El pequeño Wyoming
El Oeste de Proulx es de un bronco realismo y tiene los personajes esperados: rancheros rudos, indios desubicados y marchitos, cantineras que lo han visto todo desde la barra, magnates del comercio enriquecidos a falta de escrúpulos. En sus grandes espacios, la soledad parece un componente más del paisaje, y el dolor una forma atenuada de la violencia precisa para sobrevivir en ese medio hostil. ‘El testimonio del burro', uno de los más logrados de la serie, se inicia con una cita, para nosotros muy trillada, de Antonio Machado, y cuenta la historia de Marc y Catlin, una pareja aficionada al senderismo, cuya crisis amorosa queda asociada a la supuesta costumbre de algunas pequeñas poblaciones de Galicia en las que, así lo refiere Marc, en la última noche del carnaval se lee públicamente el "testamento del burro", una "feroz recopilación rimada de los pecados cometidos en el pueblo durante el último año, y se hace un reparto ficticio de las diversas partes del cuerpo de un burro que se corresponden con los pecados". El reparto de culpas entre la camarera Catlin y el bombero voluntario Marc es ambiguo, pero se resuelve en un final estremecedor de escalada montañera durante la cual resuenan, mezcladas sin remedio a los reproches, las voces de amor que los dos amantes no han tenido tiempo de decirse. ‘El testamento del burro' bordea el campo del misterio sin entrar nunca en él, pero aprovechando con elocuencia la difuminación que las incertidumbres aportan a lo cotidiano; cuando Proulx aborda abiertamente lo fantástico y aun lo alegórico (dos ejemplos son, en el libro que se reseña, ‘El Chico de Artemisa' y ‘Siempre me ha encantado este sitio') el fenómeno producido no es la sugestiva extrañeza sino la fatigosa incredulidad.
Lo que sí se le da estupendamente a la autora es la fábula en el estilo -conciso, cómico, truculento- aquí representado por ‘El bayo purasangre', uno de los más breves, protagonizado por un caballo arisco y de diente fácil, unas botas de piel y unos vaqueros "vivales y frescales" (y no "con sentido común y recursos", como traduce María Corniero, que, enfrentada a una ardua tarea, sobre todo en las abundantes partes coloquiales de la obra de Proulx, no siempre sale bien parada).
Mis favoritos de esta en general magnífica antología son el citado ‘Brokeback Mountain' y ‘Las guerras indias redivivas', que pertenece al segundo volumen de las ‘Historias de Wyoming'. En ‘Brokeback Mountain' destaca poderosamente el contraste entre los asfixiantes límites que el entorno varonil y atávico en el que se mueven impone a Ennis y Jack, y la amplia resonancia que unos factores casi fantasmales (la frontera de México, un recuerdo infantil de Ennis, una ropa usada) adquieren en el desarrollo de la historia, donde la introducción del motivo del doble crimen homofóbico se hace de manera sutil aunque reveladora. Proulx dosifica con brillantez ingredientes dispares en ‘Las guerras indias redivivas', que arranca, a comienzos del siglo XX, como la saga de una familia de abogados y rancheros de la ciudad de Casper, los Brawls, hasta llegar, al cabo de tres generaciones marcadas por la tragedia, a Georgina Crawshaw, que al enviudar del último varón de la estirpe, Sage, se casa en segundas nupcias, audazmente, con Charlie Parrott, el apuesto capataz del rancho, "mucho más joven que ella y con sangre de sioux oglala en las venas". Pero Charlie tiene una hija de un primer matrimonio, Linny, y esa muchacha que llega como huésped al rancho embutida en minifaldas minimalistas y ‘tops' a punto de reventar dará a ‘Las guerras indias redivivas' un bellísimo e inesperado quiebro que no conviene contar. Baste decir que del pasado surgen la sangre sioux, la batalla de Wounded Knee, Buffalo Bill y unas películas olvidadas desencadenantes del emotivo acto de aceptación histórica y renuncia personal que cierra el relato.
[Publicado el 11/1/2010 a las 10:15]
viejo cara culo ya viste avatar? ahora que opinas de la plastilina, jajaja ni volviendo a nacer llegarias a ese nivel!
Comentado por: Jesus Guillen Bernal el 04/2/2010 a las 05:36
Manda cojones, que decía mi pariente obispo. La saga se perpetúa con quien llamaremos Guillermo García. Le quitamos ese apellido que ni siquiera es el primer apellido del padre.
Cuando el padre no ha hecho toda su vida más que cagarse a la violeta en las dinastías artísticas, ahora van sus hijos y le salen artistas.
No hay peor cuña que la de la propia madera y G. es un dibujante atascado, de trazos deshilachados, que se pajillea con el rotulador. Empero, también lleva consigo el jesuitismo del padre y después de haberse pasado por la piedra a la poetisa E. M. ya dibuja para una editorial.
Un amigo me dice por correo privado que a cambio la poetisa se ha ganado dos páginas en el libro-comida de polla que próximamente publicará la editorial judía Pre-textos, en honor del diarista que más entradas tiene en su catálogo.
El otro muchacho, R., no sabía tocar la guitarra ni cantar, pero se decía músico, como su padre se dice poeta. Bochornoso.
Quédense con sus nombres.
Pronto los contrataría como monaguillos el pollicorto Eureka Espada, si como me han transmitido fuentes bien informadas su engendro no fuera a desaparecer esta primavera.
El diarista miente hasta en la altura de sus hijos. Los míos les sacan tres palmos a los suyos, quizá gracias a mi sangre vasca. X es el hijo de un tendero y siempre se ha alimentado mal, mientras que en mi caserío se comía carne todos los días.
Un día hablaremos de toda esa familia. Se lo prometo a ustedes. Les contaré lo que hubo entre Q. R. y la mujer de X. Ni el memo de X lo sabe.
Antes tengo que hacerle una visita a X y decirle algunas cosas cara a cara.
Comentado por: Pancho Ortuño el 13/1/2010 a las 22:46
Comentado por: knudsen el 13/1/2010 a las 20:48
De los cuentos de Prouxl me conmueven especialmente esos rancheros fracasados, obligados a cuidar las posesiones de los nuevos propietarios -estrellas de Holliwood en su mayoría- o a organizar rutas ecuestres para insoportables neoyorquinos que no saben montar, se quejan por todo y tratan a los caballos como si fueran taxis.
En concreto, me llegó al alma la descripción de esa cowgirl que, en el armario de su cuarto de baño tiene por todo cosmético una barra de labios color rosa-chicle, reseca por no haber sido apenas usada en veinte años.
Saludos, don Vicente y compañía.
Comentado por: knudsen el 13/1/2010 a las 20:45
sí, la verdad, u.s.a. es inabarcable
ellos se dicen americanos, se apropian hasta del nombre del continente entero
usamericanos, digo yo, pero sin eco alguno
embutida en, tops a punto de reventar, buenísimas, pero ya las conocía
pero las faldas minimalistas... oh, no estaban en mis libros
suena casi más expresivo que las minifaldas de vértigo, o un cinturón no muy ancho
reminiscencias austrohúngaras, quizá
Comentado por: jbv a 10.710 km el 11/1/2010 a las 14:21
Cabe también destacar muy especialmente sus espléndidas versiones de las piezas de Shakespeare: Hamlet, El rey Lear y El mercader de Venecia; sus reseñas de películas reunidas en El cine estilográfico y Tintoretto y los escritores. En Espejo de Tinta ha publicado El cine de las sábanas húmedas.
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