PRISA utiliza cookies propias y de terceros para mejorar tu experiencia de navegación y realizar tareas de analítica. Al continuar con tu navegación entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

Cerrar

El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 14 de diciembre de 2019

 Blog de Vicente Molina Foix

Ciego en la playa

Cuenta Montaigne que Alejandro Magno, al ir a acostarse, y por miedo a que el sueño le distrajera de lo esencial, dejaba siempre una mano fuera del embozo, y dentro de ella una bolita de cobre; cuando se dormía, la bola caía de la mano sobre un recipiente colocado al afecto junto al lecho, despertándole y permitiendo así que el monarca volviera a sus pensamientos. Novalis, menos aparatoso, se hacía despertar en mitad de la noche, sin bol ni bola, aunque preocupado de tener siempre en la mesilla una vela y un cuaderno donde transcribir sus sueños.

    Yo no llego a tanto, pero la edad me facilita las cosas. A mis años, el hombre suele sentir la necesidad de orinar en mitad de la noche, y ese incordio tiene su lado romántico-alemán, pues facilita la acotación de los sueños en la espesura del letargo; se recuerda (y se puede anotar, como yo hago, a lo Novalis, con luz eléctrica) la primera entrega del inconsciente y, si la vejiga vuelve a apretar, una segunda, quedando todavía el último recuento de la mañana. La fisiología al servicio de la interpretación de los sueños.

    Hoy, sin embargo, al despertar, mi sueño más patente pertenecía a otro durmiente, y ni siquiera puedo pretender originalidad. La imagen que flotaba en mi cabeza está en la secuencia que más me ha impresionado de Los abrazos rotos, aquella que sucede en Lanzarote después del accidente de automóvil que deja ciego al protagonista, Mateo Blanco (Lluís Homar), a partir de ese momento convertido en Harry Caine. Acompañado de su fiero ángel tutelar Judit (el nombre bíblico no puede ser casual) y del hijo de ella, Diego, aún un niño, Mateo/Harry hace detener el coche e insiste en que, mientras su amiga resuelve unas cuestiones de intendencia en el pueblo, desea bajar desde la carretera a la orilla. Por los ojos de Judit (Blanca Portillo) pasa una sombra mortal, la tentación de ahogarse, la que también siente una mujer herida y de nombre doble, Sylvia/Mariana (Charlize Theron), en el arranque de la excelente película de Guillermo Arriaga Lejos de la tierra quemada. Pero Judit le deja descender del coche y, guiado por la mano del niño, el hombre se adentra en una playa de surfistas y cometas. Es una escena hondamente trágica en su brevedad; de espaldas a la carretera, frente a un mar que no puede ver, Mateo/Harry es un padre ciego, un equivocado víctima de una pesadilla, como, en un episodio muy similar al borde de un acantilado, lo es otro padre engañado, cegado y con su noble nombre desvirtuado, Gloucester, el vasallo de El rey Lear de Shakespeare, una obra que he seguido sintiendo a lo largo de la mañana como fondo tal vez casual de este elocuente ensayo sobre la ceguera que es la última película de Almodóvar.

[Publicado el 30/3/2009 a las 09:00]

Compartir:

Comentarios (4)

  • Respeto su opinión, D. Alfredo, faltaría más, pero no estoy nada de acuerdo con que Almodóvar le saque un corto partido a Lanzarote. Al contrario, creo que la estancia en la isla es el corazón de la película. Lo que no hace es un publireportaje turístico (como el gran Woody con Barcelona, metiendo la pata en mi opinión). Me interesa mucho lo que usted, Sr Molina Foix, ha escrito sobre la película de Almodóvar. Imperfecta, irregular pero tremendamente hermosa y sugerente en mi modesta opinión. Sólo quien se arriesga encuentra cosas nuevas y al menos Almodóvar no se limita a pegar un plano detrás de otro funcionalmente como hacen el 90% de los directores en este pais.Ya vendrán los franceses y los americanos a decirnoslo. Aquí podemos seguir dándole garrotazos al buen tun tún.

