El dandy y su fantasma
No todos los ‘dandies' han sufrido tan mal destino, aunque una muerte en la penuria o antes de tiempo contribuye mucho a forjar las leyendas del gran mundo. Durar poco o no mantener constantemente el brillo de la elegancia tienen por lo demás su lógica casi obligada en personajes cuyo renombre surge del más efímero y deslizante suelo que hay, el de la moda. Beau Brummell, frívolo e inconstante también en sus galanteos, murió a los 61, pero Lord Byron, que sintió siempre envidia por su contemporáneo, cayó antes de cumplir los 36 combatiendo por la independencia de Grecia, después de haber llevado una vida amorosa incontable. Con todo, no le faltó al autor de ‘Las peregrinaciones de Childe Harold' una cualidad infalible entre los ‘dandies': los celos mutuos. Hay testimonios de que al poeta con título nobiliario le mortificaba reconocer que Brummell, nieto de un comerciante y según malas lenguas (desautorizadas por la historia) hijo de un pastelero, vestía mejor que él, llegando a decir Byron, en un rapto de obsequiosa malicia, que la levita de Brummell tenía más pensamiento que su cabeza.
Pero no sólo el hábito del buen vestir hace al ‘dandy'. Balzac, que dedicó al asunto un minucioso tratado, sostenía que "para ser elegante es necesario gozar del ocio sin haber pasado por el trabajo". Brummell se ajusta perfectamente a esa definición, pues, salvo un corto periodo como militar, no se le conoce ocupación ni siquiera ‘hobby', más allá del esfuerzo de elegir vestuario y jugar a los naipes, un vicio que le llevaría a su ruina y exilio en Francia.
¿Quiénes son los ‘dandies' de hoy? He leído en algún sitio que David Beckham pasa por serlo, y quizá (me lo cuentan quienes saben de esto) su decadencia actual en los terrenos de juego reforzaría tal opinión, si pensamos en la sentencia de Baudelaire: "el dandismo es un sol poniente; al igual que el astro que declina, es soberbio, privado de calor y pletórico de melancolía". El rostro del bello durmiente Beckham retratado en vídeo por la artista británica Sam Taylor-Wood refleja tal vez una inquietud, una nube negra cruzándole la cabeza, pero yo diría que lo más ‘dandy' del futbolista sería su gusto por llevar ropa interior femenina. O los prolijos tatuajes sicalíptico-religiosos que se ha hecho, diez, por lo visto. Tatuarse la piel, siempre que no se caiga en la trillada voluta de catálogo que adorna los tobillos de tantos chicos, me parece un signo de disidencia narcisista equivalente -salvando las distancias- al clavel verde del ojal de Oscar Wilde.
Hace bastantes años, en el prólogo a la edición de una antología de textos franceses sobre el dandismo que publicó Anagrama, Salvador Clotas sugería, sirviéndose de un ocurrente cuadro sinóptico de nombres y caracteres, una ecuación inesperada, según la cual habría una línea ‘dandy' que iba de Cristo a Beau Brummell y desde Brummell llegaba al Che Guevara, quien indudablemente posee, y no parece perderlo con el tiempo y las revelaciones de su horrendo historial político, el halo del santoral demoníaco y los rasgos de una belleza agreste aunque estudiada. Así que es evidente que se puede ser ‘dandy' sin guardarropa. Más que la cantidad, importa la persistencia en un gesto, un símbolo o un color de vestido; el negro, tan destacado por Baudelaire, admite matices infinitos, y bien podría ser en su variedad el uniforme histórico de la milicia ‘dandista'.
Cuando contemporáneamente, es decir, después de Larra y de Alejandro Sawa y de Valle Inclán, se ha hablado de ‘dandies' españoles, los nombres propuestos eran descorazonadores. Con todos mis respetos por los difuntos, creer que Antonio de Senillosa (con esas camisas de puños y cuello de distinto color al resto) o Francisco Umbral, el de las bufandas tricotadas, lo eran, significa confundir malamente el concepto, olvidando además el origen de la palabra, que empezó a usarse en su sentido actual a principios del XIX en Gran Bretaña, aunque se duda de que procedente del francés ‘dandin' (el que se contonea) o del inglés ‘Jack-a-dandy', individuo gallardo y presumido. Como tantos términos aceptados después con orgullo por sus titulares, ‘dandy' tenía entonces, y la tuvo hasta bien entrado el siglo XX, una connotación ridícula.
