Minisite sobre Kapuscinski

El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

viernes, 8 de agosto de 2008

Blog de Javier Rioyo

ADIÓS RÍAS

Adiós montes, adiós ribazos pequeños, adiós chiringuitos, adiós atardeceres mirando a las Cíes, adiós noches de jazz en Cangas, adiós bichos de las rías, adiós vinos de blancos varios, adiós suavidades del clima, adiós tantas suavidades del clima, de los sentidos que uno tiene en este hermoso, caótico e imprevisible lugar del mundo que es Galicia. Confeso amor de todos los veranos, y de otros tiempos del año que yo me sé.

Me voy para soñar con volver cuanto antes. Y me voy con una polémica de fin de verano. Las opiniones de Rajoy sobre el himno gallego de Eduardo Pondal. La verdad es que hace tiempo no hago mucho caso a lo que diga Rajoy. Tampoco voy a cambiar a estas alturas del partido. No le gusta el himno. Al menos no le gusta mucho.

A mí tampoco me gustan los himnos. No tengo himno. Se encargaron de ello algunos políticos que todavía sobreviven, qué casualidad, en las cercanías del partido de Rajoy.

Solo me emociona la Marsellesa cuando la cantan en Casablanca. Y el himno de Riego por razones de nostalgia de lo no vivido. Pero puedo vivir sin himnos. Ahora los niños gallegos desde los ¿tres meses? aprenderán el himno en sus “galescolas”. Bueno, eso será un poco exagerado. Lo de “galescolas” suena un poco pasado de nacionalismo. Y tampoco somos nacionalistas. Ni siquiera españolistas.

Me parece que los himnos, cuando de verdad tienen sentido, es cuando son expresión poética de un sentir común. Seguro que el de Pondal está muy bien, pero no creo que sea muy importante que todos los niños gallegos vengan al mundo con un himno bajo el brazo. A mí también me gustan las canciones de Siniestro Total, de Julián Hernández, como modelos de otra manera de ser gallego. Quiero decir que tenemos muchos himnos en la vida. Conozco cantantes de Úbeda que han sido capaces de hacer himnos para varias generaciones y para varios pueblos. Los himnos no se deberían imponer. Deberían ser como Negra sombra o como Asturias patria querida, los hacemos nuestros porque nos emocionan. A mí me gusta Suspiros de España, es casi un himno. Quizá sea el himno español, muy español, que más me gusta. ¡Y yo que pensaba que no tenía himno! Y, además, no me pensaba tan español. En fin. Que cantaré, sin imposiciones, el himno de Condal si dentro de unos años ya está en las emociones de las fiestas y en las versiones libres de las noches de jazz y vino blanco. Cualquier cosa para volver a Galicia.

Soy gallego de Tirso de Molina, como Valle Inclán, con perdón y sin permiso. Gallego del callejón del Gato. Y gallego de las invenciones de Cunqueiro, con más perdón. Hasta gallego de la capacidad escéptica de Camba, con mucho perdón de estos tres gallegos que no están en las prioridades de los mandatarios nacionalistas. Que recuerden que grandes gallegos pudieron ser, fueron, personalidades tan poco nacionalistas como Maruja Mallo o José María Castroviejo. Pero éstas son otras músicas y ahora no tengo la gaita adecuada. Pues eso, que me voy pero ya estoy pensando en la vuelta.

[Publicado el 24/8/2007 a las 12:47]

[Enlace permanente] [Imprimir] [Enviar a un amigo]

Compartir: añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  añadir a meneame 

Comentarios (8)

  • Maleas, me suena mucho el título pero no consigo recordar si lo llegué a leer o no, a veces uno olvida la asociación entre libro y autor y cree que no ha completado una novela de determinada persona y sí que lo ha hecho. El libro de Cela que dejé era una historia, me parece que de viajes que me aburrió muchísimo y lo dejé en las primeras páginas. De todas formas, creo que lo que en verdad se le reprocha a Cela tiene que ver precisamente con aquella época, algún comentario he oído o leído; no tengo ni idea en realidad, entiéndame, no lo conocí ni mucho menos y ya se sabe cómo es el mundillo de los célebres, igual de "cotilla y murmurador" que el de los no célebres pero con más repercusión. No suele importarme gran cosa lo que me cuentan, procuro al menos que no me influya demasiado, prefiero formarme mi propia opinión, cuando hay alguna opinión que formar. De todas formas hay que reconocer que el hombre, a priori, no era precisamente alguien que resultara "simpático", con la sonrisa a punto, no.
    Me llama también la atención cómo llega la comprensión tardía, uno vive sin entender y con el tiempo llega el descubrimiento y observas sorprendido cómo algo en lo que ni pensabas vuelve a hacerse muy presente, el cerebro no perdona las discrepancias. Es una pena o tal vez no, es así y ya está, en las relaciones entre personas. Muchas veces las comprendes cuando ya no están en tu vida. No puedes ofrecerles esa cercanía. Supongo que llega un momento en que ellos-nosotros lo sabemos, que algún día nos redimirán.
    Alex, precioso su comentario de hoy. ¿Máscaras? quienquiera y si no pues no ocurre nada. Un saludo. No se sienta distinto, los raros siempre son los demás ; )

    Comentado por: Roberto el 27/8/2007 a las 22:34

  • Javier, estoy de acuerdo contigo. No me gustan los himnos, con la excepción de 'La Marsellesa', el de 'Riego'por lo mismo que tu dices, 'nostalgia de lo no vivido' y 'Suspiros de España', que bien sonaba cantado por Diego 'El cigala' al final de la pelicula 'Soldados de Salamina'.

