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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 21 de agosto de 2019

 Blog de Vicente Molina Foix

Diario de rodaje 8. La claqueta de Marisa

 El jueves 20 de agosto se le entregó a Marisa Paredes el primer Premio a la Cinematografía que ha instaurado la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. Una vez decidida (y aceptada por ella) la concesión, antes del verano, el Rector de la UIMP tuvo la amabilidad de invitarme a pronunciar la ‘laudatio' en el acto de entrega, y también yo me sumé con ganas a la iniciativa. Llegado el día, y faltando sólo dos semanas para el inicio del rodaje de ‘El dios de madera', que la tiene a ella de protagonista, el director no pudo ausentarse de Valencia, donde localizaba, y tuvo que mandar el texto escrito previamente, para que Joan Álvarez, profesor de la Universidad de Valencia (institución también involucrada en la génesis del premio) lo leyese durante la ceremonia, que tuvo lugar en el Palacio de la Magdalena de Santander.

El premio, me contó después la actriz, consiste en una bonita claqueta, y lo que sigue es el texto de la ‘laudatio'.

 

 Marisa Paredes, Premio UIMP a la Cinematografía

 

Marisa Paredes pertenece a una generación que ha combatido en todas las guerras, incluidas aquellas que no vivió. Porque Marisa, como yo mismo y como algunos de los que hoy la acompañan en Santander, creció en una España que sufría los efectos de un golpe militar y una dictadura posterior contra la que ella, llegada la edad de la razón, supo oponerse, levantando su voz desafiante.

Mis primeras imágenes de Marisa, inteligente, hermosa, curiosa por todo y con un gran sentido del humor, están ligadas al teatro y al compromiso. Era entonces una joven actriz formada en la Escuela de Arte Dramático de Madrid que supo muy pronto que el compromiso de los artistas no sólo es con la tradición de su arte sino con el futuro de su sociedad.

Imágenes inolvidables. Marisa encarnando sobre las tablas papeles muy distintos con una voz muy peculiar, de recia sonoridad y colores muy dulces, tanto cuando eran líricos como cuando debían llegar al metal de la tragedia. Y Marisa haciendo oír esa misma voz del teatro en los escenarios de la vida real, en un momento de la historia moderna de nuestro país en que los cómicos supieron interpretar lúcida y valientemente la gravedad de lo que estaba pasando a su alrededor.

Me perdí durante unos años el crecimiento de su carrera de actriz, por vivir casi una década, la de los 70, en Inglaterra, pero no me perdí a la persona, con la que coincidí unos meses inolvidables en Londres, hablando largamente con ella, yendo con ella al teatro, divirtiéndonos juntos en un país entonces más libre y acogedor que el nuestro, y, porqué no decirlo, marchando a su lado en alguna manifestación a favor de las causas que nos movían a ambos.

Como Presidenta de la Academia de Cine, como portavoz elocuente y en primera fila de las luchas que no dejaron de ser necesarias, Marisa siguió siempre alerta y combativa. Pero no es por ello, o no sólo por ello, por lo que hoy se le da con merecimiento este inaugural Premio de Cinematografía de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo.

Marisa creció igual de bien como artista que como ciudadana, y el cine, que al principio de su actividad se fijó menos en sus grandes dotes, empezó a reconocerla, a hacerla algo propio, cada vez más. Hasta hoy. En los años 80 fue uno de los rostros más elocuentes de las películas de una nueva ola de realizadores que han dejado huella: Fernando Trueba, Martínez-Lázaro, Chávarri, Almodóvar, Agustí Villaronga, Felipe Vega, por citar sólo algunos. Después, ampliando el registro de los mejores cineastas españoles, atrajo las miradas de otros no menos grandes que trabajaban fuera: Daniel Schmid, Arturo Ripstein, Roberto Benigni, Edgardo Cozarinsky, y también mi lista internacional se queda corta.  Y todo ello, sin perder nunca la voluntad de riesgo que caracteriza su personalidad y su trabajo. García Lorca, Shakespeare, Ingmar Bergman, Samuel Beckett, entre los clásicos. Carlos Fuentes o Álvaro del Amo entre los autores vivos. Grandísimos momentos teatrales que sus espectadores, privilegiados por asistir a un efímero derroche de talento, atesoramos.

Pasión, riesgo, conciencia, arte. Por esas y otras virtudes que su pudor y la economía narrativa me obligan a omitir, hoy, en una iniciativa que honra a esta Universidad, se le da un premio a alguien que lleva premiándonos muchos años a todos nosotros con el regalo de su generosidad y su genio.

