El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
miércoles, 3 de diciembre de 2008
NAVIDADES BLANCAS Y NEGRAS
No suelo discrepar con Vicente Verdú. Incluso cuando lo que escribe está muy lejos de lo que yo pienso o siento, descubro que me hace reflexionar sobre mis certidumbres que, la verdad, no son demasiadas. Le sigo con interés hace muchos años y siempre me parece placentero un encuentro con él y sus circunstancias. Sin embargo, lo que publicó el miércoles en su blog, ese enfado sin fisuras con “el calvo” de la lotería, contra su anuncio, sus creadores, su estética y lo que Verdú parece interpretar como ética del anuncio me desconcertaron por estar yo en las antípodas de su pensamiento, su interpretación y su aplauso a los censores del “calvo”. Me explicaré, al menos para intentar que Verdú entienda mis desacuerdos, y no porque pretenda o crea ni tener razón, ni convencer a un experto en mensajes y estética como es mi admirado Vicente Verdú.
Desde luego ninguna lotería, ni siquiera la de Navidad, es un juego de niños. La lotería es un juego de mayores que apasionó, y creo que sigue apasionando, a los adolescentes que quieren hacerse mayores, que quieren participar en ese sueño del dinero caído del cielo. En esa trampa, en esa ilusión caímos desde el primer día que nos regalaron una participación de Navidad. La continuamos el día que nosotros compramos por primera vez un décimo, una participación. Y se fijó en nosotros el primer año que nos entretuvimos mirando, escuchando o viendo el sorteo del “gordo”.
Ya no éramos tan niños. Éramos aquellos adolescentes que empezaban a descreer en tantas cosas, en ritos, músicas, villancicos y zambombas pero que sustituimos las creencias religiosas por otras más paganas como jugar a la lotería. También fue cuando empezamos a jugar al “Monopoly”. Dejamos de creer en los portales y comenzamos a creer en el dinero. Nada que ver con el trabajo. Eran años de adolescencia, con las televisiones en blanco y negro, con la reposición de todos los años de Qué bello es vivir, con las canciones navideñas cantadas en inglés y negro por Louis Amstrong o en inglés y blanco por Bing Crosby. Y esa estética, más o menos desdibujada por el tiempo, se me volvió a aparecer cuando hace unos años me tropecé con la imagen del calvo. Cuando nuestras televisiones ya estaban a punto de ser planas y, desde luego, cargadas de los colores a veces tan insoportablemente kitsch como los de la retransmisión de las campanadas de la Puerta del Sol, con alguna cargante pareja intentando parecer felices y graciosos, la imagen del calvo me acercó a la nostalgia de las navidades del pasado. Y las navidades son nostalgia o no son. La nostalgia ya no será la que fue pero si todavía se mantiene la Navidad es por la supervivencia de lo nostálgico. El calvo, con su misterio, con su indefinición de edad, nacionalidad, idioma e incluso vestimenta -aunque quizá un poco toque entre Hugo Boss y Armani- me recordaba a un personaje que podía venir del mundo de Frank Capra. Podía ser un elegante dependiente de ilusiones de una película navideña, en aquellos tiempos en que lo cursi tenía un estilo.
Sustituir al “calvo” en Navidad es un error. Lo es desde la estética y, según veo en un estudio sobre los rendimientos y la credibilidad del anuncio y su eficacia, también será un error desde el negocio de las loterías. De lo primero estoy casi convencido. Ya me han contado en qué consiste el anuncio que sustituirá al del calvo. Y desde luego no está cerca de esa rara presencia en una historia en blanco y negro con un calvo que podía haber sido un niño de Dickens salvado de la pobreza porque le ha debido tocar la fortuna. Y lo segundo, lo de la rentabilidad del calvo para la lotería, es decir, para el Estado, ya lo comprobaremos cuando comience la campaña con toda su intensidad.
Espero que no estemos volviendo a la estética de las muñecas del portal, ni al lujo del cava con estrella que parece anunciar unos grandes almacenes, ni a las nostalgias con vuelta a casa y abuelitos bondadosos. El calvo era otra cosa. Tenía ese poco de misterio que deben conservar los cuentos de Navidad. No los mejores, esos son demasiado crueles. Y además tenía la música de El Doctor Zhivago, con esa nieve tan de Segovia pero que nos engañó, de eso se trata, como si estuviéramos en las estepas rusas de los convulsos años de la revolución. Y el doctor Zhivago nos caía bien, pero Lara, Julie Christie... ese ya es otro tema.
