y algo peor que aburrirme, entristecerme y molestarme.
Es posible que este síndrome de rechazo a la fiesta nacional sea pasajero, que vuelva a mi afición por la tauromaquia, mi pasión por la emoción sentida algunas tardes, con algunos toreros. Pero no creo que los toros, al menos los que se pueden ver en la mayoría de los pueblos en fiesta, me ayuden en estos momentos de crisis con mis propios gustos.
Vengo de asistir a una corrida de toros en un pueblo segoviano. Una tarde de fiesta que prometía diversión aún en su rudimentaria manera de entender la fiesta de los toros. Y nada. Lo mejor era la curiosa vieja plaza, su popular construcción con piedra negra. El resto era un pequeño drama que pudo ser una tragedia. El drama de unos toros inadecuados, unos toreros ineficaces y una cuadrilla temerosa. Había poco dinero y eso se nota. Me horrorizó una carnicería, una matanza caótica, una tarde llena de desastres, en directo con unos toros grandes mansos y peligrosos frente a unos toreros jóvenes, inexpertos e inconscientes. Lo peor era el voluntarismo, las ganas de triunfar de esos jóvenes desconocidos que deben cobrar muy poco dinero. De esa cuadrilla que todavía se enfrenta a un torpe animal de más de 500 kilos, porque tendrán que hacer frente a la hipoteca o los colegíos de los niños.
Se me calló la fiesta de los toros en una feria de un pueblo de Castilla. Intentaré recuperarla en el otoño madrileño. En la “seriedad” de la plaza de las Ventas. O con toreros que sean o quieran parecerse a José Tomás. Con toros que sean, o se parezcan, a esos que algunas tardes pudimos ver. Es decir, prefiero la irrealidad de la fiesta de unos pocos. De pocos momentos, pocas tardes, pocos toreros y pocos toros que la realidad de la fiesta tal y cómo suele ser en los pueblos españoles. Me borro de esas fiestas populares.
[Publicado el 10/9/2007 a las 12:16]
María Fernández lo dijo por mí:
No se cargue a los vivos.
Viejos y fatuos ladrones de Las Ventas de Sony y José Tomás Muñoz Romero, dejen de azuzar a los toros (a los otros).
Agradezcan que aunque ya estén decrépitos, teñidos y decadentes todavía tienen salud y cobran por sus cursilerías gracias al amiguismo se secta secreta que los protege.
Joaquín Sabina va a pagar el acoso moral de torearme inescrupulosamente. Usted no le haga de banderillero. Sea prudente.
Si es deplorable que lo hagan con animales cuantimás con las mujeres.
(las chicas no abundan dice Ferrater, pero no abundan para los que necesitan tomar viagra, señores).
Pasarle la factura a quienes se arrogan el uso de la palabra escrita en medios masivos y educadora de rebaños ingenuos es la fiesta de la clase popular. Lo estamos disfrutando en buena forma.
Llámalo como quieras, pero los perversos mezquinos están debiéndome una fortuna por el espionaje enfermizo del voyeur solitario y onanista cantautor. Y El país les patrocina una gira millonaria. Pero "el diario no hablaba de mí". Eso me perjuicó mucho en cuanto a difusión y marketing. ¿Te das cuenta, no?
A ver si se entiende lo que digo. Si no usa audífonos porque no pienso gritar:
La mafia tiene dos opciones.
Me pagan la indemnización por los daños o me pagan doble por las molestias del reclamo, también.
Elijan.
(No hay tercero excluido).
Lu- porque estoy harta de tener a la Cìa sobre mis espaldas.
Comentado por: Lucïa Angélica Folino el 14/9/2007 a las 14:23
Comentado por: Alex Rojo el 11/9/2007 a las 13:46
Malas tardes,que son la mayoria,pueden darse hasta en Las Ventas.De hecho a mi me ha ocurrido lo contrario,me prometí no volver a esa plaza.
