El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
viernes, 8 de agosto de 2008
MÁSCARAS Y UN LIBRO
Subía sin prisas, cosa no tan habitual, hacia casa. Subía en compañía de mis pensamientos, en compañía de mis fantasmas mentales. Tenía la imaginación llena de apariciones, algo que se parecía a un cruce de caras, retratos y autorretratos de algunos de los más grandes pintores del siglo de Picasso.
Las máscaras y sus espejos es una doble exposición que se reparte en el Museo Thyssen y en la sala de Caja Madrid en la plaza de las Descalzas. Estos días es Madrid la capital europea de la pintura y de la escultura. Y eso que todavía no estamos en ARCO. Las posibilidades son tantas que dan ganas de no ir a ninguna parte. Sensación de desbordamiento. Voy poco a poco, otro día hablaré de la impresión del reencuentro con Tintoretto y de las puertas de Cristina Iglesias en el Prado.
Hoy me tocaba el encuentro con esos rostros que se cruzan en mi memoria. Modigliani, Cezanne, Gris, Picasso, Grosz, Beckman, Otto Dix, Dubuffet, Bacon, Saura, Aurbach, Freud. El encuentro con sus retratos, con sus propias máscaras y las máscaras con las que miran al otro. No hay complacencia. No hay mundo feliz, no están tan contentos, no parecen felices, aunque hay excepciones. Y así quedarán más allá de su paso por la tierra. Una galería de tristes, dolientes, sorprendidos, escépticos, desvalidos o evasivos rostros de humanos, demasiado humanos, de un siglo que se divirtió mucho y que mucho sufrió. Ahí están, son parte de la gran historia de la reciente pintura y también son parte de la pequeña y dolorosa historia de los pintados y los pintores. Son nuestra propia historia en ese realista espejo deformante. Muchos están pintados en contra del parecido. En contra del espejo o mirados en esos espejos que quería Valle Inclán, en esos espejos deformantes que eran capaces de hacernos el más fiel de los retratos. Así me pareció con algunos retratos que no eran nada fieles al espejo pero eran demasiado verdaderos. Tan verdaderos que parecían ser capaces de captar el misterio de ese rostro que una vez fue mirado por el pintor.
Subía lentamente después de haber visto la exposición, tranquilo pero haciéndome preguntas. Esa vieja, funesta manía. Me tropecé con una librería de viejo, una de esas que intento evitar para no caer en la misma tentación de todas las semanas. No me resistí. Encontré algunos libros que ya quiero antes de conocerlos. Algunos de esos que ya te han enamorado por las referencias, por las apariencias, sin conocerlos, sin haber convivido. Bellos viejos libros, hermosos como nínfulas. Entre ellos encontré a un viejo amigo, al querido Edmond Jabés y su libro de las preguntas, en esa hermosa edición que hicieron en Siruela. Lo compré pensando en una amiga, debería regalar una vez más ese libro. Otra vez lo abrí, no para buscar respuestas, sino para seguir buscando preguntas. En una página me encontré este diálogo:
“La esperanza se encuentra en la siguiente página. No cierres el libro.
-He pasado todas las páginas del libro sin topar con la esperanza.
-La esperanza quizá sea el libro.”
Seguiré comprando libros. Con la lotería lo llevo fatal.
[Publicado el 07/2/2007 a las 11:46]
Preguntas sin respuesta abrigando cuerpos desnudos... sin piel, esperanzados en su busqueda permanente de dedos tímidos que recorren las caricias que tal vez lleguen algún día... marcando ese camino dificil y tortuoso para intentar que todo sea un poco más facil para los valientes que se retraen y los cobardes que invaden territorios prohibidos deseados y nuestros. Son nuestras preguntas... nuestras secretas preguntas ¡Tan ciegas, sordas y mudas! viajeras por un sexto sentido o un "sexo sentido" y un cielo único de desvarios y locuras que se fraguan solo en el interior de nuestras mentes!
TE MANDO JAVIER UN TROZO DE MIS DUDAS Y UN ENORME DESEO DE QUE SIGAMOS TODOS TENIÉNDOLAS. MARNY
Comentado por: Marta Arrieta el 26/2/2007 a las 00:20
Dificil resistirse a la tentación de los libros... Yo sigo buscando preguntas y preguntas en cada uno de los libros que me acompañan. Preguntas sin respuesta, quizá, pero que esconden la esperanza que necesito para que la vida sea placentera.
Un abrazo
Comentado por: Septiembre el 07/2/2007 a las 19:53
Comentado por: Capitán Pescanova el 07/2/2007 a las 19:20
Comentado por: Adrian Vogel el 07/2/2007 a las 16:56
Comentado por: Sandra el 07/2/2007 a las 16:46
Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía.
En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones.
Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico.
En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.
08/8/2008 19:55
Don Javier, estoy de acuerdo con...
Publicado por: me
08/8/2008 19:06
pues ahora que lo pienso, mi...
Publicado por: mercedes
08/8/2008 16:48
Si no reconstruida la historia,...
Publicado por: Jaime J
08/8/2008 10:15
No suelo planificar las lecturas...
Publicado por: sin itinerario
08/8/2008 00:09
A ver si ya que se atreve con la...
Publicado por: Valentina
07/8/2008 20:30
Publicado por: Enea
07/8/2008 20:02
Publicado por: Una ET en Euskadi
07/8/2008 19:05
tremendo, Rioyo, tremendo este...
Publicado por: michele corleone
07/8/2008 11:01
Publicado por: Jose Luis
06/8/2008 22:02
Publicado por: Valentina
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