El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

lunes, 22 de marzo de 2010

 Blog de Javier Rioyo

SAN CERVANTES

Hoy se celebra en mi pueblo, Alcalá de Henares -uno, como dejó sentado Max Aub, es de donde ha hecho el bachillerato- el día de Miguel de Cervantes. No exactamente su nacimiento, que no terminan los biógrafos de conocer con exactitud, sino el de esa fecha marcada por el rito obligado de la España dominada por la tradición católica: el bautismo. Hoy se celebra el día de su bautismo, no el de su nacimiento como tantas veces se viene a confundir. Bien es verdad que solían ser días muy cercanos, se tenía miedo a que el recién nacido muriera a las pocas horas, a los pocos días -algo bastante habitual en los siglos de Cervantes y aún en posteriores- y el bautismo se celebraba inmediatamente después del nacimiento.  Nadie quería que su vástago muriera “morito”. Eran tiempos de creer en el limbo, ¡todavía había limbo! O más bien eran tiempos en que se necesitaba ser y demostrar que se era cristiano viejo. Ni una broma con la religión triunfante.

En Alcalá se conserva esa “joya”, esa partida que da fe del lugar más probable del nacimiento del más universal de los alcalaínos. Y como no había nacido Max Aub, entonces uno era de donde había sido bautizado. Ante lo inconcreto de la fecha de nacimiento, imagino, se determinó que la celebración nacional cervantina fuera en el día de su muerte, el 23 de abril. Pero, ya con la democracia, a los alcalaínos les pareció que se debería conmemorar esa fecha que marca también la historia de la ciudad. La ciudad es muchas cosas. Es Compluto, Alcalá por los árabes, quizá es la ciudad del Arcipreste de Hita -¡tan olvidado!-, es la ciudad del renacimiento, de Cisneros, de la universidad, de las juergas de Quevedo, de la gloria y la decadencia de un país casi siempre convulso. Es también, aunque muchos quisieron olvidarlo y todavía hoy no es orgullo de gran parte de la ciudad oficial, es la ciudad de Manuel Azaña.

No deja de ser curioso, quizá también simbólico, que la vida y derrota de dos alcalaínos que salieron de su pueblo y encontraron el respeto, sin dejar de conocer el desprecio, les una como dos vecinos improbables. La imaginaria casa de Cervantes, una de esas invenciones para dar gusto al turismo cultural, está situada casi haciendo esquina con la real casa de Azaña, con la olvidada y oscura casa de los Azaña. Se enseña la casa de Cervantes y se da la espalda a la casa del escritor, intelectual y Presidente de la República, al más cervantino, al más quijotesco de los alcalaínos aunque con aspecto tan sanchopancesco.

Hoy es fiesta en Alcalá. Muchos la llaman San Cervantes. Ni quiso, ni se le esperaba en el santoral al bueno, vividor, sufridor y poco católico de don Miguel, pero no está mal componernos una suerte de santoral civil. Yo tendría a San Cervantes en el altar mayor de mi templo de santos paganos. Al Miguel de Cervantes católico, al bautizado en la iglesia de Santa María la Mayor un 9 de octubre de 1547, le tengo menos respeto por razones de juegos de niños. Esa iglesia del bautismo cervantino, ubicada en un extremo de la plaza que hoy lleva el nombre del escritor alcalaíno, fue una de las más dañadas en la Guerra Civil. Quedó prácticamente en ruinas. Se salvó el altar donde estaba conservada la pila bautismal del escritor. Cuando yo era un pícaro adolescente que hacía el bachillerato en el instituto que estaba en los nobles edificios de la universidad cisneriana, el único entonces de la ciudad, uno de los refugios más habituales para juegos secretos, para nuestras picardías o nuestros primeros cigarros, era colarnos a la ruinosa iglesia y llegar hasta el refugio del altar donde seguía más o menos entera la pila bautismal de Cervantes. Allí estuvo olvidada, o al menos descuidada, muchos siglos. No se hacían importantes ceremonias para recordar su nacimiento o su bautismo. Y con el tiempo el recuerdo de aquel estado de semiruina, de abandono y olvido de los lugares “sagrados” de San Cervantes, parecía toda una metáfora de la vida tan dura, de los olvidos ciudadanos y políticos, de aquel soldado manco que nos enseñó a escribir.

Mi mejor altar cervantino seguirá siendo aquella pila casi abandonada que vio nuestros primeros juegos prohibidos de adolescentes alcalaínos. Felicidades señor Cervantes.