En fin, que vuelva el calvo. O como mínimo que me toque la lotería.
[Publicado el 20/10/2006 a las 12:18]
echaré de menos al calvo , tanto es asi que no comprare tanta loteria como otros años, adoraba ese anuncio.
Comentado por: lucas el 24/10/2006 a las 21:35
tal vez no sea usted melenudo sino que realmente lleve el pelo corto o incluso no lleve pelo...
Publicado por: La simpática bloguera | 21/10/2006 20:12:15
Simpática simpática, creo positivamente que deberíamos abandonar tales cuestiones pilosas y concentrarnos en el folículo del asunto. El tamaño no importa, créame.
Comentado por: Tipo de incognito el 23/10/2006 a las 12:11
venga, vale... de todos modos, lo que a mí me interesaba más era la contraposición entre las dos clases de aburrimiento. de uno, no puede salir nada- ni bueno ni malo-; del otro, están saliendo las cosas más disparatadas: suicidas, criminales, poetas...
además, le diré que esos personajes que se consagran al crimen por aburrimiento- como el stavroguin de "los demonios"- nunca me han convencido del todo. lo que es yo, nunca he conocido a ninguno, salvo en las novelas de dostoievski, que, por cierto, le gustaba mucho a cioran, el cual- por cierto-, es un poco pesado, ¿no? a mí, por lo menos, me gusta sólo un rato y luego ya me aburro...
que le sea leve (el trabajo ese que tiene entre manos, digo).
Comentado por: matemático demente el 22/10/2006 a las 19:58
Y la reacción al hastío puede generar algo de interés.... o tal vez algo peligroso, esa ausencia de miedo que dice Cioran vuelve temerario al hastiado, tan sólo por encontrar un mínimo de emoción se puede convertir en un "kamikace"...se hacen cosas que en otro estado nunca se harían, es una condición tóxica.
Y buscando, buscando, algo cioranesco para ilustrar lo anterior encuentro la diferencia entre hastío y tedio:
"El hastío es una angustia larval; el tedio, un odio ensoñador".
Comentado por: La simpática bloguera el 22/10/2006 a las 19:21
Sí "entretener a los amigos" ¡ése será mi lema!. Cada vez que quede con ellos llevaré una lista, pero sobre todo para mí, para no desviarme de lo esencial (tiendo a la deriva, me pierdo en los detalles). Lo de divertirse por obligación no funciona, basta ver lo que se aburre uno el día de fin de año y demás festivos de imperativo cachondeo. Yo ahora mismo me aburro a muerte con un trabajo que tengo entre manos, impuesto de alguna manera y ajeno a mis verdaderos intereses, tecleo un poco, avanzo un tanto y en medio me voy al blog a ver si pasa algo interesante, para tomar aliento y volver a esta tarea tediosa.
Comentado por: La simpática bloguera el 22/10/2006 a las 18:50
a mi la que más me mola es esplín, que además está aceptada por "esos cabrones de la academia" (como los llamaba max estrella, no yo, que los respeto mucho) en su forma castellanizada, como "güisqui" y así.
evidentemente, el hastio no es nada deseable por sí mismo y, de convertirse en un estado duradero, no se lo deseo ni a mi peor enemigo. precisamente porque es del todo insoportable, la reacción al hastío puede engendrar algo de interés. qué se yo... igual deja uno a la mujer y se marcha a los mares del sur, o le da por estudiar chino antiguo... o igual se pega un tiro. eso también puede suceder, pero lo que está claro es que del otro aburrimiento- el del trabajo y la diversión concomitante y demás-, no puede salir nada de nada, pues, en esencia, no se trata más que de "matar el tiempo" del modo menos oneroso posible.
(contaba de quincey en "los últimos días de kant", que, cuando kant invitaba a comer a los amigos, preparaba previamente una especie de lista con los temas que se habían de tratar durante la velada, de manera que la conversación no decayese y los contertulios estuviesen en todo momento entretenidos. "entretener a los amigos" me parece un precepto muy hermoso, que todos debiéramos aplicar en nuestra vida ordinaria, incluso a pesar del empeño de los tales amigos en matarnos de aburrimiento hablando del partido del domingo o de la última pamplina que ha dicho tal político).