Del publico madrileño contaba Juan Belmonte:
"Otro tipo que me pone frenetico es el aficionado madrileño que en su plaza se deja llevar facilmente por el entusiasmo (eran otros tiempos)y en cambio cuando asiste a alguna corrida en una plaza de provincias se empeña (eso parece continuar) en molestar a los indigenas manifestando su disconformidad con todo lo que ellos aplauden de buena fe.
-.¡ Que no todos somos de pueblo! -grita nuestro hombre con un marcado acento de sainete.
Y dan ganas de retorcerle el pescuezo.
Comentado por: maleas el 11/9/2007 a las 10:33
La iglesia de Trohdheim y Josep Pla. Estuve allí. Él estuvo allí. Es mi 'Las Ventas' de ahora. Nada serio. No es importante nada, pero abres el libro y te lo encuentras. Nada acaba ahí. Todo comienza. Porque de la conexión entre Trondheim, el número 13 y Linda-A-Velha Pla nada sabe. O sí. Porque sus palabras sobre los atarcederes noruegos y la fantasía sueca en esas 'Cartas de lluny'(1947) llenas de sabio sentido del humor son capaces de hacerme retornar allí (¿con él? efectivamente, con él)
Eso son las fiestas que yo llamo íntimas y ¿tangenciales? Tal vez son paralelas pero el punto de encuentro existe.
Le deseo buenos momentos en sus Las Ventas, Rioyo, que seguro que le llevan a otros sitios. A los sitios se va o de los sitios se viene, pero lo que me gusta más son los sitios que se rozan.
Bona nit.
Comentado por: alice el 11/9/2007 a las 00:25
Pero en realidad tampoco fui a muchos circos de cuerpo presente. Algunos son dudosos: me los contaron. Otros los intuí. De algunos sólo recuerdo ver montarlos y de otros, desmontarlos. Otros los vi desde la ventanilla trasera del coche. Los más lejanos los he visto montarse y desmontarse en varios sitios donde nunca he estado. Pero miento: he estado en todos esos lugares porque la vida es tangencial como los campanarios de las iglesias.
Comentado por: alice el 11/9/2007 a las 00:03
A mí de pequeña me llevaban al circo. Hay circos en algunos países. Quedan pocos. Eran nómadas y provisionales. Eso me gustaba mucho. Siempre me gustó ir a sitios para ver el vacío que queda tras la ausencia. Eso pasaba también con las atracciones de feria. A pequeña escala también pasa cuando desmontas la minitienda de acampada tras unos días y te pones bajo los pinos y ves la hierba aplastada por el peso. Fiestas. Con poca gente se hace una. Cada vez más tranquilas y ya sin policía ni carnet en la boca.
Comentado por: alice el 10/9/2007 a las 23:24
siempre me pregunté porqué después de Navacerrada, bajas y bajas entre un espesor verde que respiras tanto qé dices ...así subían aqui a los de la tuberculosis ya tendría yo... ah!
al canto ! no me extraña que verde pulmón y luego llegas a la Granja qué silencio qué paseo que palacio más muerto
qué bellos los toros cuando pasean por el campo... me encantan los toros,son muy bellos, muy bellos; la fiesta no
bueno
Enea
Comentado por: Enea el 10/9/2007 a las 22:06
uh! hu... El Escorial! me encanta El Escorial, todo ( menos el Belén gigante que hace que... no por favor, eso no... y la romeríaaaaaaaaaaaaa)
pero en invierno cuando casi no hay nadie ( entre semana, uf!)
qué belleza, qué paseos sin el arco y el tiquet del coche eso sí el de los helados... me encanta El Escorial ( Segovia también) cuadno se queda en silencio y no sabes si subir al puerto o bajar los pinos verde de tronco inmenso para que no se los cama la nieve
qué bella Castilla
Enea
Comentado por: Enea el 10/9/2007 a las 22:00
En cuanto a las fiestas populares españolas en pueblos pequeños, y también grandes, ese afán hispánico hacia la brutalidad, la irracionalidad y sobre todo la crueldad. Esto lo retrataron bien Baroja y Valle-Inclán. Pero hay un libro, de un escritor olvidado amigo de C.J.Cela, llamado "Torerillo de invierno" que refleja muy bien ese "ambiente" su autor el escritor coruñés Mariano Tudela.
