El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
domingo, 6 de julio de 2008
SIN CLASIFICAR
En una terraza de Montevideo, en un bar para ver la ciudad silenciosa, en una de las casas más altas del casco viejo, en un lugar tranquilo como el espíritu de la ciudad, después de haber buscado -y encontrado- libros por los rastros, librerías de viejo y tenderetes que la ciudad ofrece, estaba pensando en lo rara que es esta ciudad.
¿Qué es raro?...No lo tengo claro, pero ya es raro que los centros no estén multinacionalmente con la comida rápida, la moda rápida, la vida rápida. Y, no estando virgen -¿dónde las virginidades?- todavía está de muy buen ver. Todavía no está derrotada. Seguramente lo conseguirán. Harán de éstos boliches, de estas viejas librerías, de estos cafés y estas tiendas populares, otra parada multinacional para la uniformación y el dejá vu. Para que sea inútil e innecesario el viaje.
Pero la ciudad me parece hermosamente rara también por quienes la representan. Por ejemplo tres de los más inclasificables escritores franceses nacieron aquí: Isidoro Ducasse, el conde de Lautremont, del que siempre nos acompañaran sus cantos de Maldoror. También aquí nació otro raro, Jules Laforgue, simbolista en Uruguay, y del grupo de los Hydropathes del siglo XIX en Francia. Y otro que completa el trío de los franco-uruguayos, el más cercano, el contemporáneo de muchos de nuestro poetas del 98 o del 27, Jules Supervielle, también comenzó siendo simbolista, pasó por el surrealismo y terminó encontrando su propia voz.
La lista de los raros de Montevideo tiene muchos nombres, muchos nacionales, pero uno de los más grandes, posiblemente el más grande de los escritores de la ciudad -otra cosa son los pintores, con el enorme y cada vez más reivindicado legado de Torres García- es Juan Carlos Onetti. Misterioso, profundo, cercano, universal, triste e irónico como su propia ciudad, el autor de El astillero, Una tumba sin nombre, La vida breve o Juntacáveres, hace que los paseos por esta ciudad sean algo ya conocido, sin que los datos, los nombres, los lugares o las calles sean nombradas como son -algunas veces sí- sino como las imaginamos. Otro autor sin clasificar, como algunos de los más grandes de este lado del español, del castellano, del territorio de La Mancha. Onetti, que no cabe en el “boom”, que un día tuvo que dejar su ciudad, llegó a Madrid, divisó el panorama desde sus ojos lúcidos y miopes, se metió en la cama y decidió no levantarse. Seguir viviendo, bebiendo y escribiendo. Eso sí. Un grande sin clasificar. Como otro, este no de Uruguay, de Córdoba, antiporteño, casi eterno -murió a los 106 años- y casi oculto a pesar de haber escrito alguno de los libros más sagaces y geniales en nuestro idioma. Otro día hablaremos de ese raro, ese inclasificable, llamado Juan Filloy.
[Publicado el 12/4/2007 a las 17:01]
Como hijo de esa "ciudad hermosamente rara" y después de 29 años en España tratando de compatibilizar recuerdos y realidades, agradezco a quién es capaz de resaltar las pequeñas virtudes escondidas tras los grandes defectos de un país.
Comentado por: Winston Spano Vilanova el 15/4/2007 a las 15:56
No hay ciudades más unidas por aquello que las separa: "El mar de la plata". Buenos Aires, Montevideo.
Comentado por: jose manuel sánchez-paulete el 14/4/2007 a las 21:04
Maravilloso Onetti. Me encantó "El Astillero", con ese como hacer algo, inútil, pero que llena la novela.
Espero algun día viajar a Montevideo y comprobar lo que dice.
Comentado por: Estefani el 14/4/2007 a las 18:09
*Y, no estando virgen -¿dónde las virginidades?- todavía está de muy buen ver.*
¿Dónde podrían estar las virginidades? Las virginidades, en su conjunto, residen en el alma que, por estar compuesta de partículas más ligeras que los neutrinos, nunca logra saciarse por más que lo intente (y no será porque no lo intenta). Y se lo digo con toda el alma. Sólo los cuerpos pueden dejar de ser vírgenes (algo es algo).
...*murió a los 106 años- y casi oculto a pesar de haber escrito alguno de los libros más sagaces y geniales en nuestro idioma. Otro día hablaremos de ese raro, ese inclasificable, llamado Juan Filloy.*
Por lo menos, tuvo tiempo de aburrirse por las tardes contando faltas de ortografía. Estoy deseando saber algo de él. Por cierto, ¿qué comía...? ¿Creía en Dios y en los extraterrestres...? ¿O sufría por culpa de la longitud de las calles y los atardeceres...? Veremos pues.
Le envío un saludo (a Vd.).
Grifo
Comentado por: Grifo el 14/4/2007 a las 00:54
Da gusto saber que aún existen lugares sin estar colonizados por el fenómeno global. Yo gracias a dios, tengo a mi alcance algunos paraísos perdidos en forma de playas sin edificios... .
Comentado por: Diógenes el 13/4/2007 a las 16:46
De Felisberto Hernández tengo a mano "El Cocodrilo", Ed. Biblioteca Básica Universal. Centro Editor Amárica Latina. 1971. Hay ahí un cuento, "El primer concierto", donde la vida del personaje es ironía pura, hasta se llega a pensar si la vida de cada ser humano -por grande o pequeña que sea- no será, al fin, un modo particular del irónico vivir. Por otro lado, sobre Juan Carlos Onetti, escribió Juan José Saer -otro grande- "La rebeldía del derrotado". Y también, en otro lugar, se puede leer la correspondencia entre Mario Benedeti y Onetti, imperdible. Gracias, Rioyo, por hacer del día que transcurre una jornada buena.
Comentado por: Lectora Porteña el 13/4/2007 a las 14:37
Comentado por: Filemon Pi el 13/4/2007 a las 13:41
Seguir viviendo, bebiendo y escribiendo
y fumando, fumando me contaron una vez que era casi una obsesión corporal fumar, se levantaba y despertaba solo con esa necesidad.
El Astillero me fascinó cuando lo leí, hará unos seis años y devoré las otras, y releí el Astillero en menos de una semana pensé será eso fumar?
qué brutalidad, Luis. Sí,Carlos
después buen paseo
Enea
Comentado por: Enea el 12/4/2007 a las 17:18
Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía.
En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones.
Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico.
En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.
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