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El blog literario latinoamericano

lunes, 15 de marzo de 2010

 Blog de Vicente Molina Foix

¿Hay vida después de James?

La novela no existiría sin Cervantes, ni habría dado el salto de sentido desde el personaje a la voz sin Proust. Pero hay un tercer nombre constitucional, el de Henry James. Otros lectores, y otros escritores, se basan más en Balzac y Dickens, en Kafka y Faulkner, en Joyce y Musil, en Flaubert y Nabokov, incluso en Tolstoi o Dostoyevski. Ninguno de estos genios es superfluo, naturalmente, aunque, para mí, el edificio del relato moderno lo sostiene, por calidad de diseño y riqueza de materiales, James. No existe que yo sepa otro novelista en la historia del género que simultanee su amplitud de campo, su pincelada verbal, su poder de fábula, su sabiduría social abierta y solapada con el interior de la conciencia, su aliento en la animación de los caracteres, que no pocas veces sopla desde el más allá.

James no nos deja en paz. Es un maestro severo y recurrente, que desde que yo tengo uso de razón ha pasado por todos los estadios de la teodicea literaria: la adoración, la indiferencia sectaria, la incredulidad, el cielo de los pocos, el limbo de la mayoría. Su religión podrá parecer remota o demasiado exigente, pero nunca se ha dejado de practicar. Yo, que no creo en los dioses, le auguro una vida eterna.

De ahí el entusiasmo que sentí cuando dos jóvenes y estupendos escritores, Andrés Barba y Javier Montes, tuvieron la brillante idea de hacer un libro ‘After James' y la amabilidad de ofrecerme ser uno de los siete autores de esta postrimería que la editorial 451 acogió desde el principio y ahora ha editado con gran empaque. Como ellos mismos explican en el prólogo, se trataba no de enmendar la plana al maestro ni terminar ninguna obra inacabada por él; era más bien tomar -con la modestia y la ‘hubris' debidas a la ocasión-  el relevo de una carrera que James nunca llegó a emprender pero para la cual, como migas de un banquete suspendido por la desgana o la muerte, dejó en el camino pequeños signos o guías. En las justas palabras de Barba y Montes, "quien escribió excelentes cuentos de fantasmas dejó también en sus cuadernos muchos fantasmas de cuentos". Juan Villoro, Margo Glantz, Soledad Puértolas, Colm Tóibín y yo mismo, junto a los compiladores y ocasionales traductores (de las propias notas de James y del cuento de Tóibín), lo hemos llevado a cabo, y no seré yo quien reseñe aquí un libro que, al margen de mi propia fantasmagoría ‘jamesiana', he leído con un intenso placer.

Ninguno de los siete ha hecho, creo yo, de albacea ni de ‘pasticheur', tareas imposibles sin incurrir en delito o en astracanada. En mi caso, y después de haber pasado dos años y medio absorbido por Henry James a través de la lectura ordenada de sus cuentos completos (en la edición canónica en doce volúmenes al cuidado de Leon Edel), quisiera creer que alguna exhalación, aunque fuese mínima, de sus fantasmas ha llegado a ‘Los otros labios', un cuento largo que situé  -como narrador extranjero que vivió allí nueve años y allí sigue volviendo regularmente- en un Londres de hoy, del mismo modo en que el autor anglo-americano localizaba tantas de sus historias en París, Roma o a bordo de una nave trasatlántica. También he incluido en la trama, puesto que hablamos de aparecidos y de resucitados, el rostro impreciso de Shakespeare en un cuadro sobre el que disputan los eruditos y ante el que se enamoran Josephine y Colston, los protagonistas de ‘Los otros labios'.

Acabo estas líneas en clave de intendencia editorial y propaganda del dios. Los doce volúmenes citados de los cuentos de James ocupan cerca de 5000 páginas, de las que yo creo, a ojo de buen cubero, que se han traducido al español o siguen vigentes a lo sumo un 20 por ciento. Las obras maestras poco o nada conocidas son muy numerosas en ese conjunto. ¿Nadie quiere seguir difundiendo, en este caso con su propia voz, la estela del mejor novelista de todos los tiempos?


