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El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

lunes, 7 de julio de 2008

Blog de Javier Rioyo

EL CLUB DE LOS FALTOS DE CARIÑO

Es mi club, creo que es también el club de mucha gente, pero ante todo nada de quejas. No se admiten quejas, ni plañideros. En el club, aunque no haya muchos motivos, se tiene que estar dispuesto a espantar la melancolía con cualquier excusa. No me hago de ningún club, ya recuerdan aquello de Groucho Marx, pero me siento sentimentalmente vinculado a éste que creó Manu Legineche hace 40 años y un día. Y dice que él sigue en el club. Que sigue creciendo, los últimos en ingresar han sido una gata llamada Muki y un pato, llamado Toribio. Todos residentes en Brihuega, provincia de Guadalajara. Allí se refugió hace años el añorado Manu, entre las ruinas de su inteligencia, en un viejo palacio que llaman “la casa del gramático”. Muchas veces le recuerdo. No tuve un trato muy cercano con él pero siempre me gustó lo que escribía, lo que contaba, sus amigos y su manera feliz de disimular la soledad. Ahora acaba de publicar un libro, un diario o algo parecido, que está lleno de inteligencia y de sensibilidad nada sensiblera. Ha puesto nombre a sus árboles. Pio Baroja al nogal, Miguel Delibes al ciprés, a un laurel Unamuno, al pino Azorín, a la higuera Hemingway y a un ciruelo Joseph Pla. Algunos nombres están claros, a otros habría que verlos para entenderlo.

El libro, repito, es una delicia se abra por donde se abra. Por ejemplo yo les voy a copiar un poco de la voz dedicada al jardín.

“El jardín.

”Naces en la aldea y vuelves a ella. Como Homero, prefieres la pequeña isla de Aarón a las cien ciudades de Creta. En el fondo todos somos exiliados de nosotros mismos. En este jardín cabe entero el ‘Cántico’ de Jorge Guillén…

”No temas si vacías tu fragante copa, pues hay una taberna allende el claro del río. Lo que crece, el árbol -dice Yutang- es siempre más hermoso que lo que se construye”.

Está más en alza lo que se construye, como sea, donde sea, que lo que crece. El goce de los pinos para el sabio chino representa el silencio, la majestad y el desasimiento de la vida. El pino lo comprende todo, pero no habla y en ello radica su misterio y su grandeza. El ciruelo simboliza para los hijos del Imperio de Centro la pureza de carácter. Es la flor del poeta. El sauce hace sentimental al hombre e invita al chirrido de las cigarras. Las rosas invitan a las nubes, los pinos al viento, los bananeros llaman a la lluvia. Las flores hay que bañarlas cuando están dormidas….

La auténtica felicidad es barata, o tiene que serlo, si bien entiendo que haya quienes sigan la recomendación del arquitecto Frank LLoyd Wrhight: “Dadme el lujo y renuncio a la necesidad”

Hoy me había levantado más Leguineche, pero, sinceramente, me gustaría saborear eso que pide LLoyd Wrhight. No debe saber mal.

[Publicado el 09/2/2007 a las 17:58]

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Comentarios (14)

  • Gracias Almu.

    Comentado por: pppirri el 12/2/2007 a las 11:19

  • pppirri, tienes toda la razón!

    Comentado por: almu el 12/2/2007 a las 10:40

  • Más necesaria que el lujo es su pariente etimológica la lujuria, que no es un término arquitectónico sino más bien un comienzo escultural.
    Me ha gustado eso de poner nombres de escritores a los árboles del jardín.Desgraciadamente, en mi solución habitacional de 28 metros cuadrados no me cabe más que una planta de marihuana, eso sí, muy hermosa. La acabo de bautizar Gloria Fuertes.

    Comentado por: Filemón Pi el 12/2/2007 a las 00:40

  • El lujo y la necesidad, ambos parecen contrarios pero yo creo que son complemantarios. Claro si tomamos lujo como ostentación de riqueza, de gran aparato, bambolla, boato o brillantez, ya hemos acabado de hablar. Pero En el sentido que le da Wrhigth, que por supuesto es necesariamente arquitectónico, el lujo es algo que pasa cuando hemos cubierto una necesidad o más de una.

    Comentado por: jose manuel sánchez-paulete el 11/2/2007 a las 21:31

  • Querida Almu:

    Dejemos los lujos para los necios acomplejados. Nosotros disfrutaremos de los placeres y las alegrías.

