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viernes, 29 de agosto de 2008

Blog de Javier Rioyo

ENTRE MUJERES

Me tocó estar entre mujeres en Zamarramala. También había hombres pero no eran lo mismo. En ese pueblo de Segovia -una de las mejores vistas de Castilla que ya emocionaba a los nietos del Cid, a la generación del 98, a Orson Welles o a Dionisio Ridruejo- se celebra cada año una fiesta donde las mujeres toman el mando. El alcalde les entrega su simbólica vara de mando y podrían dictar en ese día revolucionar la ciudad. No lo hacen. Es una pena. Todo se queda en lo simbólico. En algunas protestas, algunas reivindicaciones y algunos premios a personas con comportamientos correctos desde el moderado feminismo de la fiesta. Pero no deja de tener gracia.

Aunque lo mejor sería pensar en las verdaderas posibilidades radicales de dejar el gobierno, el mando, la autoridad en manos de las mujeres. Pero no un poco, no unos días y en un lugar. No, hacerlo universal, por decreto, por hartazgo de esos gobernantes hombres que no son capaces ni de saber si hay o no armas de destrucción masiva en Irak.

Dejar el poder a las mujeres como en La asamblea de las mujeres, aquella comedia que Aristófanes se imaginó el 392 antes de Cristo. Eran años de decadencia ateniense, de malos gobernantes que se habían dejado ganar por los espartanos. Los ciudadanos de Atenas estaban tan desmoralizados con los suyos que fueron capaces de imaginar, al menos lo hizo Aristófanes, cómo sería el mundo si las mujeres mandasen. Nada que ver con una balsa de aceite -como ingenuamente decía aquella zarzuela- pero sería toda una experiencia.

Por ejemplo en eso de hacer el amor las mujeres de Aristófanes eran más liberales que el más liberal de los hombres. Lo harían con quién les apeteciera. Pero, eso sí, las viejas y las feas, tendrían prioridad ante las hermosas. A nadie extrañaría, al menos no demasiado, que un jovencito entrara a los reservados con una mujer más que madura.

Con esa liberalidad sexual sería un poco complicado el sentimiento de paternidad. También tendrían que desaparecer los celos y la familia sería un tanto más compleja y abierta. Es decir, que si las mujeres, al menos las radicales que imaginara Aristófanes, tomaran el poder, los hombres tomaríamos de nuestra propia medicina de siglos de dominadores. No sé. Tango mis dudas. Menos mal que las mujeres que tenemos cerca del poder son, por el lado bueno, del estilo de Segolene Royale. Hay otras de aquí que tienen el poder, pero sinceramente me gustan menos.

[Publicado el 12/2/2007 a las 12:41]

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Comentarios (4)

  • Hombre Señor Rioyo, por fin escucho a alguien decir algo sensato en lo que se refiere al hipotético cambio de poderes del macho a la hembra de nuestra especie.
    Estoy cansado de escuchar como los políticamente correctos ven la solución a todos los males con este simple cambio de papeles. Ojalá las cosas se solucionasen tan fácilmente. Ya he dejado de discutir con buenas amigas feministas respecto a que ese cambio no supondría ninguna mejora, el poder no tiene sexo y nos corrompe por igual independiéntemente de los genitales que nos hayan tocado en el reparto.
    Dicho esto aceptaría de buen grado que mañana todos los dirigentes de la tierra fuesen mujeres, aunque estoy convencido de que nuestro maltrecho planeta no notaria la diferencia.

    Comentado por: alexis etcheverry carretero el 21/2/2007 a las 05:00

  • La literatura es al fin y al cabo un palinsepto. Y ¿será verdadera esta frase atribuida a GGMárquez: "La única revolución pendiente es lade las mujeres en el poder?". Ya habrá algún erudito que nos lo aclare.

    Comentado por: jose manuel sánchez-paulete el 14/2/2007 a las 18:13

  • A mí sí me gustaría un mundo gobernado por mujeres, no creo que exista el más remoto peligro que lo hagan peor que quién hasta ahora lo ha hecho, creo.

    Comentado por: Capitán Pescanova el 12/2/2007 a las 21:15

  • Hablaba ayer usted en El País de frases que le habían gustado. Una de ellas, la de Marguerite Duras que citaba, no se molestó quien la reprodujo en un libro en comprobar las fuentes, y resulta que no es una frase de Marguerite Duras.

    Vea lo que podía leerse el pasado 21/01/2007 en El País-Cataluña, artículo de Vila-Matas

    "Se atribuye cada día más a Marguerite Duras una frase que no ha sido nunca de ella: "Escribir es intentar saber qué escribiríamos si escribiéramos". Lo que realmente dijo es algo distinto y tal vez más embrollado: "Escribir es intentar saber qué escribiríamos si escribiésemos -sólo lo sabemos después- antes". Hablaba ella de si escribiésemos antes. Para comprobarlo basta consultar su libro Escribir, en Tusquets, página 56. El equívoco se originó cuando, al ir a citar la frase por primera vez, me cansó la idea de tener que copiarla idéntica y, además, descubrí que me llevaba obstinadamente a una frase nueva, mía. Así que no pude evitarlo y decidí cambiarla. Lo que no esperaba era que aquel cambio llegara a calar tan hondo, pues últimamente la frase falsa se me aparece hasta en la sopa, la citan por todas partes"


    Comentado por: S.Ramis el 12/2/2007 a las 16:00

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Biografía

Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía.

 

En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones.

 

Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico.

 

En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.

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