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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 19 de octubre de 2019

 Blog de Vicente Molina Foix

Polanski en Tarantino

El tercer libro de poemas de Félix de Azúa, aparecido en 1971, tenía el enigmático título de ‘Edgar en Stephane', y la glosa que el autor hacía en un Aviso inicial, sin ser muy aclaratoria, ponía en la pista de Poe y Mallarmé, sus Edgar y Stephane titulares. Azúa imaginaba un diálogo entre los dos escritores, en el que el francés le decía con cierta arrogancia al bostoniano: "sólo yo hablo de tu muerte verdadera y de tu verdadera resurrección". No es nada ‘mallarmeana', ni gótica al estilo Poe, ‘The Ghost Writer', traducida en España como ‘El escritor', con un descaro que debería ser penalizado en los juzgados, pues la falsificación del concepto afecta también a los diálogos de la película (un título idóneo podría haber sido ‘El escritor a sueldo', descartado lógicamente el más exacto de ‘El negro'). Sin embargo, mientras la veía, y sin que el film de Polanski sea en nada deudor de Tarantino, mi cabeza estableció una conexión tan irresistible como perversa entre ambos. Al final de este artículo digo el porqué.

     El mecanismo narrativo de ‘The Ghost Writer' está entre los más perfectos que he visto en una pantalla. El montaje es veloz, nunca sobresaltado, la topografía hermosa y llena de relieves memorables, la ansiedad del espectador se crea legítimamente, con oquedades pero sin engaños (al contrario del método de Scorsese en ‘Shutter Island'), y los actores responden físicamente a sus enigmas interiores, siendo mi preferida de todo el ‘cast' Olivia Williams, tan extraordinaria aquí haciendo de esposa del ‘ex-premier' caído en desgracia como lo era recientemente en el papel de Miss Stubbs, la profesora reprimida de ‘An Education'.

      Ser cinéfilo no quiere decir ser magnánimo, y me tengo por un impaciente que va al cine con gran frecuencia y se sale de las películas también a menudo, con la misma libertad del lector al abandonar en su casa el libro que no tira de él. Antes de salirme suelo mirar varias veces el reloj, un gesto tal vez atávico que asocio al ‘tedium vitae'. No miré el reloj en ningún momento durante la proyección (de madrugada, además, en el Cine Princesa de Madrid) de ‘The Ghost Writer', pero en los últimos cuarenta y cinco minutos de su trepidante narración asomó en mi mente Tarantino y ya no se fue de ella hasta el final. ¿Por qué Tarantino en esta película de Polanski donde no hay apenas humor ni violencia explícita?

     ‘The Ghost Writer' es un relato fílmico a la altura -que es mucha- del mejor Polanski, el de ‘Frenético', ‘Lunas de hiel' (tan incomprendida) o ‘El pianista'. El cineasta nunca nos decepciona. Sólo lo hace, en esos cuarenta y cinco minutos finales en que yo le fui infiel con Tarantino, Robert Harris, coguionista del film y autor de la novela en la que está basado: un ‘thriller' político sin sustancia, sin densidad, sin mordiente, y en el que la resolución no pasa de ser el parto del monte narrativo tan elevado y sofisticado que antes ha ido escalando Polanski. No contaré nada de la puerilidad en que desemboca la trama, ni de las numerosas inconsistencias, alguna clamorosa, como la de la llegada inmediata a un remoto lugar costero de los Estados Unidos del ministro de Asuntos Exteriores británico, convocado en una llamada de móvil por el acosado escritor a sueldo.

     Robert Harris, un escritor absurdamente sobrevalorado, nos confiesa su filiación ‘hitchcockiana'. Hay hijos que no se merecen a sus padres, ajenos en la tumba a tamaña desconsideración. Del mundo de Alfred Hitchcock le atrae a Harris la figura del hombre corriente metido en un universo extraño, y esa parte de su historia funciona muy bien; pero añade Harris en sus declaraciones: "todas mis novelas, en cierto modo, examinan el poder. Me interesa en especial el fenómeno del líder que pierde su influencia. Traté de alejarme de la imagen de Tony Blair cuando me puse a escribir, e inventé una figura política universal". No sintiendo yo ninguna simpatía por Blair, el pobre se merece algo mejor que la simplificación sufrida en el desenlace de la película, por no hablar de la que castiga al hasta entonces más inquietante personaje de ‘The Ghost Writer', el de su mujer Ruth. Aunque la secuencia final del accidente fuera de campo y el vuelo de las hojas es bellísima, para haberle dado grandiosamente la vuelta al trillado ‘mensaje' político de ‘The Ghost Writer' habría que haber tenido la desfachatez, la falta de sentido de la medida, el humor ‘fou' que Quentin Tarantino exhibe en esa otra fábula histórica con esperpento que es su magistral ‘Malditos bastardos'. Claro que el director norteamericano se escribió su propio guión, sin la ayuda del mercenario de turno.

[Publicado el 07/6/2010 a las 11:10]

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Biografía

 

Nació en Elche y estudió Filosofía en Madrid. Residió ocho años en Inglaterra, donde se graduó en Historia del Arte por la Universidad de Londres y fue tres años profesor de literatura española en la de Oxford. Autor dramático, crítico y director de cine (su primera película Sagitario se estrenó en 2001, la segunda, El dios de madera, en el verano de 2010), su labor literaria se ha desarrollado principalmente -desde su inclusión en la histórica antología de Castellet Nueve novísimos poetas españoles- en el campo de la novela. Sus principales publicaciones narrativas son: Museo provincial de los horrores, Busto (Premio Barral 1973), La comunión de los atletas, Los padres viudos (Premio Azorín 1983), La Quincena Soviética (Premio Herralde 1988), La misa de Baroja, La mujer sin cabeza, El vampiro de la calle Méjico (Premio Alfonso García Ramos 2002) y El abrecartas (Premio Salambó y Premio Nacional de Literatura [Narrativa], 2007);. en  2009 publica una colección de relatos, Con tal de no morir (Anagrama), El hombre que vendió su propia cama (Anagrama, 2011) y en 2014, junto a Luis Cremades, El invitado amargo (Anagrama), Enemigos de los real (Galaxia Gutenberg, 2016), El joven sin alma. Novela romántica (Anagrama, 2017). Su más reciente libro es Kubrick en casa (Angrama, 2019).

 

La Fundación José Manuel Lara ha publicado en 2013 su obra poética completa, que va desde 1967 a 2012, La musa furtiva.

 

Cabe también destacar muy especialmente sus espléndidas traducciones de las piezas de Shakespeare Hamlet, El rey Lear y El mercader de Venecia; sus dos volúmenes memorialísticos El novio del cine y El cine de las sábanas húmedas, sus reseñas de películas reunidas en El cine estilográfico y su ensayo-antología Tintoretto y los escritores (Círculo de Lectores/Galaxia Gutenberg).

 

Foto: Asís G. Ayerbe

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