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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 14 de diciembre de 2019

 Blog de Vicente Molina Foix

El otro Alas

Le llamé nihilista cuando tenía diecinueve años, y pareció como si Leopoldo Alas (‘Polo' o Leopoldito para los amigos) hubiese querido hacer honor toda su vida a ese adjetivo. Mi empleo de ‘nihilista' era cariñoso (aparte del respeto profundo que, sin yo serlo, me producen los seres que lo son), y estaba corregido por los otros epítetos que le puse en la antología ‘Cinco poetas del 62', seleccionada y prologada por mí en la revista ‘Poesía', un ya lejano día de 1982. Allí, precediendo a sus seis poemas elegidos, Alas era introducido como alguien que "toma el molde de la fábula, lo adorna con una especial zumba y un sabio soniquete infantil que realza el broche nihilista de su verso". Dos de los poemas de la antología trataban de animales, gatos y ballenas. En ‘¿Qué te diría tu gato?' Leopoldo escribía estos preciosos versos aforísticos: "El gato es anterior al cristianismo. / Descarta la piedad y no perdona". En ‘Las ballenas se suicidan', el poeta se hace ballena por solidaridad humilde: "Las ballenas nos suicidamos / para justificar el medio, / no por firmeza, / no por arrebato".

    Zumbón, engañosamente pueril y con un inesperado (pero nada pelmazo) fondo de amargura, Leopoldo Alas dejó al morir el año pasado cierta cantidad de obras dispersas o inéditas que ahora se están ordenando y empezando a publicar. Yo creo que ‘Polo' era ante todo poeta, y la edición completa de sus cinco libros (con el añadido de inéditos) que, al cuidado de su gran amigo el también poeta José Infante, editó el mes pasado Visor, espero que le ponga en el lugar literario que le corresponde y que en vida, por juguetón y por cambiante, le fue escamoteado.

   Una de sus manifestaciones ‘ligeras' más persistentes (y por ello más sospechosas a los ojos de ciertos popes de la alta literatura) fueron los escritos de agitación, donde su voluntad chispeante y decidida, a veces descuidada en la forma, destacaba con el golpe coruscante de lo inmediato. Así es ‘La loca aventura de vivir', una falsa novela en viñetas que acaba de publicar la editorial madrileña Odisea, con portada e ilustraciones de quien también fuera amigo íntimo suyo, el pintor suizo Daniel Garbade.

    En una primera apariencia, ‘La loca aventura de vivir' es la crónica costumbrista de la fauna (y algunas ‘floras') del barrio de Chueca, lugar ameno que Leopoldito trató de hacer más divertido y culto; sus opiniones, no siempre complacientes con sus ‘hermanas' homosexuales, adquirían a menudo la forma de un dardo lanzado a la incultura y el sentido acrítico de tantos jóvenes gays pobladores, sobre todo al caer la noche, de esa zona madrileña. En las páginas del libro figuran los espacios indiscutibles, y algunos ya legendarios, de Chueca: los bares de ligue, las tiendas de ropa más o menos ‘queer', la librería Berkana, donde tantos hicimos la ‘mili' de la mejor literatura y cinematografía gay y lesbiana. Sería inverosímil que no hubiese droga o chaperos en el libro, y no faltan, aunque yo encuentro más instructiva que la advertencia del peligro de los ‘tarifados' la larga descripción de la ketamina, también llamada ‘Special K'. Hay un lógico ‘set-piece' en torno a la fiesta del Orgullo Gay, una trama política quizá no bien desarrollada en torno a un líder conservador en el que algunos verán una persona real encubierta, y, como capítulo indiscutiblemente seminal de la novela, el titulado ‘Una mamada imprudente', donde el joven protagonista Nano da una clase magistral sobre la felación que, por su descaro didáctico y su intención profiláctica, bien podría ser recomendable en los programas de estudios escolares.