    Un saludo.

    Comentado por: pppirri el 11/2/2007 a las 17:29

  • Es curioso, como el capítulo de Grey

    Comentado por: armstrongfl el 11/2/2007 a las 14:02

  • Entiendo que el luj no es una necesidad, es más quien tiene lujo es a costa de mucho pobres, y es que hoy me he levantado sensiblemente pobre.

    Comentado por: nubes el 11/2/2007 a las 01:26

  • Gracias por contestar.

    Aunque mi pregunta no iba por ahí. Lo que yo quería saber, era si tu afirmación ("La frase de Lloid Wright es de aplicación meramente arquitectónica") es algo que el propio arquitecto había dejado claro.

    Entiendo por tu respuesta que no, que lo estás interpretando. Esto es lo que no me había quedado claro.

    No es raro sacar de contexto una cita.

    Y me planteé esto porque si es una cita meramente arquitectónica, pierde todo el sentido. No creo que sea necesario explicar que el lujo no es un yate. Lujo puede ser cualquier cosa. De hecho, el lujo más dificil de conseguir, no tiene nada que ver con el precio. Es un lujo, por ejemplo, tener un arquitecto con buen gusto. O comerte una bolsa de pipas.

    Es una actitud frente a la vida.



    Comentado por: almu el 10/2/2007 a las 22:17

  • La frase es meramente arquitectónica porque las necesidades nunca desparecen en tanto que somos seres humanos. Como mucho, algunas de ellas pueden variar en función de nuestro poder adquisitivo, pero creando otras nuevas una vez satisfechas las primeras. Ejemplo: el sueño de mi vida es disfrutar de un yate, cuando lo consigo -desaparece esa necesidad- mi nueva necesidad es que las mujeres no se me acerquen solo por el dinero que tengo -por interés-. Siempre que se satisface una necesidad se crea otra nueva. Es algo humano.
    En arquitectura se resuelven muchos problemas estructurales cuando el proyecto cuenta con el presupuesto necesario para acometer dichas pretensiones, pasando éstas de necesidades a lujos. Ejemplo -aunque atinente éste más a la ingeniería-: una pista de aterrizaje junto a la orilla o directamente sobre el agua, id est, transformar una necesidad en un lujo.

    Comentado por: pppirri el 10/2/2007 a las 21:56

  • Hablando de frases...

    La primera vez que me acosté con alguien, era mucho mayor que yo. Recuerdo que yo insistía en taparme todo el rato con las sábanas, y entonces él me dijo: "el pudor empieza donde termina la belleza". Me mató.

    Ojalá hubiera sido una frase estrictamente arquitectónica. Aunque ahora que lo pienso, ¿lo sería?

    Y yo también quiero saberlo. ¿Por qué es una frase meramente arquitectónica la de Wright?

    Comentado por: brenan el 10/2/2007 a las 17:35

  • ¿ y por qué es meramente arquitectónica?

    Comentado por: almu el 10/2/2007 a las 17:30

  • La frase de Lloid Wright es de aplicación meramente arquitectónica -aunque pueda parecer lo contrario-. Para olvidar lujos y necesidades y soñar con la felicidad, quédate con Leguineche.

    Comentado por: pppirri el 10/2/2007 a las 16:59

  • Si Schopenhauer levantara la cabeza...

    Comentado por: almu el 10/2/2007 a las 04:25

  • Esa frase parece de Schopenhauer. Y esto me recuerda a que yo tenía un abuelo marino, al que yo conocí de muy pequeña, en una época en la que en mi casa se intentaba no hablar de política porque toda la familia estaba dividida radicalmente en aquellos dos bandos. Así que tengo una percepción muy rara de él y de todo aquello. Porque por su uniforme de almirante y su rictus serio, yo pensaba que mi abuelo era pinochet y que siempre salía en la tele, callado y erguido, pero en casa esa un espía ruso que nunca hablaba, más que para soltar frases contundentes que luego descubrí que eran todas de Schopenhauer. Y sólo recuerdo aquellas frases, y que cuando me las decía, al mirarme y ver que yo no le entendía, entonces se iba a su armario, volvía, y me daba dinero.

    Comentado por: eva braun el 10/2/2007 a las 04:22

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Biografía

Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía.

 

En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones.

 

Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico.

 

En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.

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