El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
lunes, 7 de julio de 2008
EL DOCUMENTAL Y LA REALIDAD
Algunos confunden el cine documental con la realidad. La mayoría de las veces no es así. Y tampoco tiene por qué ser así. Los documentales, al menos los más interesantes, no tienen esa servidumbre de la realidad. La verdad en un documental está en su verdad cinematográfica. El mejor documental es aquel que consigue ser una obra que transmite emociones, sentimientos, historias reales o realidades imaginarias.
A la realidad de vez en cuando hay que empujarla, forzarla, manipularla para que tenga la verosimilitud que deseamos conseguir. Hay algunos ejemplos clásicos en documentales históricos. Buñuel, cuando rodaba su mítico documental Tierra sin pan, en Las Hurdes, estaba contando su verdad a la contra de aquella otra mirada paternalista que se difundió por el viaje de Alfonso XIII en compañía del doctor Marañón y otros bondadosos ciudadanos que pretendían caridad para los olvidados de esa parte de España. Buñuel, visitando los mismos lugares, reflejó una “realidad” muy distinta. Y cuando la realidad no reunía el dramatismo que con su película quería conseguir, estaba dispuesto al forzamiento de la realidad. Las cabras, y los cabreros, buscaban sus alimentos por aquellos peligrosos riscos. Algunas cabras morían al querer conseguir comida en lugar de difícil acceso y caían por el barranco. Cuando quisieron filmar esto que habían contemplado, no había ninguna cabra que cayera. Buñuel sacó su pistola y apuntó a una cabra que cayó por el balazo. Consiguió, manipulando la realidad, el efecto de verismo y peligro que deseaba.
También manipuló la realidad en sus documentales uno de los padres de la disciplina, Flaherty. Es sabido que esa manera de vivir, pescar y relacionarse con el mar que vemos en su obra Los hombres de Arán, esa cumbre del cine realista, es mentira. O mejor dicho es forzada, interpretada, fingida y dirigida por el documentalista para mostrarnos las duras vidas de unos europeos que también vivían y cazaban de manera primitiva en el siglo XX. Estaban interpretando la realidad de sus abuelos, de sus antepasados… pero Flaherty consiguió conmovernos. Esa es la verdad del documentalista.
Recuerdo estas cosas porque he estado unos días en un nuevo festival de cine documental, en el sur de Tenerife, en el Docusur de Guía de Isora. Muchos alumnos, espectadores y también documentalistas pretenden, con cándidas y buenas intenciones, perseguir la realidad, generalmente alguna de las más olvidadas y desoladas situaciones que viven los seres humanos. Así hemos visto muchos documentales de denuncias políticas, de recuperación histórica, de desarraigos vitales, de olvidos e injusticias. Todos, casi todos, estaban cargados de buenas intenciones. Muchos eran honrado material para el olvido. De ese cine tan cercano, necesario y en crecimiento que es el cine documental, como del otro, sólo quedarán las obras que hayan sabido olvidarse de las servidumbres de la realidad. Las que se hayan acercado a la verdad de las emociones. Aunque sean mentira. Aunque sean verdad.
[Publicado el 31/10/2006 a las 10:51]
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Comentado por: spankzilla el 04/6/2007 a las 19:48
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Comentado por: spankzilla el 04/6/2007 a las 10:32
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Comentado por: gay spank el 03/6/2007 a las 15:41
a mí lo que me crea dudas no es si hay que filmar a la cabra- no hay que filmarla, prefiero la cabra a buñuel- sino si hay que comérsela. o sea, lo del vegetarianismo. yo digo que sí, que hay que comérsela pero no las tengo todas conmigo...
