El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
lunes, 7 de julio de 2008
DE GORDOS Y FLACOS
Siempre me impresiona ver como fueron/ fuimos algunos delgados de antaño y en lo que llegaron/llegamos a convertirnos con el paso de los años, las comidas, los kilos, las vidas y sus bebidas. Así somos aunque así no nos parezca. Siempre hay un amigo, una pesa instalada en el baño o una foto para ponerte delante del espejo de tu realidad. Una de las transformaciones que más me preocupan, que más me hacen pensar en nuestros problemas con nuestra propia imagen, es la de Edgar Neville. Cuando se mira esa foto en Hollywood, al lado de su amigo Charles Chaplin, los dos sentados a la puerta de un estudio, vemos a un Neville delgado, elegante y atractivo. Tiene la mirada directa, segura y satisfecha del que está contento con su propia imagen. Cuando vemos las fotos de sus años de cineasta en el franquismo, las imágenes de un triunfador, de un vitalista vividor, de un sonoro gozador en tiempos de silencio vemos cómo con los años, las películas y la vida va engordando sin censuras o autocensuras que lo detengan. Solo, o en compañía de Conchita Montes, Neville seguía engordando así que pasaban los años, la fama y las películas. Una vez le pusieron en una disyuntiva -como a Cabrera Infante cuando su madre le dio a elegir entre cine y sardina- o el güisqui o la vida. Eligió el güisqui. Perdió la vida. No hay que buscar toda la culpa en sus aguas de Escocia. Su bebida estuvo bien acompañada de otros excesos. Aún así, no estuvo mal mientras duró la vida y la obra de este gordo que fue joven y flaco.
Soy amigo de muchos gordos, y enemigo de mí mismo. Y, la verdad, me gustaría estar aún más delgado que el crítico Manuel Rodríguez Rivero que sigue moviendo su cultura y sus neuras por la vida y la prensa con veinticuatro kilos menos. Incluso, aún diría más, como los Dupond de Tin-Tin, me gustaría estar más delgado que el admirado Vila- Matas que va camino a la recuperación de su imagen de aquellos tiempos en que parecía un personaje de Truffaut, línea Antoine Doinel, pero con menos pelos. A esos dos amigos reconvertidos los encontré en Segovia, entre los gozos y las sombras del Hay Festival. Vila-Matas siempre había sido un flaco que engordó a golpes de tragos largos, cortos y medio pensionistas. Rivero, siempre fue un gordo de mejores comidas que bebidas. Ahora, apenas abusan de lo uno y de lo otro. Tiene su mérito, pero menos.
Con mi mala conciencia, en compañía de mis digestiones y resacas, me escapé de Segovia a Ciudad Real. Sí, Ciudad Real, también existe. Está a cincuenta minutos exactos en AVE desde Madrid. Se celebraban unas jornadas de cultura y gastronomía -¡qué paliza, que tentaciones, que rico! -y la mesa redonda- y nunca mejor dicho como me señala uno de esos lectores anónimos que practican el boomerang- me situaba entre gordos felices, renovados y arrepentidos. Entre los felices el periodista y novelista Jesús Ruiz Mantilla, gordo, culto, esteta y divertido. Consigan su novela Gordo -no digo la editorial para no meter la pata como cuando escribí Losada por escribir Lumen, dos editoriales de mi historia personal, de mi memoria lectora y de mi desmemoria apresurada- y se encontrarán con una divertida y lúcida tragicomedia del comer y el beber. Entre los renovados, el maestro de las cocinas más estrelladas de Cataluña y con delegación madrileña, Santi Santamaría. Me había seducido con sus artes culinarias y mejoró su capacidad seductora con sus artes verbales, culturales y vitales. Renueva su gordura por placer. Un artista que sabe afinar. El gordo arrepentido es Juan Echanove. Arrepentido ma non tropo. Enorme actor, que sudando con Calixto Vieito, con Houellebecq y con su papel de Quevedo y su trabajo en Manolete ha perdido tantos kilos que ya está en trance de arrepentirse. Un gordo que adelgazó sin complejos. Y que también sin complejos está dispuesto a volver por donde solía. El quinto en la mesa redonda, no hay quinto malo, era Lorenzo
Díaz, el periodista, sociólogo y gastrónomo que nos embarcó en el feliz viaje a la buena mesa manchega. Lorenzo Díaz es el más delgado de esa peculiar tribu de gastrónomos que conoce el arte de marear la perdiz y no perder la línea. Debería escribir un tratado del comer y el placer sin pagar el tributo que pagamos los aficionados a las lecturas y otros alimentos. Bebidas aparte.