    Comentado por: mifunesan el 09/4/2009 a las 16:58

  • Para mí también es una de las imágenes que más me ha impresionado de una película de imágenes poderosas. Me emociona profudamente el instante en el que el niño le tiende la mano al ciego, sin que su madre controladora se lo pida. Es, como si de repente, el niño que bajaba saltando los escalones del hospital, se hubiera hecho mayor. De repente.

    Comentado por: A. O. Scuras el 04/4/2009 a las 12:07

  • Muchas gracias, y me parece muy bien visto lo del Minotauro: hace una semana estuve viendo la expo de Mapfre. Saludos, VMF

    Comentado por: Vicente Molina Foix el 02/4/2009 a las 14:07

  • Sí, esa escena -que por otra parte pone de relieve el corto partido que Almódovar ha sacado al prodigioso paisaje de Lanzarote- es una de las mejores escenas de una película que, en mi opinión (y tras solo un visionado), parece tener algún problema de guión, como si los planes ambiciosos del creador no hubieran podido llegar a buen puerto y fuera necesario improvisar una airosa salida por el lado cómico. La escena de Harry Caine guiado por el niño en medio de un paisaje de vida desbordada tiene el valor de una escena mítica: en parte recuerda la imagen del Minotauro guiado por un niño que Picasso grabó con tanta sabiduría y capacidad sugeridora en su «Suite Vollard», que ahora se exhibe en la Sala Mapfre de Recoletos. Por otro lado, me han gustado mucho sus confesiones de saltos en mitad de la noche a golpe de vejiga. Dan sentido a aquello que dijo no sé quién de que los poetas cuando mean lloran. Es un place leerlo.

    Comentado por: Alfredo J. Ramos el 31/3/2009 a las 21:41

Deja un comentario




Tu correo electrónico:


Escribe los caracteres de la imagen (para evitar SPAM):

Comentario:


Foto autor

Biografía

 

Nació en Elche y estudió Filosofía en Madrid. Residió ocho años en Inglaterra, donde se graduó en Historia del Arte por la Universidad de Londres y fue tres años profesor de literatura española en la de Oxford. Autor dramático, crítico y director de cine (su primera película Sagitario se estrenó en 2001, la segunda, El dios de madera, en el verano de 2010), su labor literaria se ha desarrollado principalmente -desde su inclusión en la histórica antología de Castellet Nueve novísimos poetas españoles- en el campo de la novela. Sus principales publicaciones narrativas son: Museo provincial de los horrores, Busto (Premio Barral 1973), La comunión de los atletas, Los padres viudos (Premio Azorín 1983), La Quincena Soviética (Premio Herralde 1988), La misa de Baroja, La mujer sin cabeza, El vampiro de la calle Méjico (Premio Alfonso García Ramos 2002) y El abrecartas (Premio Salambó y Premio Nacional de Literatura [Narrativa], 2007);. en  2009 publica una colección de relatos, Con tal de no morir (Anagrama), El hombre que vendió su propia cama (Anagrama, 2011) y en 2014, junto a Luis Cremades, El invitado amargo (Anagrama), Enemigos de los real (Galaxia Gutenberg, 2016), El joven sin alma. Novela romántica (Anagrama, 2017). Su más reciente libro es Kubrick en casa (Angrama, 2019).

 

La Fundación José Manuel Lara ha publicado en 2013 su obra poética completa, que va desde 1967 a 2012, La musa furtiva.

 

Cabe también destacar muy especialmente sus espléndidas traducciones de las piezas de Shakespeare Hamlet, El rey Lear y El mercader de Venecia; sus dos volúmenes memorialísticos El novio del cine y El cine de las sábanas húmedas, sus reseñas de películas reunidas en El cine estilográfico y su ensayo-antología Tintoretto y los escritores (Círculo de Lectores/Galaxia Gutenberg).

 

Foto: Asís G. Ayerbe

Bibliografía

 

 

 

 

 

 

 

 

Enlaces

Información sobre la película El dios de madera

Audios asociados

Página diseñada por El Boomeran(g) | © 2019 | c/ Méndez Núñez, 17 - 28014 Madrid | | Aviso Legal | RSS

Página desarrollada por Tres Tristes Tigres