Comentado por: matemático demente. el 01/11/2006 a las 13:48
vale, retiro lo de la nobleza. la palabra no podía estar peor elegida... hombre, está claro que no se pueden salvar a todas las cabras, pero sí uno tiene tiempo para sentarse a filmar cómo se despeña una, también lo tiene para salvar a esa, precisamente... en suma, no hay que filmar cabras despeñandose o, en su formulación kantiana, no hagas a la cabra lo que no quieras que la cabra te haga a ti. lo de que sería más piadoso pegarle un tiro- y suponiendo que se lo pegase en efecto y además certeramente-, se refería a que debe de ser menos horrendo morir de un balazo que a morir a fuerza de rebotar entre los riscos, ¿no? por lo demás, a mí buñuel me parece un director "feminista". me refiero a las películas, no al señor particular. "él" o "tristana" son películas "feministas". la palabra tampco está bien elegida, pero creo que se entiende.
lo de la crueldad de la naturaleza se dice tanto que sólo por eso ya deberíamos sospechar... crueldad a mi me suena a regodeo en el sufrimiento ajeno. los toros son un espectáculo cruel, sin duda. también debe de serlo, por lo que se cuenta- no lo sé de primera mano y apenas de segunda, pero me pongo en lo peor-, el trato que se les dispensa a los animales en granjas, laboratorios y demás, aunque, en este caso, el regodeo no sea tan evidente y adopte apariencias más nobles: el afán de lucro (ferlosio dice "el furor de lucro", con mayor propiedad), el amor al saber y, ya en pleno delirio, el bien de la humanidad. tantos motivos- e incluso alguno más- tenemos para decir que la naturaleza es cruel como para decir que la cultura es cruel. además, la crueldad presupone un sujeto- que se complace de un modo u otro en el sufrimiento de otro- y la naturaleza no es un sujeto. la cultura, en cambio, la hacen los hombres...
en fin, no sé...
Comentado por: matemático demente. el 01/11/2006 a las 13:38
A mí me gusta mucho Buñuel, pero también creo que no me hubiese gustado conocerlo en persona, igual que a otros grandes personajes tipo John Huston, Picasso, Orson Welles...etc. -o tal vez sí- pero manteniendo las distancias, desde luego nunca implicándome con ellos, demasiada egolatría. Cuando digo “macho cien por cien” aunado a un gran talento artístico me refiero a eso: individuo ególatra, de fuerza atractiva y destructiva, las mujeres se quedan fascinadas; son como esos grandes depredadores que hipnotizan a sus víctimas antes de engullirlas......¡qué miedito!!!!.
Comentado por: La simpática bloguera el 01/11/2006 a las 12:17
Pues Matemático, yo creo que sí hubiese resultado menos innoble -aunque continuase siendo en cierto modo cruel- pero la crueldad de la naturaleza (la cabra buscaba su sustento, nosotros no podríamos haber adoptado y así salvado a todas las cabras de Las Hurdes) se rige por mecanismos en los que los humanos poco podemos intervenir y, en algunos casos, hasta ni debemos intervenir dados los nefastos resultados que a la vista están. En cuanto a lo que dice de que puede resultar más piadoso pegarle un tiro a la cabra, me recuerda a ese tipo de argumentación de los defensores de las fiesta torera: “el toro bravo muere así defendiéndose, es decir, de un modo noble, adecuado a su fiereza”, pero yo no veo nobleza ninguna en que te mareen a capotazos y te machaquen a estocadas (por muchos cuernos defensivos que tengas), así como tampoco en recibir un balazo cuando andas entretenida y ocupada intentando pillar una suculenta ramita que cuelga de un risco.
A lo mejor no deberíamos filmar ni fotografiar nada porque -como piensan algunos indígenas de Chiapas (y supongo de algún otro lugar)- una fotografía te roba parte del alma. Quizás lo realmente innoble esté ahí, en ese impulso humano de querer fisgarlo todo y experimentarlo todo, aunque sea sólo como puros testigos, tal vez deberíamos resistirnos, no sé.....sigo dudosa.
