El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
viernes, 4 de julio de 2008
CÍNICOS Y PERIODISTAS
Desde luego Kapuscinski era un maestro, un referente, una “rara avis” en el mundo del periodismo. Y lo era, no por escribir bien, si no muy bien y a veces excepcionalmente bien (hay unos cuántos que también son grandes escritores y se dedican a esta profesión), lo cual ya le sitúa en un lugar diferente de la mayoría. Pero no era eso lo que hacía de él un periodista sin muchos semejantes; lo que hacía de él algo extraordinario es que unía ese talento, esa genialidad en su escritura con la forma en que ejercía el periodismo. Su preocupación por los lugares desprotegidos, dominados, deprimidos, desolados del mundo y atender y entender lo que allí pasaba no porque fuera la guerra de moda, ni el conflicto más llamativo. Él era capaz de hacernos llegar lo que tantas veces no es visible en el peculiar mundo de la información. Además, Kaspuscinski, tenía la insólita manía de vivir dentro de los mundos de los que escribía. Y una rara capacidad para vivir inmerso en ellos por más incómodos o duros que fueran esos mundos. Pero no era perfecto, era un ingenuo. Además casi nadie le hacía caso. Leerlo, eso sí lo hicieron bastantes en el mundo, y después olvidar lo que nos contaba.
Hoy lo he recordado porque una vez más he comprobado que no era verdad esa frase suya: “los cínicos no sirven para este oficio”. Qué ingenuo. Los cínicos son los más populares, los más famosos y los mejor pagados de este oficio. Vale, es posible que Kapuscinski no considerara de los suyos a algunos que dicen ser periodistas. No los consideramos, pero lo son.
Hoy lo he recordado al ver, por accidente de zapping, las informaciones que estaban dando algunos que ejercen ese oficio desde el lado del periodismo de sociedad, de corazón o de lo que sea eso. No he podido soportar cómo se referían a la muerte de una mujer joven, de una madre separada, de una señora que tenía un trabajo y tenía, como tantos problemas. No he podido soportar la injerencia en la vida, en la muerte y sus conjeturas de Erika Ortiz Rocasolano. No lo podía admitir desde lo que me queda de periodista, de no querer ser cínico con algunas cosas y de ser más respetuoso con el dolor de una familia. Ella no era pública, no era princesa, no era actriz, ni escritora, ni daba exclusivas de su vida o de la vida de su familia. Una mujer joven ha muerto antes de lo razonable.
Compañeros no me sean canallas. No sean tan cínicos. Ya sé que casi ninguno podemos, ni queremos ser Kapuscinski, pero de verdad hay que elucubrar sin saber, sin datos y sin pudor sobre la vida y la muerte de alguien a quien no conocieron.
Me gustaría que fuera verdad que los cínicos no valen para este oficio. Y si no valen que sean otra cosa. Que se llamen de otra manera. Yo no soy de los míos, pero desde luego de unos más que de otros. Al menos es lo que uno desearía, no ser como vosotros.
[Publicado el 08/2/2007 a las 17:34]
Estimado Javier,
los únicos que podreis acabar con ese cinismo sois los propios periodistas, levantadles las verguenzas a todos aquellos que utilizan el carnet para poner sus palabras, injurias y morbosidades por encima de la propia especie. Viva Kapucinski, abajo la inmundicia!!!!!
Comentado por: Javier Reguera el 24/2/2007 a las 10:30
Desde Alemania, y después de lo que pasó este país antes, durante y después de la última (!) guerra mundial (no tengo ni el pasaporte de este país que he aprendido a querer), nos es difícil entender ese asunto de la monarquía.
Es más, personalmente me pregunto, sin inquina, si no será -incluso- inconstitucional. Por aquello de que todos nacen (nacemos) iguales ante la ley.
El periodismo carroñero es -lamentablemente- sólo eso. Pero existe porque existe demanda. Y eso es lo triste.
Y triste es también la presión extra y no solicitada que todo este mal circo significa para la vida -y todo el resto de ella- de los deudos de la finada.
(Por lo demás: ¿se robaron los duendes una coma y un 'no' de su texto?)
Gracias por sus palabras y por su duelo. En los dos sentidos de ésta última.
HjV
Comentado por: HjorgeV el 12/2/2007 a las 07:45
¿Cinismo en una profesión en la que existe una máxima como la de “no dejes que la verdad te estropee una buena noticia”? Y se enseña en las facultades del ramo.
¿Cinismo en una profesión, la española, donde un facha como Emilio Romero es considerado como Maestro de periodistas? Maestro de P.J. Ramírez y J.L. Cebrián entre otros. El mismo Emilio Romero que declaro “no me vendo, solo me alquilo”
¿Cinismo?
¿De quien? ¿De los sufridos lectores?
Comentado por: Adrian Vogel el 09/2/2007 a las 22:16
Comentado por: jose manuel sánchez-paulete el 09/2/2007 a las 17:15
Querido Pico: Quizá son entretenedores y hay muchisímas personas que necesitan entretenimiento tomatero porque no se tienen ni se entretienen a si mismas.
En la Tv 4 ví a un atildado psicologo que hablaba de una " persona digamos humana" al comentar el dolor de los familiares. Ahora los periodistas confunden los ansiolíticos, los hipnóticos y los barbitúricos.En fin, que no está el mundo para puristas. Más bien lo veo de color verde chorizo...
Comentado por: el amigo de Miguel Torga el 09/2/2007 a las 08:05
Sr Rioyo, suscribo todas las palabras de su artículo excepto una: "compañeros". Esos gacetilleros de la bilis, el páncreas y el intestino grueso, que no del corazón, no son de ninguna manera ni sus compañeros ni los de tantos otros profesionales que dignifican el periodismo. Por favor, no permitan imposturas(salvo si las escribe Vila-Matas), ni injerencias parasitarias de mamarrachos que se autodenominan periodistas de un día para otro porque les sale de la hiel.
La carnaza es el pan de cada día de esos, no periodistas, sino anacolutos, ectoplasmas, archipámpanos, rizópodos, vendedores de guano, chupatintas...
Comentado por: Pico de la Mirandola el 09/2/2007 a las 01:53
Usted sí que es un maestro, don Javier, y muchos quisiéramos escribir con su estilo y lucidez.Efectivamente,da asquito ese periodismo tomatero que hay por aquí en algunas teles, y ya que la profesión periodística no reniega y abomina de ese chusmerío encanallador, hagamos responsables a los anunciantes en tales espacios.Yo ejerzo mi modesta batalla procurando saber qué productos se publicitan en tertulias-gallinero- para no comprarlos.
Comentado por: CRUZ GONZALEZ el 08/2/2007 a las 19:26
Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía.
En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones.
Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico.
En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.
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