[Publicado el 09/10/2006 a las 13:42]

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Comentarios (3)

  • Estimado Javier,

    En nombre del Círculo de Bellas Artes, permíteme transmitirte mi agradecimiento por tu crónica del pasado 5 de Octubre en la que elogias las tres exposiciones de nuestra nueva programación, actualmente en las salas Goya, Minerva y Picasso: Henri Michaux, Icebergs, Mario Cesariny, Navío de espejos y Jean Arp, Retrospectiva. Efectivamente, el recorrido que planteamos con estas muestras - al igual que con otras de nuestro más reciente pasado como Pier Paolo Pasolini, Palabra de corsario o el Poema del ángulo recto, de Le Corbusier- se ha concebido como una oportunidad única para conocer en profundidad tres grandes perfiles del siglo XX, creadores heterodoxos, de una marcada independencia y posterior influencia, cuyas atractivas trayectorias vitales y artísticas - expuestas hoy a través de numeroso material, prácticamente inédito - nunca habían sido objeto de riguroso análisis en nuestro país. Me alegro de ese premeditado “tropezón” al que haces referencia y de tu agradable inmersión en los distintos “laberintos” del Círculo, de Michaux a Edwards, de Ayala a Cesariny o de los Premios Eñe al VI Encuentro Euromagrebí, defendiendo, además, con una sólida argumentación, que el precio de entrada se limite al pago de un euro, carga sólo simbólica cuando es comparada con el de acceso a otras entidades culturales de carácter público o privado.

    Me gustaría aclarar que el cobro de dicha suma debe contemplarse como un hecho ligado estrictamente a nuestra actividad intelectual y cultural. Una actividad que se corresponde tanto a la naturaleza de nuestra Institución, privada y sin ánimo de lucro, como al variado público que acude. A ello debe añadirse nuestro afán por ofrecer una programación diseñada esencialmente por nosotros que, como en el caso de las exposiciones arriba mencionadas, no sólo destaque en cantidad sino en calidad. De este modo, nuestro funcionamiento se aleja indiscutiblemente de la mera gestión comercial u hostelera de los distintos espacios del edificio y se centra en ofrecer los mejores debates, exposiciones y espectáculos a todo tipo de público, incluso más allá de la geografía madrileña, a través de medios como la web del CBA, Radio Círculo, la Revista Minerva y las publicaciones de las distintas Colecciones Círculo. En este sentido, aunque también estamos trabajando sobre distintos aspectos que puedan mejorar la calidad y servicio de la cafetería, seguimos concibiéndola como un espacio excepcional pero complementario con la significación de nuestro centro y el verdadero interés del visitante.

    Reducir la visita al CBA a un único objetivo, el de entrar a su cafetería, guarda una nula relación con el euro de entrada o el fin último de nuestra Institución y queda solamente restringido a un horario de mediodía que permite el acceso gratuito a dicho espacio cuando se convierte en restaurante. Asimismo, quiero constatar que preferimos que la naturaleza de la contrata que ocupa la cafetería apunte hacia precios razonables y populares que se ajusten a la verdadera utilidad de dicho espacio - como es el del descanso o el tentempié durante la visita a las actividades de la casa, e incluso el del uso por parte de sus 180 trabajadores - y no al de un servicio de hostelería de corte exclusivista que obligue a juzgar a los trabajadores y visitantes del CBA por su bolsillo. Así se obtiene algo que es común a todo el resto de nuestras exposiciones y debates.


    Un círculo de todos.


    Aclarado este punto, aprovecho la ocasión para enviarte un cordial saludo y, de paso, informar a tus lectores de que ya pueden visitar las exposiciones presentes y futuras del CBA en un nuevo horario que, sin incremento del precio de entrada, amplía su apertura a las mañanas.


    Gracias y un abrazo,

    Juan Barja
    Director
    Círculo de Bellas Artes













    Comentado por: Círculo de Bellas Artes el 25/10/2006 a las 19:47

  • Azaña, gran alcalaíno, Cervantes el más. ¿Quiénes son los grandes de Alcalá en la actualidad o en el siglo XX.

    Comentado por: moralalterna el 09/10/2006 a las 23:27

  • Hermosísimos, añadir para que todos quepan que también en Alca, no sé cómo se escribe... murió Andreu Nin
    Enea

    Comentado por: Enea el 09/10/2006 a las 16:14

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Biografía

Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía.

 

En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones.

 

Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico.

 

En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.

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