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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 30 de mayo de 2020

 Vicente Molina Foix

‘Mylfs’ y ‘cougars’

Oí por primera vez la palabra ‘mylf' en labios del hijo de una querida amiga, atractiva viuda próxima a cumplir los sesenta que ha llenado su vida de estímulos intelectuales y cuidados corporales. La escena sucedía en la cocina de un piso de París, aun no siendo ninguno de los presentes estrictamente francés; el hijo, un estudiante de periodismo, nos hacía a mi amiga y a mí la revelación de que un compañero de similar edad a la suya (‘veintipocos') había pronunciado en voz baja ese acrónimo de origen norteamericano al conocer a esta hermosa madre, una madre con la que uno querría fornicar ("Mothers You´d Like to Fuck"). El chico lo contaba en la cocina  -donde había un perro muy atento a las incidencias de los humanos-  sin sombra de reproche; más bien con un asomo de vanidad filial.

       Poco tiempo después alguien me informó de la existencia de otro término igualmente asociado a la mujer y a la sexualidad, ‘cougar', que, menos explícito que el primero, tal vez contenga una mezcla de prestigio y desdoro, ya que una ‘cougar' (puma en inglés) es la mujer mayor que se tira  -como las panteras se tiran en la maleza sobre su presa- a hombres mucho más jóvenes que ella. Entiendo que esta nomenclatura figurada, no siendo las actividades a las que se refiere totalmente novedosas, supone, en su creciente uso, un formidable avance: el reconocimiento de que, por perogrullesco que resulte lo que voy a decir, las mujeres también pueden, como los hombres que gustan de hacer el amor con chicas que podrían ser amigas de sus hijas, sentir y cumplir sus deseos fuera del cauce marcado por la edad y las conveniencias sociales.

     Nadie ignora, sin embargo, que la fenomenología del ‘viejo verde' ha sido, desde el tiempo de la comedia grecolatina, una fuente de bromas y burlas. El teatro, la ópera, la poesía satírica, el cine y en menor medida la novela seria han tomado con invariable frecuencia el prototipo del anciano rijoso que, tras mil añagazas y estando por medio a menudo el monto de una herencia o una fortuna fabulosa, obtiene su castigo en el desenlace, quedando con el rabo entre las piernas, desposeído del dinero y viendo con rechinar de dientes cómo las parejas adecuadamente jóvenes triunfan en el amor, en el altar y en el aplauso de los espectadores. Tampoco me siento original (aunque ahí sean muchos los discrepantes) al afirmar que una parte considerable del odio suscitado por DSK tenía que ver con el hecho de que el titular de este nombre acrónimo es un viejo salido millonario.

     Me asombra aún hoy que, en esa ‘cause célèbre', tanta y tan respetable opinión pública y escrita aceptase de entrada, sin asomo de duda, la versión victimaria de la limpiadora guineana, negándose en todo momento a reconocer que Strauss-Kahn ha sido la única víctima ‘probada' del caso, puesto que desde el primer instante de la sospecha fue detenido, sacado a la fuerza de un avión, esposado, maltratado, fotografiado en comisaría de frente y de perfil, encarcelado, desposeído de sus cargos públicos, eliminado de la carrera política a la que legítimamente aspiraba, y, siempre como figura de escarnio o desprecio, prejuzgado por el testimonio de una persona tan lábil y falible como cualquier otra y por la evidencia de unas manchas en el suelo alfombrado de un hotel de lujo. Que su riqueza y sobre todo la de su esposa Anne Sinclair le permitiera capear con comodidad ese cúmulo de desgracias, la mayoría de ellas irreversibles, no altera la condición de chivo (o macho cabrío) expiatorio de DSK. Respecto a la evidencia recogida en la suite neoyorkina del Sofitel, se supo después, demasiado tarde, que, si la mentirosa Nafissatou Diallo mentía también en eso, los restos orgánicos bien podían deberse a una eyaculación pactada por ambas partes.

       El puritanismo, ajeno a la debida repugnancia que debe suscitar un intento de violación en el que casi nadie cree hoy, tiene su abono en esas gotas de semen que un hombre indudablemente priápico derramó en una alfombra. Tras pagar un dinero, con mucha probabilidad. Se une a ese primer puritanismo de base sobre la lubricidad del vejete, otro integrismo peor, cada vez más manifiesto incluso en sociedades y gobiernos progresistas, el sueco, el español de Zapatero: el de entender que todo tipo de intercambio sexual negociado es una forma de atropello criminal, no en los flagrantes casos de explotación y trata de blancas (o negras), sino en aquellos en que las mujeres y hombres adultos que venden su cuerpo están haciendo uso de una prerrogativa que no nos corresponde a los demás, bajo ningún concepto, prohibir, vilipendiar, y mucho menos condenar.