    Salud.

    Comentado por: Francisco Lopez el 27/8/2007 a las 17:19

  • Roberto,Pascual Duarte es una pequeña obra maestra,el negativo de aquellos hechos que aún estaban sangrantes en la memoria de su maestro.

    Comentado por: maleas el 27/8/2007 a las 00:43

  • Dice, Luis Cernuda: “No fue la primera vez que te enamoraste, aunque sí fue acaso la primera que en el sentimiento, todavía sin nombre, urgió sobre tu conciencia. Luego tu sentimiento se olvidó, lejos la causa de él, como se olvida un despertar breve del amanecer cuando la luz apenas despunta y el cuerpo cae de nuevo en la ignorancia del sueño. Ni pensaste que podías verla más, inapercibido ante la premura del tiempo, tan temprano aún, que apenas si en la vida nos permite espacio para toda la ternura de que seríamos capaces.”

    Desde tiempo inmemorial nuestros ancestros vestían máscaras. Levi-strauss decía que se podía clasificar a las sociedades en las que tienen máscara y las que no las tienen. Había en lugares en las que representaban un entorno, un estatus social. Una máscara no es solo lo que representa sino sobre todo lo que transforma, es decir , lo que elige no representar. En los carnavales vestían máscaras como una forma de arrancarse su vestidura social impuesta por el nacimiento y alejarse mientras la llevasen puesta del mundo cotidiano. Las máscaras eran como las imágenes condensadas de un sueño. Era así una manera de quedar libres para entrar en contacto con otras fuerzas, otros mundos, como el amor o la muerte.

    En la antigua Grecia en las obras de teatro de Esquilo , Sófocles y Eurípides se ponían máscaras para representar a dioses y héroes de los grandes dramas. Así las máscaras son a la vez el medio por el cual el hombre entra con el mundo sobrenatural. Así los hombres al enmascararse traían a los dioses a la tierra, revelando su existencia e introduciendo al hombres en sus misterios.

    Cuentan los ancianos que de generación en generación los elefantes viejos apunto de morir suben al Kilimanjaro para tirarse por su cráter. Así los hombres continúan con sus tradiciones ancestrales poniéndose máscaras todos los días a veces como forma de supervivencia. Una máscara que transforma su verdadero ser por el que fingen representar. Así el hombre camina perdido en un baile de máscaras en que no se sabe nunca quien es quien y en el que los dioses vestidos con sus máscaras bailan entre nosotros.

    Durante las largas edades del hombre muchos pueblos han pintado y tatuado su piel realizando una función similar a las máscaras para reafirmar su condición humana o transformarla. Llegando al punto que el que no se tatuaba eran bestias que vivían en estado salvaje y no eran dignos de ejercer una función social. Me pregunto si tal vez mi problema es que no llevo como otros personas una máscara que oculte mi verdadero ser.










    Comentado por: Alex Rojo el 26/8/2007 a las 19:52

  • Nunca he podido leerme un libro de Cela y sí, lo intenté.
    Cuando era pequeño nos llevaron de visita escolar a unos cuarteles militares. A la vuelta, en el autobús, íbamos cantando y de pronto alguien propuso una "balada" a la que el profesor reaccionó, a mi modo de ver por aquel entonces, extrañamente: con una impresionante cara de susto y cabreo nos mandó a callar inmediata y secamente. Hasta varios años después no supe lo que había pasado. El momento quedó grabado en mi memoria como uno de esos enigmas pendientes y al cabo del tiempo, sí, aquella alegre canción resultó ser el himno independentista de mi región. Franco aún no había muerto por entonces. Luego, con la lenta toma de conciencia, me enteré de la República, la guerra civil y las purgas del profesorado.








    Comentado por: Roberto el 26/8/2007 a las 14:15

  • Cela,posiblemente el escritor mas odiado de España,tambien era gallego.Odiado por unos por envidia,un Nobel no se perdona por estos pagos asi como asi,pero tambien por sus excesos verbales,politicamente incorrectos,verborrea de hombre obeso y fanfarron aún que en ocasiones afilados,por otros.

    Comentado por: maleas el 24/8/2007 a las 22:26

  • que los tambores aturden! !!!!!!

    bello! pues

    que la vida es... no la furia que leemos o no en los libros... bien es levantarse y .. hoy

    Enea

    Comentado por: Enea el 24/8/2007 a las 17:44

  • Para gustos hay colores. Lo mismo pasara, imagino, con los himnos. No soy muy de símbolos y signos como los que representan los himnos, banderas, etc. Pero reconozco que hay algunos que me emocionan. Y es por el poder de la música. Como La Marsellesa que usted cita. O el God Save The Queen. O el italiano, que creo que es de Verdi. O el del Barça (y eso que soy del Madrid) O mas recientes como el We Are The Champions de Queen o el de El Arrebato para el centenario del Sevilla.
    Mi himno, como buen utópico, es Imagine de Lennon

    Comentado por: Adrian Vogel el 24/8/2007 a las 13:04

Deja un comentario




Tu correo electrónico:


Escribe los caracteres de la imagen (para evitar SPAM):
captcha


Comentario:


Foto autor

Biografía

Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía.

 

En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones.

 

Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico.

 

En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.

© 2005 La Oficina del Autor (Grupo PRISA) | Gran Vía, 32 6ª planta - 28013 Madrid | | Aviso Legal | RSS

Página desarrollada por Tres Tristes Tigres