El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
viernes, 4 de julio de 2008
ELOGIO DEL DESORDEN
El otro día, en París y sin aguacero, me compré por pocos euros un delicioso panfleto/libro de una colección de los años veinte de la editorial Hachette. El que yo compré se llama Éloge du désordre, por Gérard Bauer. Un libro que se llamara Elogio del desorden me parecía destinado, me estaba esperando hace tiempo. Al regresar a casa, a Madrid, lo quise leer enseguida pero lo traspapelé entre mi desordenada mesa de trabajo, y como el pobre no es muy voluminoso, estaba perdido entre papeles, libros, invitaciones y otros objetos de mi más o menos controlado desorden de cada día. Ayer apareció. Lo abrí con cariño, como el que se introduce en una casa conocida, en una habitación amiga, en una cama de amante, en fin, en uno de esos lugares donde suponemos que vamos a estar cómodos. Lo primero que leí fue la apetecible colección de la que este “elogio” es el primero. Otros son elogios de la frivolidad, la ignorancia, el esnobismo, la coquetería, la curiosidad, la murmuración, la tontería, la pereza -no el muy querido libro de Paul Lafargue, el muy interesante y vago revolucionario y yerno de Marx- , la fealdad, la mentira, el egoísmo o la golosina. Todos asuntos cercanos, conocidos, admirados o muy atractivos.
Tengo que hablar con alguno de esos amigos editores de libros pequeños, raros e interesantes. No sé si existen traducciones de esta colección. Pero el asunto vale para proponer traducciones, rescates de estos textos leves y provocadores de los libres años veinte o para proponer una nueva edición. Me encantaría dirigir esa colección. Ya estoy pensando algunos nombres adecuados para cada tema de elogio. También se podían añadir unos cuantos elogios que se me están ocurriendo. No sigo para que no me roben la idea. Mi idea robada. Tampoco estaría mal un elogio al robo.
Hace tiempo que sabemos de la vulgaridad y el aburrimiento del orden. Menos mal que nunca lo conseguimos del todo. Por ejemplo, cuando creemos haber puesto un poco de orden en nuestra biblioteca, llegan nuevos habitantes para hacerse un espacio, para desordenar el orden… y así con casi todo.
Como se dice en el libro, de todo eso que solemos llamar defectos, el desorden es el más ligado a nuestro temperamento. Al menos al temperamento más libre, menos domesticado. Amamos instintivamente el desorden. Y eso indica generosidad de corazón y de espíritu. Es preferir el riesgo a las mezquinas certidumbres. El orden es imperioso, estrecho, cruel. Recuerdo que la gente de orden eran aquellos de los que siempre quise huir. Esos, los antepasados morales, inmorales, de esa “gente de orden” que ahora confunde el orden con las llamadas a las manifestaciones para imponer otra vez su viejo “orden nuevo”. Qué miedo me dan estos falsos desordenados. Estos ordenados de toda la vida.
[Publicado el 06/3/2007 a las 10:30]
El orden es agobiante, aburrido, pero si sigo extraviando los anteojos en mi perpetuo desorden, no podré leer tu colección, que parece bien interesante y subversiva.
Comentado por: morajú el 09/3/2007 a las 13:25
Lo que yo digo, hay que poner ordenen el cuarto y en todos los sitios, lo demás son escusas,como dice tan acertadamente La fria Gerti. AH estoy montando una web muy chula y os invito a visitarla (gratuitamente )
WWW.antoniolarrosa.com
Comentado por: Antonio Larrosa Diaz el 08/3/2007 a las 19:41
¡Ay, ay! ¡qué cierto es aquello de que no se consuela quien no quiere!. ¡Venga, déjense ya de buscar todo tipo de disculpas y decidanse a ordenar sus cuartos y sus mesas de trabajo!....ya está bien ¡eh!, no me sean flojos.....
Comentado por: La fría Gerti el 08/3/2007 a las 19:17
Comentado por: ortu el 07/3/2007 a las 20:10
Esa colección promete, Rioyo. Le tomamos la palabra un servidor y tres amigos catatónicos que acaban de desplomarse en mi maltrecha cama a las 5 de la mañana y me han condenado a pasar la noche en el sofá. Haga lo que pueda para rescatar esos textos de los que nos habla. Somos muchos los que leeríamos con avidez un elogio del desorden. Como diría Ibarretxe, los órdenes y las órdenes de este país son muy chungos. Nada, nada de orden, aunque sí muchos conciertos. Y aún menos, órdenes, en todo caso la de Caballería o las de una dominanta sado(para quien le mole el tema,claro). La de los Templarios ni hablar, que sólo sirve para escribir basura. Y si el orden,las órdenes, la gente de orden asustan, ¿qué me dicen de las ordenanzas? Jo deer , mejor apago el orden-ador, me acabo el vasito de ron que me queda, bebo a la salud de todos vosotros y os mando un abrazo.
Comentado por: Filemón Pi el 07/3/2007 a las 05:07
El orden es necesario, sin este ,el caos imperante nos sumergeria en el fondo de lo irreal donde la vida seria imposible.solo tendriamos que imaginar que las letras han de estar bien colocadas en su perfecto orden porque si se mezclan en un saco y se les dá libertad como si fueran los numeros de una loteria no se podria leer nada en absoluto, seria como una sopa de letras revueltas.
El orden es tan necesario como el respirar, como las esplosiones de un motor de gasolina, como los impulsos de un relog, como el control de todo,aunque confieso que ser un poco desordenado tambien a veces tiene su qué se yo.
WWW.antoniolarrosa.com
Comentado por: Antonio Larrosa Diaz el 06/3/2007 a las 22:54
Que paradoja en Paris que es una de las ciudades mas ordenadas del mundo, capital de un país, Francia, que donde el orden impera y solo es superado por Suiza, Rioyo se compra un libro donde se elogia el desorden. Ya digo paradoja.
Comentado por: jose manuel sánchez-paulete el 06/3/2007 a las 21:30
Siga dedicandole más tiempo al club de Rota, ya tienen otro millonario planetario con un parodia del Código. Aunque usted es reincidente en millonarios planetarios: acuérdese del encomendado por Rodriguez, convecido republicano asistente a boda principesca y casado, o lo que sea, con autora millonaria.
Comentado por: observador impertinente el 06/3/2007 a las 21:18
Mi teoría del orden-desorden es la siguiente:
Como más desordenada sea una persona, más amueblada tiene su cabeza y al inrevés, como más ordenada sea más caótica es su cabeza.
También decir que dentro del desorden siempre hay un orden y unas pautas (como dice la teoría del caos); yo lo compruevo cada día, en el desorden de mi casa lo encuentro todo.
Salud
Comentado por: Murzuq el 06/3/2007 a las 12:46
Yo he desistido. Dejo que "las cosas" se coloquen solas y la verdad es que lo hacen bastante bien. El otro día aparecí por casa con cinco libros (qué grandes los hacen ahora), miré la librería con gesto sorprendido (¿tantos libros tengo?)y arrugando el morro, los dejé sobre la mesa (ala, ya sabéis lo que tenéis que hacer). Estos me han salido un poco desobedientes porque aún siguen ahí.
Saludos
Comentado por: Antonia Romero el 06/3/2007 a las 11:20
Gracias por la entrada o texto de hoy.
Reconfortante.
Encima -sí, encima, allá arriba-: don César Abraham.
Saludos
Comentado por: HjorgeV el 06/3/2007 a las 11:04
Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía.
En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones.
Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico.
En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.
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