[Publicado el 05/10/2009 a las 10:38]

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Comentarios (7)

  • Creía que sus disculpas y explicaciones hacia los dibujantes serios, los que nos dedicamos a esto, los que nos dejamos cada día la sesera expresándonos mezclando la interioridad de la prosa con la fisicidad de la imagen, le merecería algo más que un comentario furtivo en una de sus entradas.

    Desde luego que lo suyo sí que es infantilismo, y lo mio, una gran decepción.

    Es inutil esperar nada de usted.

    Comentado por: Julio A. Serrano el 07/10/2009 a las 11:15

  • si yo fuera v.m.f., no podría imaginar una campaña mejor para desacreditar a sus vociferantes detractores, que inventar comentarios como los que aquí pululan
    comentarios que han expulsado, que han ahuyentado a quienes se atrevían a opinar sobre los temas del blog

    Comentado por: jbv a 10.710 km el 06/10/2009 a las 16:58

  • "andate a la mierda viejo puto"
    "el ano de marisa, de plastilina; el monigote de su pubis"
    etcéééééra
    de aquí surgirá algún premio oscarnobel a la inteligencia, al buen gusto, a la histeria, digo, historia de la cultura universal -e incluso, del extranjero-
    pero, uf, los candidatos, tantos...

    Comentado por: jbv a 10.710 km el 06/10/2009 a las 16:54

  • Es, el ano de Marisa, de plastilina?
    o quizás prefiere el monigote de su pubis?
    Es, acaso, pedirle una mamada, un indicio de infantilismo expresivo?
    En todo caso, serán tareas de escaso aprovechamiento...

    Comentado por: Juan de Salamanca el 06/10/2009 a las 16:10

  • A BORIS VIAN LE GUSTABAN LOS DIBUJOS ANIMADOS
    CARTA ABIERTA A VICENTE MOLINA FOIX

    Estimado señor:

    En su artículo “Dibujos animados” (Tiempo, 18-9-09) parece desconocer que Daumier o Cruikshank (como Doré, Cham, Gavarni, Frost, Caran d’Ache o Grandville) forman parte de una larga tradición en la que se integran como sucesores Hergé, Uderzo, Ibáñez o la lista de nombres que ya le han mencionado desde numerosos foros. Y ello de igual manera que sus admirados dibujantes heredaron técnicas y recursos de autores anteriores como Bosse, Bouttats, Coypel, Hogarth, Lavreince o Vanderbank. Todos ellos se dedicaron a contar historias por medio de imágenes dibujadas y organizadas secuencialmente. Sobre un soporte u otro, valiéndose de un instrumento inscriptivo u otro según la tecnología de la época, han sido los “comiqueros” de la Historia.

    Entre todos pusieron a punto una forma de relato, sencilla sólo en apariencia, que hace que el espacio de la figuración funcione también como tiempo de la narración y la contigüidad de viñetas se lea como continuidad. Eso da como resultado un medio de comunicación extraordinariamente rico donde lo descriptivo se combina con lo expresivo y los valores plásticos con los semánticos. El cine, que usted cultiva como realizador, le debe mucho a la historieta. Inspiró sus argumentos como queda de manifiesto ya en la primera película de ficción de Louis Lumière, L’arroseur arrosé (El regador regado, 1895) que, más que adaptación, es una copia plano a plano de la historieta del mismo título de Hermann Vogel publicada por Quantin en 1887. Y no sólo eso, la historieta descubrió antes que el cine planificaciones y encuadres. Lea al respecto el estudio comparado entre McCay y Griffith que Faustino Rodríguez Arbesú publicó en el nº 15 de El Wendigo (1980). Como reconocimiento de esa deuda, desde Tarantino o Godard a Kurosawa, desde René Clair o Resnais a Fellini, que fue él mismo caricato (como lo fue Alex de la Iglesia), han manifestado su admiración por los tebeos.

    Pero, si extraña su desconocimiento del medio que pretende denostar, aún sorprende más su ignorancia del que pretende defender. Sepa usted que Boris Vian, admirador de la por entonces emergente cultura americana, no sólo interpretaba jazz (“música para negros” la llamaban utilizando argumentos similares a los que usted utiliza ahora) sino que apreciaba enormemente los dibujos animados. Es más, tanto la fantasiosa e inestable ambientación de sus novelas como la construcción de sus personajes pueden explicarse por esta influencia. Lea al respecto la tesis doctoral de Adela Cortijo El sistema de personajes en la obra narrativa de Boris Vian (Valencia 2002). Allí verá que los personajes híbridos, los que se desdoblan, los que lucen un nenúfar en el pulmón o los que ven cómo les crece la barba desaforadamente guardan gran similitud con historias de Disney, la Warner o Tex Avery.

