Cilicio Gil de Biedma
Pero no sólo ha llegado a la prensa la primaria. Últimamente también se ha puesto en la picota la institución de los colegios mayores, abundantes en Madrid (no sólo en el perímetro de la Ciudad Universitaria) y sobre los que se debate por cuestiones de dinero y de género sexual, dos motivos de rabiosa actualidad. Cuando dejé en Alicante el colegio y el cilicio, viniendo a Madrid a estudiar la carrera, yo estaba imbuido de la mística laica de esas residencias universitarias, en las que deseaba fervientemente entrar; mi hermano había estado varios años de residente en uno de los situados en la Avenida de Séneca, y otro querido amigo algo mayor que yo, el periodista y hombre de radio Miguel Payo de Anta, contaba anécdotas muy sabrosas de su paso por el Diego de Covarrubias. Mis padres prefirieron para mí una pensión, ni siquiera galdosiana, en la calle Guzmán el Bueno, y a los colegios mayores me he tenido que contentar con ir de vez en cuando a dar una charla o asistir a un recital de poesía.
En Madrid el colegio mayor tiene además una estirpe muy literaria, lo que aún acrecienta más mi irreparable nostalgia. Vicente Aleixandre vivió toda su vida rodeado de colegios mayores de la zona del Parque Metropolitano, y, sabiendo de su buena disposición a recibir y departir con los jóvenes, los más ‘letraheridos' llamaban al timbre de Velintonia 3, hoy mudo, y tenían acceso al interior de una casa que nunca fue un santuario. Jaime Gil de Biedma ha dejado en una carta de 1952 a Carlos Barral un relato estupendo de su primera visita al "tío por parte de padre de todos los poetas, pasados, presentes y futuros", describiendo con cariñoso humor la paz de Velintonia ("huele a rosa diaria"), el consuetudinario atuendo de Aleixandre, pantalón de franela y rebeca gris, y los retratos presidenciales del salón, Baudelaire y Rimbaud, tan en discordancia -nada casual- con el aparente interior burgués. Del autor de ‘Espadas como labios', el "Vicente Délfico", dice entonces Gil de Biedma, antes de someterlo, como haría más tarde, a su sarcasmo sistemático, que es "el hombre de mayor sensibilidad poética que jamás he conocido".
Un año y medio después de esa primera entrada en Velintonia, Jaime Gil reside ("Vivo quizá?", le escribe a Barral), mientras prepara las oposiciones a la Escuela Diplomática, en el colegio mayor César Carlos, situado en la Avenida del Valle, a tres calles de la casa de Aleixandre, de la que fue asiduo visitante. Gil de Biedma no entró en el cuerpo diplomático, seguramente, según apunta Andreu Jaume en su excelente edición de la correspondencia recién publicada en Lumen, por haber contestado en el primer ejercicio de cultura general que su ciudad preferida del mundo era Arévalo.
Los colegios mayores madrileños han salido a la palestra no por estas conexiones poéticas sino por asuntos más prosaicos. La Complutense busca socios patrocinadores (ahora que la figura del ‘sponsor' penetra en todas las capas de la cultura) para llegar a una especie de semi-privatización, y por otra parte, la parte del estudiantado, hay malestar respecto a la idea del rector Carlos Berzosa de hacer que tres de los seis colegios dependientes de la Universidad se hagan mixtos. Los argumentos contrarios a esa ‘mixtificación' de chicos y chicas -que en sitios tan venerables como Oxford y Cambridge, donde se ha establecido, no parece haber causado ni gran tensión ni estupro masivo- suenan pueriles. O rancios. Veremos en qué queda la disputa. Yo mientras tanto seguiré pensando que esos colegios eran un paraíso a cuya sombra nunca pude ponerme.[Publicado el 17/5/2010 a las 09:45]
Nació en Elche y estudió Filosofía en Madrid. Residió ocho años en Inglaterra, donde se graduó en Historia del Arte por la Universidad de Londres y fue tres años profesor de literatura española en la de Oxford. Autor dramático, crítico y director de cine (su primera película Sagitario se estrenó en 2001, la segunda, El dios de madera, en el verano de 2010), su labor literaria se ha desarrollado principalmente -desde su inclusión en la histórica antología de Castellet Nueve novísimos poetas españoles- en el campo de la novela. Sus principales publicaciones narrativas son: Museo provincial de los horrores, Busto (Premio Barral 1973), La comunión de los atletas, Los padres viudos (Premio Azorín 1983), La Quincena Soviética (Premio Herralde 1988), La misa de Baroja, La mujer sin cabeza, El vampiro de la calle Méjico (Premio Alfonso García Ramos 2002) y El abrecartas (Premio Salambó y Premio Nacional de Literatura [Narrativa], 2007);. en 2009 publica una colección de relatos, Con tal de no morir (Anagrama). Su libro más reciente es El hombre que vendió su propia cama (Anagrama).
Cabe también destacar muy especialmente sus espléndidas traducciones de las piezas de Shakespeare Hamlet, El rey Lear y El mercader de Venecia; sus dos volúmenes memorialísticos El novio del cine y El cine de las sábanas húmedas, sus reseñas de películas reunidas en El cine estilográfico y su ensayo-antología Tintoretto y los escritores (Círculo de Lectores/Galaxia Gutenberg).
Foto: Asís G. Ayerbe


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