Comentado por: jose manuel sánchez-paulete el 10/9/2007 a las 19:28
Y Rioyo es de los menos autistas y de los que menos pasan de sus comentaristas, me parece. Un saludo.
Comentado por: Mercredi el 10/9/2007 a las 14:30
Ah, eso sí, el autismo de los bloggers también es deplorable, se extiende poco a poco incluso a los comentaristas... Creo que eso tiene que ver también con el hecho de que uno se sienta desatendido y libre para hacer y soltar lo primero que se le pase por la cabeza. Si al fin, no hay nadie. Y moviéndose entre gente que defiende abrirse paso a navajazos, pues ya me dirán.
Comentado por: Mercredi el 10/9/2007 a las 14:29
No intente recuperarla, saldrá ganando. Y aquí tiene un apoyo en la "censura" aunque lo hiciese con uno mismo de mis comentarios si alguna vez me paso, todo puede ocurrir. Es una vergüenza cómo manipulan y utilizan el lenguaje ésos que se escudan en la libertad de expresión para realizar actos que entran directamente en la ilegalidad. Insultar no es opinar y sí es incluso denunciable. No se escuden, señores, en eso por lo que la gente ha luchado, y que han defendido incluso con su vida, ensucian esas vidas.
Lucía, usted es algo más que sus palabras, gracias a dios y cuando la rechazan no lo hacen en conjunto, rechazan su actuación concreta, no su persona. Y últimamente hasta se pega buenos golpes de humor! ¿Infidencias? :DDD
Yo, lo siento, pero eso de los insultos o estás de guasa con tus amigos y de cachondeo y tal, y aún así tiene sus límites o nada.
Comentado por: Mercredi el 10/9/2007 a las 14:24
Señor Rioyo sigo el programa de libros que presenta usted. Hasta hace unos días lo tenía por una buena persona. Entre en su blog a raíz de leer al Señor Montero Glez en su Trinchera Cósmica. Y de esta forma llegué al artículo titulado Glez Y Los Vómitos.
A título personal Rioyo, aunque su artículo carezca de arte, hay que reconocer que está escrito con la mala fe que produce la envidia. En mi opinión, lejos de querer defender a esos que usted llama amigos, trata usted de linchar a este gran escritor que es Montero Glez. Pero amigo mío hay que limar mucha torpeza para dar cabida a tanta crueldad.
Al contrario que usted, como lectora de ABC, celebro que se puedan leer autores que dominen su herramienta de trabajo y que llamen a las cosas por su nombre. Y decirle también que he visto a Don José Antonio Zarzalejos en un programa con el Señor Quintero y me pareció una persona sensible que disfruta con el arte. Tal vez por eso carezca de envidia hacia autores de la talla de Montero Glez. Decirle también que sigo a este autor desde sus comienzos, cosa que debo agradecer al Señor Pérez Reverte.
Señor Rioyo sigamos celebrando el arte de los muertos sin intentar cargarnos el de los vivos. Ocupe su tiempo en moderar tanta envidia que trae malos resultados.
Y por último una confesión: Yo al igual que usted soy una escritora frustrada pero eso no me impide disfrutar del arte de uno de los más grandes autores, nuestro Montero Glez.
Le pido que lo intente Señor Rioyo, relájese y disfrute. Nada es imposible.
Ni tan siquiera ser tan mal comunicador como usted y vivir de ello. Anímese Señor Rioyo, la esperanza es lo último que se pierde.
Comentado por: Maria del Carmen Fernández. el 10/9/2007 a las 14:13
Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía.
En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones.
Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico.
En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.
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