La vida privada de María
Juan Benet decía de ella que tenía un nombre ferroviario, por sus iniciales: M.V.Z. Nos conocimos todos en Madrid a mitad de los años 1970, aunque María Vela Zanetti era entonces la más joven de un grupo de ‘literati' usuarios nocturnos del pub Dickens, al que iba, decía, de mera oyente. Escuchaba bien, en efecto, pero no paraba de hablar cada vez que se hacía una pausa o en los momentos tiernos. Mucho más instruida (y no sólo en los libros) de lo que era entonces usual entre las chicas de veinte años, María Vela también tenía otra virtud muy apreciada en el grupo: humor. Y todo el mundo se hacía cruces de su belleza, que sigue ahí, mantenida sin quemazón por el fuego del tiempo.
Aunque su padre era de Burgos y ella misma emitía a veces unas señales castellano-leonesas muy contundentes bajo su aspecto de ondina de los fiordos, las siglas figuradas de su nombre y sus apellidos no parecían referirse ni a Madrid ni a Valencia ni a Zaragoza, los nudos ferroviarios que Benet tenía en mente, con su acendrado fanatismo por la Renfe. María parecía entonces, y eso se fue acrecentando, una viajera de los grandes expresos que circulan desde Mónaco (Mónaco di Baviera, por supuesto) a Venecia, pasando, aunque no sé si esto lo permite la red, por Zagreb.
Guardo unas fotos suyas, unas cartas breves, unos recuerdos imborrables y unos libros de poesía sucinta, gracias a Dios no adscrita a la llamada poesía del Silencio, ese recuelo del peor (si es que lo hay) Valéry y del peor Jabès. María sorprendió a sus fieles (y a algún infiel como yo) publicando en 1987 los estupendos versos de ‘José', un libro en el que había un poema llamado ‘Retrato de Otelo' que empezaba así: "No entiende de colores tu hermosura". A ‘José' le siguieron, ahora me entero, diez más; yo sólo tengo seis. También leíamos todos, asombrados de que un suplemento como ‘El País de las Tentaciones' las publicara, sus crónicas de moda, verdaderos camafeos corrosivamente esmaltados de alta cultura, gracia coruscante y sólido conocimiento de la materia tratada. Eran demasiado buenas para ese contexto, y un buen día desaparecieron, para dejar más espacio al ‘manga' y al ‘indie'.
Nada me había preparado, sin embargo, para el libro que M. V. Z. acaba de publicar en la selecta editorial Trama o -dicho como los editores lo dicen en la portada, bajo un manto de conspiradores levemente disimulados- Trama editorial. El libro se titula ‘Maneras de no hacer nada' y consta de 158 páginas y de una de las prosas de más llamativa calidad que yo haya leído en mucho tiempo, si bien la presentación que se da de la autora en la contraportada, tal vez obra suya, dice que "María Vela Zanetti es una perfecta desconocida en el mundo literario, y tal como ella espera, lo seguirá siendo tras la publicación de estas páginas. Su más persistente deseo es permanecer a la sombra de su luminosa vida privada, monótona pero llena de satisfacciones".
Dietario, miscelánea de cuentos y viñetas y memorias, centón de listas de amores y odios al modo de Perec o Charles Dantzig, las mejores piezas de este libro trepidante y sereno, utilitario (hay recetas de una cocina que parece comestible) y disolvente, son obras maestras del género epiceno, el género que únicamente se vende -cuando se vende- en establecimientos recónditos, y cuya manufactura desafía las leyes de la demanda y el espacio exterior. Es difícil destacar un texto sobre otro, pero yo destaco dos. En ‘Los padres pueden saltárselo', que se abre con una cita juguetonamente ‘shakesperiana', María Vela glosa unas palabras de Strindberg que ya me habría gustado conocer a mí de niño, y de adultos a todos los miembros del clan de los Panero: "la familia es un restaurante que siempre pasa factura". Y la prefiguración de su propia muerte, en ‘Maquíllate o muere', pasa con envidiable soltura de lo grotesco a lo sublime. "¡Por fin seré vela en un entierro!".
Tendrían que pedirle a María Vela Zanetti los lectores, y ojalá seamos muchos, que deje de querer tanto a sus perros y a su vida privada en el campo, y se produzca menos intermitentemente, más ciudadanamente, en la plaza pública de la literatura.
[Publicado el 06/7/2009 a las 09:33]
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Comentado por: Clark05 el 01/11/2011 a las 08:02
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Comentado por: bn el 28/9/2011 a las 10:39
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Comentado por: nj el 28/9/2011 a las 10:38
Comentado por: athanase el 24/8/2011 a las 15:03
Comentado por: Rudi el 23/8/2011 a las 17:56
Comentado por: Almu el 16/2/2010 a las 06:01
Señor Molina Foix
Pertenezco al club de lectura de la biblioteca de Asturias,en Oviedo, y estos días estamos leyendo su magnífica novela "El abrecartas". Estamos sorprendidos con su lectura,cuánta historia supo plasmar en ella y cuánto trabajo bien hecho. Sé que es una locura y un atrevimiento lo que voy a pedirle,pero por probar no se pierde nada. Nos encantaría tenerle con nosotros el día del comentario del libro (11 de Febrero a las 19 h en Oviedo). Sí, ya sé lo que estará pensando " esta mujer está como una chota", pero no hay nada más reconfortante que poder escuchar y compartir con el propio autor cuando un libro merece realmente la pena y el suyo lo es.