Nunca se habla del ‘dandy' en femenino, a pesar de que, tras Baudelaire, las cosas más juiciosas sobre el dandismo las han escrito mujeres: la citada Sitwell, la filósofa francesa Françoise Coblence o Virginia Woolf. Esta última escribió un ensayo sobre Beau Brummell que es un prodigio de concisión e inteligencia; sin negar la profunda superficialidad de quien fue modelo de todos los ‘dandies' posteriores, Woolf le reconoce a Brummell, además de un gusto anticipatorio del ‘camp', la suave perversidad del genio disconforme, relatando el dicho ‘brummelliano', tan influyente en Wilde, de que si viera ahogándose en un estanque a un hombre y a un perro, sin dudarlo salvaría al perro, siempre que nadie le estuviese mirando a él. El fantasma de Brummell, escribe la autora de ‘Las horas', "sigue circulando entre nosotros".
Se me ocurren varias figuras de ‘dandy' con personalidad de mujer, y no sólo en el entorno del grupo de Bloomsbury que rodeaba y continuó a la propia Virginia Woolf. En la Francia del XVIII, ‘avant la lettre' por tanto, hubo literatas que cumplen sin duda los requisitos, como los cumplen con un perfil muy moderno ciertas actrices del cine mudo y de después, empezando por Marlene Dietrich. La androginia, al menos de apariencia, no es absolutamente necesaria, pero ayuda: a Beckham y a Woolf, quien, no se olvide, creó con su ‘Orlando' un prototipo enigmático y elocuente del ‘dandy' eterno.
[Publicado el 21/1/2010 a las 16:40]
No sé de uqe habla la paloma loca, pero yo les digo que la figura del dandy -ahora mismo- está caduca. La mayoría no tiene tiempo ni ganas de invertir en su imagen, también se necesita dinero... ¿o no?
Saludos
Comentado por: Luchino el 24/1/2010 a las 10:52
Bueno, Javier Bardem no está tan mal, pero no encaja en la figura de dandy. Mollà es más versátil; yo le veo bien en el papel de Jaime.
FELICIDADES POR EL BLOG
(LES PAGAN MUCHO?)
JAIME NO TUVO ESOS PROBLEMAS EN VIDA.
Comentado por: Paloma Borrero el 23/1/2010 a las 13:08
dimito
digo, resulta absolutamente ajeno e inaccesible para mí
pienso -luego existo- que es much ado about nothing
aunque, bueno, quizá, el dandismo austrohúngaro...
Comentado por: jbv a 10.710 km el 22/1/2010 a las 15:20
Los artistas originales siempre han sido controvertidos "en sí" o han originado controversia.
Fíjese, yo no conocí "personalmente" a Gil de Biedma pero me da a mi que algo encajaba en esa figura.
Y ahora esta polémica...
Me encantan sus artículos, señor Molina Moix.
¡Y saludos a Paloma P. la admiradora secreta!
Comentado por: Eva el 21/1/2010 a las 17:43
Cabe también destacar muy especialmente sus espléndidas versiones de las piezas de Shakespeare: Hamlet, El rey Lear y El mercader de Venecia; sus reseñas de películas reunidas en El cine estilográfico y Tintoretto y los escritores. En Espejo de Tinta ha publicado El cine de las sábanas húmedas.
22/3/2010 15:07
Publicado por: jbv a 10.710 km
21/3/2010 17:03
Publicado por: Ay
21/3/2010 07:06
Publicado por: Martin Eduardo
21/3/2010 03:26
Publicado por: Javier
20/3/2010 17:11
Publicado por: Vicente Molina Foix
20/3/2010 09:58
COMENTARIO CENSURADO por IVAN...
Publicado por: Javier
15/3/2010 05:05
Viejo pelopincho, UP gano el...
Publicado por: Huro
12/3/2010 15:51
Vivo en Londres desde hace un...
Publicado por: Alessandro M
09/3/2010 21:25
Publicado por: SMA
07/3/2010 19:47
Publicado por: rolando gabrielli
© 2005 | Gran Vía, 32 6ª planta - 28013 Madrid | | Aviso Legal | RSS
Página desarrollada por Tres Tristes Tigres