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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 24 de agosto de 2019

 Blog de Vicente Molina Foix

El rey voluptuoso

No hay en Madrid estos días, me atrevo a decir, ningún espectáculo tan hermoso, tan voluptuoso. Iba a decir también que tampoco hay ninguno tan escandaloso, pero la verdad es que el pasado lunes 2 de mayo, cuando yo lo vi, el ánimo del público madrileño no sólo no se encrespó, como lo hizo hace dos siglos contra el invasor francés, sino que parecía, desde fuera, frío y contenido. Otra cosa era la voz. Había esa tarde una asombrosa porción de espectadores aquejados de tos, una tos persistente y cavernosa que a estas alturas de la primavera no puede ser natural, por lo que decidí, mientras trataba de hacer oídos sordos al carraspeo y las flemas de las gargantas cercanas, que aquellas eran toses psico-somáticas, despertadas en lo más profundo del ser de los tosientes (incomodados tal vez por la osadía de lo que veían) por dos polacos, Szymanowski y Warlikowski, quienes, en contra de lo que podría pensarse, no son una pareja de payasos de un circo cárpato sino dos artistas del máximo rango.

    Y es que el espectáculo al que me refiero es ‘Krol Roger', es decir, ‘El rey Roger', compuesto en 1924 por el primero de los falsos payasos poloneses, el músico Karol Szymanowski, y puesto en escena en París hace unos años y ahora en el Teatro Real por el segundo, Zrzysztof Warlikowski, un director bastante joven oriundo de Szczeczin; ‘zetas' por todas partes, como pueden ver. Digo de antemano que ‘El rey Roger' es para mí una de las grandes obras maestras operísticas de la primera mitad del siglo XX, al nivel de ‘Elektra' de Strauss, ‘Erwartung' de Schoenberg, ‘Pelléas et Mélisande' de Debussy, ‘De la casa de los muertos' de Janácek, ‘Wozzeck' de Berg, ‘El castillo de Barbazul' de Bela Bartok, ‘Lady Macbeth de Mtsensk' de Shostakovich, ‘The Rake´s Progress' de Stravinsky, ‘Boulevard Solitude' de Henze, y ‘Vuelta de tuerca' de Britten, por citar sólo (omitiendo por tanto a Puccini, a Poulenc, a Prokofiev, a Martinu) un tipo de obras que además de su grandeza musical tienen una acusada potencia disolvente y una formidable capacidad para desorientar nuestras expectativas y ‘extrañar' (lo que André Breton llamaba el ‘dépaysement').

     Es la primera vez que la ópera de Szymanowski se pone en Madrid (estará en cartel hasta el 14 de mayo), y sólo eso sería un acontecimiento, estando además en la presente ocasión muy bien servida musicalmente por el elenco, la orquesta y los coros, que nunca han lucido tan inquietantes, tan malignos, en el escenario de la plaza de Isabel II. Incluso los niños cantores, tan esenciales en la partitura: no sólo cantan bien sino que actúan bien y amenazan bien con sus caritas largas y sus disfraces pueriles en el desenlace.

    El segundo polaco de la velada, Warlikowski, ya se distinguió en el Real montando otra excelente ópera, ‘El caso Makropoulos', aunque en ese caso no todas sus deslumbrantes ocurrencias me parecieron apropiadas al tejido dramático de la obra de Janácek. En ‘El rey Roger' ha hecho una transposición completa de las localizaciones y las acotaciones, tan ricas, del original, pero su recreación, en la que no figura Sicilia, ni Bizancio, ni Benarés, ni ese norte de África que tanto sedujo con su sensualidad sinuosa al compositor, alcanza una fuerza poética irresistible en su atrevimiento, en su descaro, en su invención transgresora. Aquí no estamos en el campo -tan trillado en ciertos montajes que pasan por ser renovadores- de las libertades basadas en la nada de los conceptos. Todo lo que imagina Warlikowski (quizá con la excepción de las alusiones a la droga) tiene un fundamento y una verdad propia que sustituye, sin escamotearla, la que en su momento propusieron en el libreto Szymanowski y su íntimo colaborador y pariente Iwaszkiewicz.

    ¿Pintan algo en una obra que está situada en la Palermo normanda del siglo XII y en un decorado de templos y palacios y anfiteatros desportillados, la Factoría de Andy Warhol, el actor ‘porno' Joe D´Allessandro, las danzas maquinales de Pina Bausch, los atuendos extravagantes y los cadáveres flotantes de David Lynch? Lo pintan, y estupendamente, a mi juicio, transformando la antagonía entre deseo y razón que tanto atormentaba a Szymanowski, en una poderosa alegoría de lo disoluto y lo carnal. Cuando los noventa minutos de esta escueta ópera acaban en la irresolución de un final ambiguo, la figura del Pastor, con su desconcertante aire de Nancy Rubia, no es la del vencedor absoluto de la contienda; el rey Roger, que ha vivido la bacanal sin perderse en ella, irradia una luz solar que ciega el proscenio del Real y llega hasta las butacas del teatro, donde, acabadas de golpe las toses espasmódicas, unos se van disgustados, ensombrecidos diríamos, y otros iluminados por el ardiente calor de las incertidumbres.

[Publicado el 09/5/2011 a las 09:15]

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Biografía

 

Nació en Elche y estudió Filosofía en Madrid. Residió ocho años en Inglaterra, donde se graduó en Historia del Arte por la Universidad de Londres y fue tres años profesor de literatura española en la de Oxford. Autor dramático, crítico y director de cine (su primera película Sagitario se estrenó en 2001, la segunda, El dios de madera, en el verano de 2010), su labor literaria se ha desarrollado principalmente -desde su inclusión en la histórica antología de Castellet Nueve novísimos poetas españoles- en el campo de la novela. Sus principales publicaciones narrativas son: Museo provincial de los horrores, Busto (Premio Barral 1973), La comunión de los atletas, Los padres viudos (Premio Azorín 1983), La Quincena Soviética (Premio Herralde 1988), La misa de Baroja, La mujer sin cabeza, El vampiro de la calle Méjico (Premio Alfonso García Ramos 2002) y El abrecartas (Premio Salambó y Premio Nacional de Literatura [Narrativa], 2007);. en  2009 publica una colección de relatos, Con tal de no morir (Anagrama), El hombre que vendió su propia cama (Anagrama, 2011) y en 2014, junto a Luis Cremades, El invitado amargo (Anagrama), Enemigos de los real (Galaxia Gutenberg, 2016). Su más reciente libro es El joven sin alma. Novela romántica (Anagrama, 2017).

 

La Fundación José Manuel Lara ha publicado en 2013 su obra poética completa, que va desde 1967 a 2012, La musa furtiva.

 

Cabe también destacar muy especialmente sus espléndidas traducciones de las piezas de Shakespeare Hamlet, El rey Lear y El mercader de Venecia; sus dos volúmenes memorialísticos El novio del cine y El cine de las sábanas húmedas, sus reseñas de películas reunidas en El cine estilográfico y su ensayo-antología Tintoretto y los escritores (Círculo de Lectores/Galaxia Gutenberg).

 

Foto: Asís G. Ayerbe

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