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[Publicado el 26/6/2009 a las 09:42]

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Comentarios (2)

  • Qué gozada de relato. Una exquisita delicatessen para el intelecto: cuánta erudición (literaria, artística, viajera: qué envidia, se nota que has sabido llenar tu vida) sin caer nunca en la pedantería, y encima un "O´Henry ending", como dicen por allí. Se nota que James te motiva. Gracias, Vicente.

    Comentado por: jfsebastian el 28/6/2009 a las 16:05

  • Vicente, he intentado seguir el hilo del artículo, pero me pierdo; no por estar mal escrito, al contrario, soberbiamente narrado, pero soy consciente de mis limitaciones a la hora de comentar ciertos temas literarios; quizás por que cuando me sacan de la poesía necesito linterna y bastón para meterme en la encrucijada de tan fascinante mundo. Este més de Mayo, estuve firmando ejemplares de mi libro en la 40 Fira del Llibre de Valencia, mirando de reojo y con cierta envidia a algunos novelistas consagrados que coincidieron conmigo en las firmas del 3 de Mayo. Reconozco que me apasiona, la novela, hice dos o tres intentos y ahí están en un cajón sabiendo que nunca se terminarán; no sirvo para ello, no por carecer de fantasía o poder hilvanar una narración, si no por que no me entero, me lío con las fechas, con los personajes; el que era cojo luego lo hago atleta sin darme cuenta y el que murío en la página 20 luego aparece tomandose una caña en la 40; por eso envidio al novelista; la verdad me siento un incapacitado para el género. La poesía es distinto y eso lo sabes bien, te mueves por impulso, siempre se acaba el poema que empiezas; ves la obra terminada a corto plazo. Cuanto más jodido te sientes, más escribes, con más calidad y sentimiento; pocas veces me pongo a escribir radiante de felicidad, jamás no puedo. Nunca me presenté ni me presentaré a ningún certamen literario; no podría. La poesía moderna, abstracta la veo bien para eso, pero como presentas a concurso una obra donde las elegías, el amor, el desamor, desde la rima romántica, que ha nacido del corazón, muchas veces entre lágrimas(La poesía se sufre) puedes subastarla, puedes prostituirla? Jamás podría, jamás. Esto todos sabemos que conlleva muchas lastras, no ser nunca tan conocido como otros poetas, pero digo yo...a mi eso me importa un bledo, el poeta escribe o debe hacerlo para él, para sacarse sus fantasmas, la venganza, la última palabra ante lo que le incomoda o perturba; la poesía siempre tiene la última palabra, siempre.
    De todas formas, reitero mi envidia sana a todos los novelistas; a quien como en tu caso y algunos otros poetas de tu generación, los Carnero, etc sois verdaderos eruditos de las palabras, sean en el campo que sean y cada cual tiene que tener la humildad suficiente para reconocer sus limitaciones, como es en mi caso. Un fuerte abrazo.
    http://poetaabelardomartinez.blogspot.com

    Comentado por: Abelardo Martínez el 26/6/2009 a las 20:44

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Biografía

Nació en Elche y estudió Filosofía en Madrid. Residió ocho años en Inglaterra, donde se graduó en Historia del Arte por la Universidad de Londres y fue tres años profesor de literatura española en Oxford. Autor dramático, crítico y director de cine (su película Sagitario se estrenó en 2001), su labor literaria se ha desarrollado principalmente -desde su inclusión en la histórica antología de Castellet Nueve novísimos poetas españoles- en el campo de la novela. Sus principales publicaciones narrativas son: Museo provincial de los horrores, Busto (Premio Barral 1973), La comunión de los atletas, Los padres viudos (Premio Azorín 1983), La Quincena Soviética(Premio Herralde 1988), La misa de Baroja, La mujer sin cabeza, El vampiro de la calle Méjico (Premio Alfonso García Ramos 2002) y El abrecartas (Premio Salambó y Premio Nacional de Literatura [Narrativa], 2007). Su libro más reciente es Con tal de no morir (Anagrama, 2009)

Cabe también destacar muy especialmente sus espléndidas versiones de las piezas de Shakespeare: Hamlet, El rey Lear y El mercader de Venecia; sus reseñas de películas reunidas en El cine estilográfico y Tintoretto y los escritores. En Espejo de Tinta ha publicado El cine de las sábanas húmedas.

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