Comentado por: La simpática bloguera el 01/11/2006 a las 11:58
preferiría no haberme enterado de la cabronada de la cabra... con lo que me gusta a mí buñuel... aunque, bien mirado, poner la cámara para filmar cómo se despeña la cabra no hubiera sido menos innoble ¿no? casi parece más piadoso pegarle un tiro... y en cuanto a lo de que buñel fuese un "macho"... tal vez lo fuese en su vida cotidiana pero no se trasluce para nada en sus películas... más bien todo lo contrario.
bueno, rioyo tiene razón... obviamente, si pones una cámara delante ya estás poniendo algo que no estaba allí... además, aquello hay que resumirlo un poco, hay que montarlo, tiene que parecer que significa algo o que apunta a alguna parte... un documental que reflejase la realidad así, a lo vivo, sería tan tedioso como incongruente... como los concursos esos de la tele en los que encierran a un montón de homínidos y de homínidas en una habitación para contemplar como riñen, se lavan los dientes, fornican, riegan las plantas... y luego la gente dice que se aburre con tarkovski... tarkovski era un cachondo, hombre, comparado con semejante latazo...
bueno, el comentario me ha recordado algo que le he oído decir a vila- matas y a otros cráneos privilegiados sobre "la literatura", algo así como que los géneros están acabados y que la "literatura del futuro"- y no se les cae la cara de vergüenza al decir tales cosas ni nada- será una especie de gozosa confusión de géneros o no sé qué. me importa un pito la literatura, pero esto me parece una abominación y una canallada. un ensayo, por ejempolo no es una novela. si uno escribe un ensayo es porque está convencido de la verdad de ciertas cosas y pretende convencer a los demás de dicha verdad. una novela que pretendiese convencernos de algo que no fuese la veracidad de lo que allí se cuenta, sería una novela infame. etc. por otro lado, un documental ficticio no deja de ser una ficción y nada más (hay algunos muy bonitos, "zelig" y así). una novela que imite los modos de un sermón o de un tratado- como alguna de benet- sigue siendo una novela, etc. es una trivialidad, pero es que lo otro es una majadería.
(por cierto, me gustó mucho la peli aquella sobre mercader, aunque no sé muy bien que pintaban allí sara montiel y vazquez montalbán. la de los brigadistas y los divisionarios tambien le quedó muy bonita).
Comentado por: matemático demente. el 31/10/2006 a las 20:58
Todos los artistas manipulan la realidad. La ideología es lo que tiene. Sin embargo, un mínimo de decencia debería inducir a los documentalistas a indicar en los créditos aquello de 'todo parecido con la realidad es pura coincidencia'. En los documentales es más necesario que en los filmes de ficción pura, porque puede haber quienes se los crean. Hay incluso quien se cree los panfletos de Michael Moore.
Comentado por: ossa el 31/10/2006 a las 14:18
Hay un género del documental que no hace referencia y creo que sería interesante tener en cuenta: El falso documental. Es aquel que sirviéndose del trato formal que da el documental a la realidad lo aplica a la irrealidad. Todo un mundo.
Comentado por: inoportuna el 31/10/2006 a las 13:48
Ya se sabe que Buñuel era un tipo hispano cien por cien –y si además le añadimos la influencia mexicana podemos esperar que matase cabras, toros y lo que hiciese falta para atrapar lo que quisiera atrapar- temperamento y fuerza artística, se le llama a eso. Además de hispano al cien por cien también parece que era macho otro cien por cien (con esa mirada abultada y arrebatada debía comerse a las señoras enteras y cruditas) mucho Buñuel. Pero la duda, la duda sigue carcomiéndome.
La coleccionista de carcoma
Comentado por: La simpática bloguera el 31/10/2006 a las 12:38
Bueno, pero matar a la cabra para conseguir su escena tiene muchos buñuelos. Manipular la realidad para lograr obras de arte seguro que es necesario, la realidad tal cual aparenta poco estética y/o artística, pero, pero......la duda me corroe cuando hay animales maltratados de por medio, y un poco menos cuando hay personas. Si quieres filmar a la cabra despeñándose, pues te jodes y te instalas con la cámara detrás de un seto día tras día hasta que sucede. Por esa regla de tres también habría que admitir la manipulación de la realidad en el ámbito científico, y ahí sí que ni de coña ¿verdad?, pues no sé y además no tengo tiempo de pensar más sobre el tema, y además me cabreo, y además me gusta Rohmer -que se planta con la cámara tal cual en un autobús o en una terraza de cafetería- y no arregla la luz ni nada, hasta casi no les da guión a los actores...y es artístico ¿o no?.
Comentado por: La simpática bloguera el 31/10/2006 a las 12:26
Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía.
En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones.
Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico.
En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.
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