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El blog literario latinoamericano

jueves, 9 de febrero de 2012

 Blog de Vicente Molina Foix

En Ramadán

En algunas pequeñas ciudades de la costa atlántica marroquí el fin de las horas diurnas de ayuno durante el mes de Ramadán se señala con un cañonazo frente a la playa. Es una ceremonia sencilla pero llena de encanto, que comienza cuando un poco antes de la puesta de sol los niños, no siempre acompañados de familiares, se agrupan frente al lugar reservado para un aparatoso camión del ejército, que llega puntualmente todas las tardes acarreando un cañón de mediano calibre. También hay adultos curiosos, extranjeros algunos (como yo, que he asistido a menudo al acto), y dos o tres pedigüeños desperdigados que aprovechan la relativa religiosidad del momento para solicitar un dirham de limosna. Los niños, que saben al minuto el lenguaje de los gestos, empiezan ya a taparse los oídos con los dedos cuando los soldados, sin excesiva marcialidad pero conscientes de su importancia, se acercan al carro armado y encienden la mecha, conectados telefónicamente -si no es mucho imaginar- con los hombres santos avezados en la contemplación del cielo. Es la hora.

 

     El disparo es ruidoso (ha de oírse en toda la ciudad) aun siendo de carga hueca, sin impacto en las aguas o las arenas, que de cualquier modo se han vaciado ya de bañistas y, sobre todo, de los centenares de futbolistas aficionados que llenan las dos horas previas al fin del ayuno jugando a la pelota en la playa, descalzos pero provistos de porterías metálicas portátiles. Inmediatamente después del cañonazo, o a la vez, suena la potente sirena del aviso y cantan los almuédanos su plegaria, una pequeña sinfonía vocal que aún remarca más el absoluto silencio que sigue a continuación. La orilla se ha vaciado, el ejército ha vuelto a sus cuarteles, y la población entera come. Todos los musulmanes del mundo se detienen y cumplen los requisitos de su religión.

   Tengo más de un amigo árabe que observa el Ramadán en Madrid en estos calurosos días de verano y no se queja. Su sacrificio (sobre todo el de no beber ni una gota de agua o cualquier otro líquido aunque se trabaje a pleno sol) pasa desapercibido en el tráfago y la rutina de los que aquí comemos, bebemos y fumamos sin restricciones mientras ellos se abstienen, lo cual, también reconocen los más piadosos, permite al musulmán europeo que no quiera ayunar hacerlo sin despertar recelos. El ayuno coránico tiene, por supuesto, unas connotaciones simbólicas propias, derivadas del mandato divino de expiación, pero no hay que olvidar la peculiar relación que todas las religiones tienen con el alimento, y en especial con la carne. Nos sorprende a veces a los que tenemos una formación cristiana la voluntaria renuncia de los musulmanes a ese manjar único que es la pata negra de un buen cerdo, por no hablar de la privación judía del conejo a la brasa, otra exquisitez nuestra incomparable. Ahora bien, también ‘nosotros' tenemos lo nuestro, o lo teníamos, pues no siendo yo ahora católico practicante ignoro si las nuevas generaciones siguen privándose tan religiosamente como las anteriores de comer carne en viernes, dando así carta de gastronomía a esa delicia del paladar que es el potaje de bacalao y garbanzos (con o sin espinacas, según el gusto), tomado en todos los hogares durante la Cuaresma y en el mío también los primeros viernes de cada mes. En países de gran consumo cárnico como Argentina o Uruguay, donde comer pescado no está entre las prioridades de sus nativos, uno (que es ‘pescadero' por vocación y no por mandamiento de la Santa Madre) lo hace, y puede así pasar por más piadoso, aludiendo a esa estricta observancia de los viernes sin chuletón ni asado de tira.

     Vivir el Ramadán en un país musulmán impresiona en todo caso, más por el rito que por la obediencia, diría yo. En la ciudad costera del sur de Marruecos donde estuve hace unos días, el cañón volvía a sonar en torno a las dos de la madrugada, avisando a los habitantes de que aún les quedaba tiempo para la última comida de la jornada, la ‘shor', que precede al comienzo del ayuno, señalado de nuevo por las preces del altavoz de todas las mezquitas. Todas las mezquitas. ¿Todos los musulmanes del mundo? Marruecos, que es un país menos anquilosado de lo que aquí  -‘aznáricamente'- se piensa, muestra disidencias también en ese territorio sagrado del ayuno. Y así este año han vuelto a manifestarse, y a ser disueltos por la policía, todo hay que decirlo, los (aún pocos) miembros del llamado MALI, Movimiento Alternativo para las Libertades Individuales, que, convocándose a través de Facebook, se reúnen en Rabat o en Casablanca para tomarse al mediodía un modesto sándwich en público. Tampoco era fácil, cuando yo era adolescente, decirles a tus padres que tú lo que querías, en lugar del potaje de vigilia, era un filete de lomo empanado.

