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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

lunes, 26 de agosto de 2019

 Blog de Vicente Molina Foix

Con el frío aumenta la claridad

Fue muy calmante poder leer en su libro póstumo ‘Mis premios' que Thomas Bernhard, el gran invectivo, había sido beneficiario de varios premios literarios, y que incluso los agradeció con discursos escritos adrede. La razón en su caso no era la vanidad sino la necesidad de dinero, pero aun así en las palabras pronunciadas al recibir el Georg Büchner Bernhard introdujo una de sus paradojas: "Tenemos, decimos, derecho a la justicia, pero sólo tenemos derecho a la injusticia". La historia de los premios en todas las artes es un cúmulo de injusticias y glorias efímeras (más llamativas cuanto más importante es el galardón, por ejemplo el Nobel), pero el cine, por su particular carácter suntuario y su recia base comercial, es el más propenso a la exaltación de lo irrelevante.

    Ninguna de las películas reconocidas por las academias cinematográficas que en los primeros meses de cada año dan a conocer su palmarés es del todo mediocre, y hay una, ‘De dioses y hombres' (ya comentada en este blog y muy distinguida en los César de la academia francesa), de verdadera calidad, pese a su sutil tendenciosidad cristiana. Tampoco es irrelevante ‘Pà negre', que barrió en los Goya españoles después de haber barrido, en una de esas curiosas anomalías dúplices del país, en los premios que da la academia del cine catalán. Lo lamentable en el caso de ‘Pà negre' es que el reconocimiento le llega a su director Agustí Villaronga, uno de los grandes nombres de nuestro cine, por su obra menos personal, un ejemplo de un género atávico que encuentro insoportable y llamo ‘cine de tazón', en este caso agravado por ser el sólito tazón de leche infantil ingerido -en las cocinas de la posguerra- con numeroso acompañamiento de chillonas mujeres de luto y hombres con boina. No sería Villaronga el excelente cineasta que es si no hubiera en este film convencional momentos de singular belleza sesgada, y sólo queda desear que su abultado triunfo le permita al autor llevar a la pantalla su más querido y eternamente aplazado proyecto, la adaptación de ‘La muerte y la primavera', la obra maestra de Mercè Rodoreda.

    En los Goya, el derecho a la injusticia le correspondió plenamente a ‘También la lluvia', la película más ambiciosa y lograda de Iciar Bollaín, siendo a mi juicio también merecedora de algún premio más de los que obtuvo ‘Buried', el sofisticado ‘tour de force' de Rodrigo Cortés, una nueva demostración de la inesperada pujanza de la narrativa de terror en el cine español actual. Todo eso, naturalmente, sin entrar en el capítulo más sangrante de las injusticias propias a todo concurso de méritos juzgado por seres humanos y gremios de intereses: el de las nominaciones disparatadas y las posibles candidaturas omitidas. La pedrea humanitaria, a la que tampoco escapan estas rifas anuales, tuvo algunas semanas antes su corolario en la acumulación de distinciones otorgada por la academia del cine europeo a ‘El escritor' (‘The Ghost Writer'), el brillantísimo pero a la postre banal ejercicio narrativo del perseguido Polanski.

    Por razones obvias, los premios fílmicos que tienen más repercusión son los anglosajones, los británicos BAFTA, los de la crítica extranjera en Estados Unidos y, por supuesto, los Oscar. Indignarse con el historial de las estatuillas distribuidas por Hollywood en su larga historia es una tarea inane y agotadora, en la que no voy a incurrir. Este año había varias películas consistentes, aunque el frecuentador de este blog ya sabe, si me lee y, más aún, si me recuerda, que fui inmune a las solicitudes de ‘La red social' y esperaba más, mucho más, del ‘western' de los hermanos Coen. Ganó de manera arrolladora ‘El discurso del rey', un alivio comparativo teniendo en cuenta que su máxima rival era ‘Cisne negro'. Las dos últimas comparten un motivo que los académicos norteamericanos encuentran irresistible: la invalidez de los protagonistas. Esto, que podría constituir un asomo de genuina benevolencia compasiva por parte de los curtidos trabajadores de la gran industria, se afirma históricamente como una débil sumisión al alarde por parte de los respectivos actores de toda la gama de discapacidades físicas y tics de insania que aquejan a sus personajes y suelen ser, en finales felices, superados a base de denuedo. Sólo recuerdo un título en el que el mérito cinematográfico igualase la nobleza de la causa, ‘El milagro de Ana Sullivan' (en inglés ‘The Miracle Worker', 1962), cortante y patética recreación de Arthur Penn del caso verídico de Hellen Keller, la niña ciega y sordomuda curada y recuperada para la sociedad por su profesora Ana Sullivan; sus dos actrices centrales, Anne Bancroft y Patty Duke, ganaron ‘oscars', habiendo sido nominados el director y el guionista.

    Este año han triunfado la tartamudez del rey Jorge V (que interpreta con su habitual aplicación Colin Firth) y la esquizofrenia de la bailarina a la que da cuerpo más que alma la extraordinaria actriz que es Natalie Portman, maltratada por los efectismos dramáticos y los espasmos de cámara propios del absurdamente encumbrado Darren Aronofsky. ‘El discurso del rey' se ve al menos sin trompicones; Tom Hooper, su primerizo director, es un competente artesano, un filmador de corte televisivo, muy bien servido por el magnífico plantel de los secundarios y el empaque con el que el cine británico reviste sus evocaciones de época, sobre todo las del período de entreguerras.