    ‘La loca aventura de vivir' tiene una coda en la que Leopoldo Alas se desnuda con una mezcla de candor y abrasiva lucidez, reconociendo que el libro, que tuvo una primera versión en prensa, es "escritura sin un plan: reveladora de sucesivos estados de ánimo, de una mayor o menor calentura, de ciertas carencias y de alguna esperanza". Y el autor declara a continuación haberse masturbado mientras escribía las escenas más tórridas o al concluirlas. "Admito haber gozado del placer de una escritura anárquica que, con todos sus defectos, da cuenta de un mundo regido por el deseo y el caos. No lo hice por dinero, aunque me alivió el que recibí. Tampoco tuve pretensiones literarias".

   El desenfado de Leopoldo Alas se hacía grave al llegar al verso, sin por ello cambiar el diapasón festivo o lúdico de su mundo particular. Por eso, mientras uno pasa momentos de animado regocijo con esta loquísima aventura suya del vivir ‘chuequense', el poeta nos acompaña. El que escribió, por ejemplo, en su poema ‘Me Tiño': "Que no soy dialéctico, dicen los avisados. / Ya sé que estoy en el filo", añadiendo que "Me tiño, y cada color me descubre un rostro diferente. / Hablo con otras voces, digo en tonos distintos, / cada frase escrita en una tinta".

[Publicado el 26/11/2009 a las 11:40]

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Comentarios (1)

  • Conocí a Leopoldo en la Complutense. Lo cual no significa mucho en unos años en los que Filología era tercermundista, con aulas atestadas, clases donde nos teníamos que sentar en la tarima o los alféizares de las ventanas porque no había literalmente sitio y teníamos que andar corriendo de unas aulas a otras como posesos para conseguir un lugar aceptable y poder enterarnos de algo. En muchas clases seríamos más de 200. En tales kafkianas y (darwinianas) circuntancias era difícil conocer a gente fuera de tu grupo de amiguetes y por tanto nunca llegué a hablar con él. De todas formas sabíamos de su "linaje" (los apellidos cantaban) y además era una persona que llamaba la atención. Volví a verle, hará unos pocos años, en Colón, charlando animadamente con una amiga en una pose muy de poeta maldito. Había leído alguna columna suya en El Mundo si mal no recuerdo. No sabía que hubiera muerto, me has dejado helado.

    Comentado por: jfsebastian el 26/11/2009 a las 17:29

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Biografía

 

Nació en Elche y estudió Filosofía en Madrid. Residió ocho años en Inglaterra, donde se graduó en Historia del Arte por la Universidad de Londres y fue tres años profesor de literatura española en la de Oxford. Autor dramático, crítico y director de cine (su primera película Sagitario se estrenó en 2001, la segunda, El dios de madera, en el verano de 2010), su labor literaria se ha desarrollado principalmente -desde su inclusión en la histórica antología de Castellet Nueve novísimos poetas españoles- en el campo de la novela. Sus principales publicaciones narrativas son: Museo provincial de los horrores, Busto (Premio Barral 1973), La comunión de los atletas, Los padres viudos (Premio Azorín 1983), La Quincena Soviética (Premio Herralde 1988), La misa de Baroja, La mujer sin cabeza, El vampiro de la calle Méjico (Premio Alfonso García Ramos 2002) y El abrecartas (Premio Salambó y Premio Nacional de Literatura [Narrativa], 2007);. en  2009 publica una colección de relatos, Con tal de no morir (Anagrama), El hombre que vendió su propia cama (Anagrama, 2011) y en 2014, junto a Luis Cremades, El invitado amargo (Anagrama), Enemigos de los real (Galaxia Gutenberg, 2016), El joven sin alma. Novela romántica (Anagrama, 2017). Su más reciente libro es Kubrick en casa (Angrama, 2019).

 

La Fundación José Manuel Lara ha publicado en 2013 su obra poética completa, que va desde 1967 a 2012, La musa furtiva.

 

Cabe también destacar muy especialmente sus espléndidas traducciones de las piezas de Shakespeare Hamlet, El rey Lear y El mercader de Venecia; sus dos volúmenes memorialísticos El novio del cine y El cine de las sábanas húmedas, sus reseñas de películas reunidas en El cine estilográfico y su ensayo-antología Tintoretto y los escritores (Círculo de Lectores/Galaxia Gutenberg).

 

Foto: Asís G. Ayerbe

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