[Publicado el 02/9/2010 a las 12:38]

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Comentarios (2)

  • No deja de asombrarme el comportamiento humano en esta red nuestra de cada día. Aunque pueda resultar sorprendente, hay personas que se dedican a dejar sistemáticamente mensajes escatológicos en cuanto foro o blog está al alcance de su teclado de ordenador. Véase un ejemplo: basta introducir en un buscador el nombre de Jesús Guillén Aguilar, autor de los inefables mensajes que preceden al mío, para encontrar que el susodicho individuo (o la persona real que se escuda tras ese nombre) es autor de comentarios de la siguiente altura intelectual:

    “yo puse una foto mia cagando ahi!”

    “mi nombre es jesus guillen soy de bolivia y me gusta cagar cada dia cago mas!”

    “yo pongo mi mierda en el microondas, je je que cojudo soy.”

    “yo para perder grasa voy a cagar y listo.”

    “yo quiero que pongan una foto mia mientras estoy cagando.”

    “yo me masturbo viendo gordas.”

    “Soy Jesus Guillen Bernal de Bolivia y me gusta ver porno, y cagar”


    Sobran los comentarios. Señor Molina Foix, no creo que estuviera usted preocupado por las intervenciones de esta lumbrera, pero por si acaso, sepa que don Jesús Guillén prodiga sus gracias por doquier. No es nada personal. Él es así.

    Comentado por: Estenebea el 07/9/2010 a las 15:36

  • No deja de asombrarme el comportamiento humano en esta red nuestra de cada día. Aunque pueda resultar sorprendente, hay personas que se dedican a dejar sistemáticamente mensajes escatológicos en cuanto foro o blog está al alcance de su teclado de ordenador. Véase un ejemplo: basta introducir en un buscador el nombre de Jesús Guillén Aguilar, autor de los inefables mensajes que preceden al mío, para encontrar que el susodicho individuo (o la persona real que se escuda tras ese nombre) es autor de comentarios de la siguiente altura intelectual:

    "yo puse una foto mia cagando ahi!"

    "mi nombre es jesus guillen soy de bolivia y me gusta cagar cada dia cago mas!"

    "yo pongo mi mierda en el microondas, je je que cojudo soy."

    "yo para perder grasa voy a cagar y listo."

    "yo quiero que pongan una foto mia mientras estoy cagando."

    "yo me masturbo viendo gordas."

    "Soy Jesus Guillen Bernal de Bolivia y me gusta ver porno, y cagar."


    Sobran los comentarios. Señor Molina Foix, no creo que estuviera usted preocupado por las intervenciones de esta lumbrera, pero por si acaso, sepa que don Jesús Guillén prodiga sus gracias por doquier. No es nada personal. Él es así.

    Comentado por: Luis Donoso el 07/9/2010 a las 15:35

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Biografía

Nació en Elche y estudió Filosofía en Madrid. Residió ocho años en Inglaterra, donde se graduó en Historia del Arte por la Universidad de Londres y fue tres años profesor de literatura española en la de Oxford. Autor dramático, crítico y director de cine (su primera película Sagitario se estrenó en 2001, la segunda, El dios de madera, en el verano de 2010), su labor literaria se ha desarrollado principalmente -desde su inclusión en la histórica antología de Castellet Nueve novísimos poetas españoles- en el campo de la novela. Sus principales publicaciones narrativas son: Museo provincial de los horrores, Busto (Premio Barral 1973), La comunión de los atletas, Los padres viudos (Premio Azorín 1983), La Quincena Soviética (Premio Herralde 1988), La misa de Baroja, La mujer sin cabeza, El vampiro de la calle Méjico (Premio Alfonso García Ramos 2002) y El abrecartas (Premio Salambó y Premio Nacional de Literatura [Narrativa], 2007);. en  2009 publica una colección de relatos, Con tal de no morir (Anagrama). Su libro más reciente es El hombre que vendió su propia cama (Anagrama).

Cabe también destacar muy especialmente sus espléndidas traducciones de las piezas de Shakespeare Hamlet, El rey Lear y El mercader de Venecia; sus dos volúmenes memorialísticos El novio del cine y El cine de las sábanas húmedas, sus reseñas de películas reunidas en El cine estilográfico y su ensayo-antología Tintoretto y los escritores (Círculo de Lectores/Galaxia Gutenberg).

 

Foto: Asís G. Ayerbe

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