Gracias por su trabajo y por el tiempo que me dedica al leer este comentario.
Al menos, lo he intentado.
Salud y suerte
Carmen
Comentado por: Carmen el 06/2/2010 a las 11:48
Estimado Molina Foix: Nos conocemos... poco, pero le explico: bueno, usted a mí no, pero yo trabajé en el programa de libros de La 2 de Javier Rioyo, "Estravagario". Pero eso es lo de menos. Tengo 38 años. Y llevo trabajando por la dignidad, aunque sólo sea la que mi familia me transmitió... toda la vida.
Vicente, yo nací en una familia en la que nunca se pudo hablar de bandos. Por respeto. Por un respeto muy duro. Mis dos abuelos fueron fusilados, cada uno por un lado. Hasta que pasó el tiempo. Y cuando ese respeto fue reconocido por un lado, nunca lo fue por el otro.
Yo, a estas alturas de la vida, exijo que el Estado reconozca a todos nuestros muertos por igual. Exijo que el Partido Popular condene aquellas matanzas, como todavía no lo ha hecho.
Yo me he criado entre esas fotografías. Y he llegado a saber, no porque hubiera alguien para reconocérmelo, pero he llegado a saber que mi vida, y sobre todo, la de mis padres, no tiene ningún sentido si, después de todo aquello, yo no se lo doy.
Ya me parece vergonzoso un ministerio de la igualdad. Pero por favor, no borreis todo aquello por lo que luchó mi madre.
Por favor.
Reforcemos la izquierda, pero no nos olvidemos de lo que nos crió.
Comentado por: Almu el 05/2/2010 a las 03:11
Muchas gracias, amiga Puri, y encantado de leer tus comentarios tan positivos de mis libros. Hasta otra en Las Palmas, saludos cordiales, Vicente
Comentado por: Vicente Molina Foix el 08/7/2009 a las 23:50
Señor Molina:
Aunque no viene muy a cuento,- puesto que este comentario debería referise a su artículo-,quiero felicitarlo por su estupendo libro de relatos:"Con tal de no morir".
Lo he conocido a usted en las Palmas de Gran Canaria, cuando vino a presentarlo al Club de Prensa.
Me lo zampé en un día, si anestesia. Depués corrí como loca a comprar "El Abrecartas".
Ese tardé un poco más en zampármelo.
Me ha gustado muchísimo. Es una obra que se sustenta sobre una documentación exhaustiva, una visión de toda una época de la historia de España.
Por decir algo: eché en falta la presencia de "La Pirenaica" y de la BBC (emisoras que nos mantuvieron conectados al mundo libre).
Bueno, eso es todo. Se lo debía.
Comentado por: Puri el 08/7/2009 a las 21:11
Nació en Elche y estudió Filosofía en Madrid. Residió ocho años en Inglaterra, donde se graduó en Historia del Arte por la Universidad de Londres y fue tres años profesor de literatura española en la de Oxford. Autor dramático, crítico y director de cine (su primera película Sagitario se estrenó en 2001, la segunda, El dios de madera, en el verano de 2010), su labor literaria se ha desarrollado principalmente -desde su inclusión en la histórica antología de Castellet Nueve novísimos poetas españoles- en el campo de la novela. Sus principales publicaciones narrativas son: Museo provincial de los horrores, Busto (Premio Barral 1973), La comunión de los atletas, Los padres viudos (Premio Azorín 1983), La Quincena Soviética (Premio Herralde 1988), La misa de Baroja, La mujer sin cabeza, El vampiro de la calle Méjico (Premio Alfonso García Ramos 2002) y El abrecartas (Premio Salambó y Premio Nacional de Literatura [Narrativa], 2007);. en 2009 publica una colección de relatos, Con tal de no morir (Anagrama). Su libro más reciente es El hombre que vendió su propia cama (Anagrama).
Cabe también destacar muy especialmente sus espléndidas traducciones de las piezas de Shakespeare Hamlet, El rey Lear y El mercader de Venecia; sus dos volúmenes memorialísticos El novio del cine y El cine de las sábanas húmedas, sus reseñas de películas reunidas en El cine estilográfico y su ensayo-antología Tintoretto y los escritores (Círculo de Lectores/Galaxia Gutenberg).
Foto: Asís G. Ayerbe


22/1/2012 13:31
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Publicado por: Marta
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Publicado por: Sodine Üe
23/11/2011 00:53
Agradezco mucho el comentario...
Publicado por: Vicente Molina Foix
21/11/2011 10:59
Mi comentario no tiene que ver...
Publicado por: Manoli
16/11/2011 13:07
Léanse los dos primeros mensajes...
Publicado por: Eduardo
10/11/2011 19:45
No se como hay gente que dice...
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