      De las cosas dichas sobre el ‘affaire' DSK (algunas, he de confesar a título personal, escritas por periodistas españolas que admiro profundamente y fueron muy decepcionantes para mí) destaco las que profirieron dos mujeres francesas a raíz de la liberación del antiguo director del Fondo Monetario Internacional. La primera, ex-ministra y diputada comunista cuyo nombre no recuerdo, declaró que el sobreseimiento sin cargos del sumario abierto a DSK, y esto sí lo cito literalmente, era "un día triste para la justicia y para las mujeres", mientras que la segunda, ni más ni menos que Martine Aubry, una de las candidatas socialistas a la presidencia de Francia, manifestaba compartir "la opinión de muchas mujeres sobre el comportamiento de Strauss-Kahn".

       Las mujeres, en efecto, han de hacer valer con todo el empuje del mundo sus opiniones y sus reclamaciones, su indignaciones y el conseguimiento de sus derechos; en cualquier asunto  -también esto es evidente- exceptuando, me atrevo a señalar, aquellos en los que el reprender o el dictaminar significa ponerse del lado del mismo poder que a ellas secularmente las ha postergado. La lucha femenina es desigual, y su dimensión distinta. En unos lugares las mujeres tienen aún que bregar por lo básico, por lo irrenunciable: no sufrir mutilaciones corporales, no verse obligadas a matrimonios amañados contra su voluntad, no someterse al arbitrio del tirano o del patriarca, poder conducir, cantar, pasar la noche solas en un hotel, llevar el pelo suelto sin constreñimiento, bañarse en la playa como les plazca, casarse o tan solo vivir con el hombre al que aman. En otros, por suerte, han conseguido no ya más conciencia sino el modo de expresarla, con una libertad gestual que los estamentos habitualmente sospechosos y muy en especial las iglesias, capitaneadas todas por hombres, tratan de recortar, empleando el mismo afán justiciero con el que tratan de imponer sus anatemas a ciudadanos y grupos minoritarios enfrentados al monopolio de la moral.

     Esa libertad de la mujer, todavía vista con recelo o violentamente negada, incluye, por supuesto, las distintas formas de la voluptuosidad, una pasión que malamente admite preceptos, definiéndose al contrario por su licencia. La de amar o simplemente fornicar con hombres que podrían, por edad, ser sus hijos, sin que, al hacerlo a las claras, la maquinaria del humor rancio empiece a elaborar chistes hirientes contra las "viejas verdes".

[Publicado el 31/10/2011 a las 08:27]

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Comentarios (1)

  • Un buen ejemplo de esa belleza madura es Marisa Paredes, en ciertas paginas de internet se ven Mylfs&young aunque de 60 seria Mature&young

    Comentado por: Lolo el 31/10/2011 a las 20:32

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Biografía

 

Vicente Molina Foix nació en Elche y estudió Filosofía en Madrid. Residió ocho años en Inglaterra, donde se graduó en Historia del Arte por la Universidad de Londres y fue tres años profesor de literatura española en la de Oxford. Autor dramático, crítico y director de cine (su primera película Sagitario se estrenó en 2001, la segunda, El dios de madera, en el verano de 2010), su labor literaria se ha desarrollado principalmente -desde su inclusión en la histórica antología de Castellet Nueve novísimos poetas españoles- en el campo de la novela. Sus principales publicaciones narrativas son: Museo provincial de los horrores, Busto (Premio Barral 1973), La comunión de los atletas, Los padres viudos (Premio Azorín 1983), La Quincena Soviética (Premio Herralde 1988), La misa de Baroja, La mujer sin cabeza, El vampiro de la calle Méjico (Premio Alfonso García Ramos 2002) y El abrecartas (Premio Salambó y Premio Nacional de Literatura [Narrativa], 2007);. en  2009 publica una colección de relatos, Con tal de no morir (Anagrama), El hombre que vendió su propia cama (Anagrama, 2011) y en 2014, junto a Luis Cremades, El invitado amargo (Anagrama), Enemigos de los real (Galaxia Gutenberg, 2016), El joven sin alma. Novela romántica (Anagrama, 2017). Su más reciente libro es Kubrick en casa (Angrama, 2019).

 

La Fundación José Manuel Lara ha publicado en 2013 su obra poética completa, que va desde 1967 a 2012, La musa furtiva.

 

Cabe también destacar muy especialmente sus espléndidas traducciones de las piezas de Shakespeare Hamlet, El rey Lear y El mercader de Venecia; sus dos volúmenes memorialísticos El novio del cine y El cine de las sábanas húmedas, sus reseñas de películas reunidas en El cine estilográfico y su ensayo-antología Tintoretto y los escritores (Círculo de Lectores/Galaxia Gutenberg).

 

Foto: Asís G. Ayerbe

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