    No tengo constancia de que Ionesco leyera historietas, pero no sería de extrañar habida cuenta de los gags y el tipo de humor que utiliza en sus obras. En cualquier caso la dinámica escenográfica que tan novedosamente instaura se halla muy próxima a la que es habitual en los tebeos. Rinoceronte, una de sus mejores piezas, se basa en la metamorfosis que transforma a los humanos en rinocerontes. Y la metamorfosis es un avatar que, por su adaptación a la secuencia gráfica, el cómic utiliza con gran frecuencia. El crecimiento del cadáver hasta ocupar toda la escena en Amadeo o cómo salir del paso también forma parte de esos procesos de proliferación, en último término de metamorfosis, tan propios de la historieta.

    Señor Molina Foix, en su segundo artículo sobre esta cuestión (Tiempo, 2-10-09) intenta acogerse a la subjetividad del gusto personal. Pero usted pretendió, desde la autoridad de la cultura “de verdad”, ser objetivamente descalificador. Y se mostró sumamente mezquino pues cuestionó un Premio Nacional que a usted no le priva de nada y a los que trabajamos en este medio nos ayuda mucho. Desde que se instauró hace tres años hemos ganado prestigio, cobertura mediática y, sobre todo, ilusión creativa.

    Debería recapacitar y rectificar. A lo largo de la Historia de las artes ha habido muchos debates de este tipo y usted se ha colocado en el bando y ha utilizado los argumentos de los que siempre acaban perdiendo. Hasta el siglo XVIII el teatro fue considerado género menor y pecaminoso y la novela hasta el XIX y la fotografía y el cine hasta hace unas décadas y la historieta, antes de su irrupción, hasta hace unos pocos años. Si conociera la trayectoria seguida por los métodos de análisis y evaluación de los procesos creativos, sabría que sus criterios, además de impertinentes, están caducos desde los años sesenta con Umberto Eco, enterrados en los ochenta con Lyotard y podridos en los noventa con Bourdieu.

    Quizá piense que el mantenimiento de su posición le va a salir gratis porque los ignorantes que leen tebeos no tienen nada que ver con sus selectos lectores. Quizá se lleve una sorpresa. Algunos apreciábamos la elaborada potencia de su estilo e incluso el argumento de algunas novelas como El vampiro de la calle México. Comprobada su ignorante arrogancia, denos de baja a partir de este momento.

    Atentamente.

    Antonio Altarriba
    Catedrático de Literatura Francesa en la Universidad del País Vasco, escritor y guionista

    Comentado por: Comicsario el 06/10/2009 a las 13:38

  • Y usted se dedica al cine? Qué vergüenza!!

    Comentado por: Carles el 06/10/2009 a las 11:20

  • Andate a la mierda viejo puto! y pedofilo más de paso.

    Comentado por: jorge urquidi el 06/10/2009 a las 04:16

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Biografía

 

Nació en Elche y estudió Filosofía en Madrid. Residió ocho años en Inglaterra, donde se graduó en Historia del Arte por la Universidad de Londres y fue tres años profesor de literatura española en la de Oxford. Autor dramático, crítico y director de cine (su primera película Sagitario se estrenó en 2001, la segunda, El dios de madera, en el verano de 2010), su labor literaria se ha desarrollado principalmente -desde su inclusión en la histórica antología de Castellet Nueve novísimos poetas españoles- en el campo de la novela. Sus principales publicaciones narrativas son: Museo provincial de los horrores, Busto (Premio Barral 1973), La comunión de los atletas, Los padres viudos (Premio Azorín 1983), La Quincena Soviética (Premio Herralde 1988), La misa de Baroja, La mujer sin cabeza, El vampiro de la calle Méjico (Premio Alfonso García Ramos 2002) y El abrecartas (Premio Salambó y Premio Nacional de Literatura [Narrativa], 2007);. en  2009 publica una colección de relatos, Con tal de no morir (Anagrama), El hombre que vendió su propia cama (Anagrama, 2011) y en 2014, junto a Luis Cremades, El invitado amargo (Anagrama), Enemigos de los real (Galaxia Gutenberg, 2016). Su más reciente libro es El joven sin alma. Novela romántica (Anagrama, 2017).

 

La Fundación José Manuel Lara ha publicado en 2013 su obra poética completa, que va desde 1967 a 2012, La musa furtiva.

 

Cabe también destacar muy especialmente sus espléndidas traducciones de las piezas de Shakespeare Hamlet, El rey Lear y El mercader de Venecia; sus dos volúmenes memorialísticos El novio del cine y El cine de las sábanas húmedas, sus reseñas de películas reunidas en El cine estilográfico y su ensayo-antología Tintoretto y los escritores (Círculo de Lectores/Galaxia Gutenberg).

 

Foto: Asís G. Ayerbe

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