Comentado por: matemático demente el 22/10/2006 a las 17:44
A lo mejor la palabra adecuada no es hastío ¿tal vez tedio?, es que mi amiguito Cioran dice:
"El tedio es una forma de ansiedad, pero de una ansiedad depurada de miedo. Cuando nos aburrimos no tememos, en efecto, nada, salvo el aburrimiento mismo"
Comentado por: La simpática bloguera el 22/10/2006 a las 17:17
Estimado Matemático –de verdad estimado, yo me hago rápidamente a la gente- nunca sabrá cuán bien le comprendo cuando habla de ese aburrimiento intrínseco que ¿podríamos denominar hastío?......¡lo que me ha machacado a mí eso!...pero...pero, no quiero, porque lo que dice usted respecto a que de ahí puede salir algo bueno y hermoso ¡como no sea un buen relato, poema, ensayo, memorias.....llámale X....algo artístico y desmadrado, desde luego!, pues no sé, otra cosa no. Más bien te paraliza, te petrifica, te coagula; claro que saber soportarlo y llevarlo con dignidad supone un entrenamiento para el temperamento de lo más acertado, si no te suicidas en tu juventud se te templa el carácter que da gusto.
Unha aperta.
Comentado por: La simpática bloguera el 22/10/2006 a las 17:15
la simpática bloguera me llama "aburrido" en el blog de verdú. me siento halagado y le dedico el siguiente comentario, a proposito del aburrimiento.
a propósito del aburrimiento, hay que distinguir entre el aburrimiento inducido- de modo eminente, el aburrimiento inherente a una ocupación retribuida, pero también el aburrimiento consustancial a la obligación de divertirse y de ser feliz (como sucede ahora en las navidades, por ejemplo) y, en general, a todas las obligaciones- y el aburrimiento puro y duro, que no parece suscitado por nada, sino- bien por el contrario- nos sobreviene sin más, cuando sentimos de golpe que nada nos llama ni nos incita.
el primer aburrimiento no tiene ningún interés. o sea, de ahí no puede salir nada que sea bueno ni hermoso. la gente procura sacudírselo de encima como buenamente puede: por ejemplo, en el trabajo recurriendo a expedientes en apariencia muy modestos pero, en verdad, sumamente útiles y necesarios: canturrear, quejarse a cada paso, chinchorrear, gastarles bromas pesadas a los compañeros o escurrir el bulto son remedios muy eficaces no, ciertamente, para evitar, pero sí para soportar el aburrimiento laboral. el aburrimiento inherente a la obligación de divertirse y ser feliz y, en general, a todas las obligaciones- estudiar, labrarse un porvenir, ser "fiel a sí mismo", ser alguien en la vida y todo eso- es más difícil de soslayar, puesto que no se presenta como tal aburrimiento, sino como una suerte de incitación... muchos incluso dicen gustar de tales cosas, aunque no se lo creen ni ellos. que les zurzan, a esos felones.
el otro aburrimiento, el verdadero y opuesto al anterior, es potencia tan abismática y terrible que rara vez se manifiesta directamente. cuando asoma las orejas, nos sobrecoge tal espanto que no sabemos a qué atenermos ni damos pie con bola. hasta rascarnos se nos antoja fútil y sin sentido. incluso no hacer absolutamente nada, que se nos aparece como lo más razonable en tales circunstancias, se convierte en una toda una tarea... etc. este sentimiento- en apariencia, totalmente inútil- debe obedecer a algo, debe venir de alguna parte, debe exigir algo de nosotros, aunque no sepamos qué... pues bien, lo que yo digo es que hay que saber soportarlo, que de ahí sí que puede salir algo que sea hermoso o bueno. no me pregunten por qué, no lo tengo muy razonado... tan sólo es un barrunto. lo que, definitivamente, no sirve para nada es tratar de divertirse a toda costa o imponerse tareas que, en el fondo, no nos llaman ni nos enamoran, etc- es decir, aburrirse de aquella otra manera a la que me refería al principio-.
salud.
Comentado por: matemático demente el 22/10/2006 a las 15:17
Tengo algunos amigos calvos
de calvicie bien precoz,
comenzaron en la veintena
y ahora ya es su condena.