Un día de estos tengo que hacer un catálogo de escritores gordos y flacos. Algo así como un desfile de escritores preparados para desfilar por una pasarela Cibeles, pero sin expulsiones por kilos. ¿Quién escribe mejor, los gordos o los flacos?
[Publicado el 28/9/2006 a las 11:49]
¿y Welles? ¿es verdad que se pimplaba dos de vodka por día? ¡Qué gordo estaba! Sobretodo en aquella escena de Campanadas a medianoche cuando vemos a un Falstaff interpretado por welles bajando por el estrecho pasadizo de escaleras...
Espero no acabar igual. De momento aguanto bien, fascinado por la capacidad de síntesis y eyección de mi organismo. Pero veo un futuro terror en la "orondez" paterna. De momento me conservo oblongo, que no es poco.
Comentado por: Tipo de incognito el 28/9/2006 a las 20:04
Muy curioso el caso del Nestor Luján más postrero pidiendo en su querido Boix de la Cerdaña "una sopeta de farigola" o una "truita a la francesa" cansado, supongo, del empaque gastronómico que él gustó de fomentar.
O sea que también de la comida al final se acaba uno cansando. Sucede con todos los placeres: acaban pereciendo. O ¡aún peor! transformándose en adicciones.
Comentado por: Tipo de incognito el 28/9/2006 a las 19:55
Yo ando siempre en esas dudas existenciales . . . si como soy feliz, pero cuando me privo de comida en homenaje a la línea, siento que soy yo la que tengo el control de mi estómago, y no mi estómago el que tiene el control sobre mí.
No creo que se pueda establecer si gordos o flacos escriben mejor, en todo caso, son más felices los que viven como quieren: ya sea comiendo banquetes o privándose de ellos.
Comentado por: Fátima el 28/9/2006 a las 16:54
Comentado por: moraldistraida el 28/9/2006 a las 14:57
Bonito tema don Javier, ese del Gordo y el Flaco. Al principio, casi lo borda, con Neville y con su constatación de ‘la pérdida de la imagen precedente’. ¿Por qué éramos –algunos, no todos, delgados en la juventud y luego perdimos esa estampa? Buena pregunta, que puede tener muchas contestaciones. Y no todas pasarán por la ‘España original’. ¿Para ser gourmet, hay que ser rico? Según José Carlos Capel, no es obligatoria la cartera para saborear los productos. Hay patatas memorables y aún latas de sardinas (como las de Cabrera y su cine de noche) más memorables aún, según Capel.
¡Y dale con los productos y con los mercados! Hoy hasta don Félix, aquí al lado, también se desplaza por los mercados. ¿Pero que está pasando con estas derivas intelectuales, sobre la mesa, la comida, la cocina, las calorías y los sabores? ¿No nos estaremos pasando de culto? Las hambrunas antiguas del maestro de escuela del dicho, han devenido sofisticación y ensayo literario. A faltas de géneros, ¡inventemos el gastronómico!, que ya lo hiciera Plá y Néstor Luján, entre nosotros. Hasta el querido Julian Barnes, en su último libro ‘El perfeccionista en la cocina’, se hunde en la mística de los fogones y en el arrebol de los sabores. Y Herralde, cuenta en su ‘Por orden alfabético’ ya comentado por don Javier, la exquisitez del grafómano cuando mira a un faisán de frente, como si fuera una metáfora.
No todo el reino literario y creativo es de los gordos, como ya abocetara Jesús Marchamalo, en su contabilidad de los obesos. Henry James, Chesterton, Welles o Hitchock, son parte de una escala y de una escuela hipercalórica. Pero también hay toda una secta de flacos memorables, desde Kafka, a Bergamín, desde Cortázar a Péret, desde Azorín a Pessoa.
Lo de 'practicar el boomeran' así dicho, suena raro, don Javier ¿no? Habría que inventar un 'palabro' para los mirones sin pretensiones. Practicar el boomeran, nos emparentaría con eso de 'practicar el sexo'. Y no es el caso
Comentado por: El Pozo y El Numa el 28/9/2006 a las 12:33
Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía.
En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones.
Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico.
En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.
06/7/2008 23:44
Publicado por: alex_rcx@hotmail.com
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