    Terminadas las ceremonias de premiación, recaudadas en taquilla las cantidades correspondientes a esas operaciones de renombre y olvidadas en poco tiempo la mayor parte de las obras galardonadas, tengamos un pensamiento para la helada cosecha de los no premiados. En la mañana del día en que recibía el premio de literatura de la Libre y Hanseática Ciudad de Bremen, a Thomas Bernhard, inquieto y dudoso en la habitación del hotel, se le ocurre la frase que dará sentido y le hace terminar en pocos minutos su alocución de gratitud: "Con el frío aumenta la claridad".

[Publicado el 03/5/2011 a las 13:16]

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Comentarios (2)

  • Hola, amigo. No, no haré la lista de la helada cosecha, pues tendría inevitablemente que poner mi propia aportación 'El dios de madera', sin duda merecedora, cuando menos, de los premios Goya de mejor partitura, interpretación femenina y actor revelación. Me alegra siempre saberme leído y seguido por usted. Cordialmente, VMF

    Comentado por: Vicente Molina Foix el 15/5/2011 a las 18:02

  • Sí que me acuerdo, Vicente.Todavía no he visto El discurso del Rey ni casi ninguna de las que mienta usted en esta entrada; sí lo hice en su momento con la de La red social para olvidar después tanta promoción a bombo y platillo y que ya se anunciaba de lejos que era debido al éxito de Zuckerberg y, por supuesto, de Facebook, la cual un servidor visionó esperando otra cosa especialmente por su director y por el guionista Aaron Sorkin, a quien seguí en siete largas temporadas en su hasta ahora sonado trabajo El ala oeste de la Casa Blanca. La de los Coen(viniendo con la marca Coen mucho crítico de los que leí ya tenía el trabajo hecho) ya sabe usted lo que opino: Henry Hathaway es uno de mis favoritos y, con el título de Valor de ley, sigue siendo póstumamente el mejor... Pienso que se ha ganado actualmente mucho en técnica en el cine, mucho en la estética pop y en lo asombroso de tanto oropel donde cualquier apaño resulta facilísimo de fabricar por ordenador, pero en lo que a la narración o a exposición cinematográfica se refiere, sigo añorando mucho del blanco y negro donde no molestaba tanto brillo. De la del “El escritor” tengo recuerdo de haber pasado una buena tarde en una sala de cine casi tan lluviosa como la del clima de la película, y que si no recuerdo mal corrí pronto a verla por las sugerencias que en su día hizo el autor de este blog al poco del estreno.

    Da la casualidad que ayer noche vi la de Lope, de Andrucha Waddington, otra de los Goya y que usted no mienta aquí aunque no quiero pensar esté entre “la helada cosecha de los no premiados” (otra petición de las mías: ¿hará usted la lista de estos?) habiéndose llevado en los Goya sólo el premio a la mejor canción (bastante ñoña) de clarísima añoranza hollywoodiana. Me esperaba un mejor estilo en la dicción del verso, totalmente casi olvidado en la película que quiero pensar que después de la de Pilar Miró con El perro del hortelano, la cosa debe resultar difícil, difícil, dado que por lo histórica y por el ambiente es imposible aceptar que allí no se hablara en versos y sí muy como en nuestro tiempo( ni siquiera hay jerga que suene a otro tiempo). Luego, eso sí, hay que aceptar lo resultón que queda el fardar verbal de Lope de Vega puesto en cuestión ante un Tomás de Perrenot, quedando a la postre este en evidencia (se supone que el espectador también) con los 14 versos del soneto que su apellido le inspira.

    Felicidades por lo conseguido en Premios del Tren.Ya sabe que lo leo, y mucho por antelación. Saludos.

    Comentado por: Francisco de Escaen el 03/5/2011 a las 17:57

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Biografía

 

Nació en Elche y estudió Filosofía en Madrid. Residió ocho años en Inglaterra, donde se graduó en Historia del Arte por la Universidad de Londres y fue tres años profesor de literatura española en la de Oxford. Autor dramático, crítico y director de cine (su primera película Sagitario se estrenó en 2001, la segunda, El dios de madera, en el verano de 2010), su labor literaria se ha desarrollado principalmente -desde su inclusión en la histórica antología de Castellet Nueve novísimos poetas españoles- en el campo de la novela. Sus principales publicaciones narrativas son: Museo provincial de los horrores, Busto (Premio Barral 1973), La comunión de los atletas, Los padres viudos (Premio Azorín 1983), La Quincena Soviética (Premio Herralde 1988), La misa de Baroja, La mujer sin cabeza, El vampiro de la calle Méjico (Premio Alfonso García Ramos 2002) y El abrecartas (Premio Salambó y Premio Nacional de Literatura [Narrativa], 2007);. en  2009 publica una colección de relatos, Con tal de no morir (Anagrama), El hombre que vendió su propia cama (Anagrama, 2011) y en 2014, junto a Luis Cremades, El invitado amargo (Anagrama), Enemigos de los real (Galaxia Gutenberg, 2016). Su más reciente libro es El joven sin alma. Novela romántica (Anagrama, 2017).

 

La Fundación José Manuel Lara ha publicado en 2013 su obra poética completa, que va desde 1967 a 2012, La musa furtiva.

 

Cabe también destacar muy especialmente sus espléndidas traducciones de las piezas de Shakespeare Hamlet, El rey Lear y El mercader de Venecia; sus dos volúmenes memorialísticos El novio del cine y El cine de las sábanas húmedas, sus reseñas de películas reunidas en El cine estilográfico y su ensayo-antología Tintoretto y los escritores (Círculo de Lectores/Galaxia Gutenberg).

 

Foto: Asís G. Ayerbe

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