En las fotos
de la facultad
lucen flequillos y melenas
sonrisas abiertas y posturas sinceras.
¡Qué guapos eran mis amigos!
Ahora son recién cuarentones
pero están aún muy resultones.
La calva les da un aire
sereno
de profe guapito.
Y sus sonrisas mantienen abiertas y alegres.
Nos vamos al monte
y somos colegas,
el tiempo no mata
nuestra relación buena.
¡Qué guapos siguen siendo mis amigos de la facultad!
por eso les dedica este poema
Simpaticat.
Para Jose y Jesús, mis calvos y queridos amigos.
Comentado por: La simpática bloguera el 22/10/2006 a las 13:39
Comentado por: La simpática bloguera el 22/10/2006 a las 13:23
Absolutamente de acuerdo con usted. Justo antes de llegar aquí había leído tal artículo del señor Verdú, y me sorprendió enormemente su toque de dureza trasnochada. Usted lo ha dicho,"como un dependiente de ilusiones", tan sencillo como éso lo veíamos algunos.Sí señor, que nos dejen al calvo.
Comentado por: Ra el 22/10/2006 a las 01:54
Está muy bien el blog y tal...Pero por meter un poco el dedo en el ojo..¿Por qué a sus programas sólo van escritores facharrojos como el Millás, el del apellido cornudo, etc? ¿Es que te obligan los barandas de la cosa o son las editoriales las que te imponen los nombres y los hombres?
Comentado por: Uno que tal el 22/10/2006 a las 00:04
Comentado por: La simpática bloguera el 21/10/2006 a las 20:15
Tipo de incognito | 20/10/2006 19:39:58
Incógnito, últimamente le veo muy interesado en las cuestiones capilares, lo que me hace pensar que tal vez no sea usted melenudo -como deduje en un principio- sino que realmente lleve el pelo corto o incluso no lleve pelo...a juego con el calvo del anuncio.
Comentado por: La simpática bloguera el 21/10/2006 a las 20:12
Demasiado Rioyo cada día más de botillo leonés, tus amigotes, tus excursiones, tus autores, tu calvo y lapsus tan horribles como llamar solterona con perro y, moralista a Laurie Anderson. Ya me gustaría a mi que criticaseis algo de aquí que no fuese el P.P.. Información viene de informar: Laurie Andersosn está soktera con uno de los más grandes, Lou Reed.
Comentado por: artecontexto el 20/10/2006 a las 23:07
lo moderno no es sino causa de un mundo deshumanizado, un mundo infectado que sólo atiende a la melodía del repicar de las monedas en un bolsillo holgado.
.....
moderno?
Judas... o... Rome no paga a los traidores
Enea
Comentado por: Enea el 20/10/2006 a las 21:51
El anuncio que nunca soporté ( no sé si lo hacen aún) es: Vuelve a casa por Navidad... si no te quedas en la carretera, claro. Y deberían añadir " vuelve al banco en Navidad" porque también hay mendigos que cuando pueden toman un café en un bar y ven la tele.
Hermoso y bello Zivago
Enea
Comentado por: Enea el 20/10/2006 a las 21:32
Comentado por: frp el 20/10/2006 a las 20:02
El mundo en general está alopécico y la desaparición del calvo es sólo otro síntoma más de nuestra decadencia. Verdú es un buen hombre desafortunadamente adicto a todo lo que huele a moderno. Y digo desafortunadamente porque todo lo moderno no es sino causa de un mundo deshumanizado, un mundo infectado que sólo atiende a la melodía del repicar de las monedas en un bolsillo holgado. Nada que hacer. Estamos perdidos. Tuvimos la ocasión, eso sí, pero la dejamos pasar. Ahora ya es demasiado tarde para cojerla por los pelos, pues se conoce que a ésta la pintaban calva por detrás.
Comentado por: Tipo de incognito el 20/10/2006 a las 19:39
¡Me encanta que los diferentes escritores del boomeran(g) interactúen entre sí! Casi nunca se produce este contacto, que, por otro lado me parece lo más natural del mundo.
De todos modos, señor Rioyo, yo también encuentro al calvo horrible.
Comentado por: lucy el 20/10/2006 a las 19:13
Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía.
En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones.
Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico.
En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.
03/12/2008 06:21
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Jopeeeee, eso es dejarme... no...
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