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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

viernes, 5 de junio de 2020

 Vicente Molina Foix

La vida de los nombres

Leí hace no mucho en un periódico la historia, brevemente contada, de un hombre que vivía de poner nombres. La historia me interesó doblemente, periodísticamente y egoístamente, ya que en cierto momento de mi vida, aconsejado por mis mayores, yo mismo estuve tentado de dedicarme profesionalmente a lo que Fernando Beltrán, el hombre en cuestión, reconoce como su oficio. Los nombres de las cosas, los títulos de los libros y las películas, los patronímicos, los topónimos, los antónimos, incluso los pseudónimos, me obsesionan. Nunca puedo empezar a escribir nada, sea una novela o una columna, sin saber cómo se va a llamar, y a menudo distraigo el tedio poniendo títulos a las obras de otros. He de decir, con inmodestia, que a algunas películas españolas ajenas y a algunas novelas y poemarios españoles de reconocido prestigio les puse nombre yo. Sin cobrar. El querido Juan García Hortelano, que se decía incondicional de mis títulos pero nunca me hizo caso en mis sugerencias respecto a los de su propia obra, estuvo a punto de convencerme de que creara yo la Agencia Molina de Titulación. No lo hice, refugiándome en el amateurismo de la nomenclatura. Hasta que leí en las entrevistas de última página la semblanza del tal Beltrán, subtitulado él mismo en el periódico como "poeta y nombrador".

      Leído no sin envidia, el perfil de Beltrán me resultó sugestivo, aun no quedando del todo claro si este autor de catorce libros de versos vive de la poesía, de la nombradía o de otro menester menos clerical, como, por ejemplo, el de delinear obras o registrar la propiedad. Sí se explicaban, en cualquier caso, algunos de sus éxitos: rebautizar el Parque Biológico de Madrid, al que la gente, quizá por aprensión sanitaria, no iba, para llamarlo Faunia, lo que tuvo un inmediato éxito popular, sin duda por esa promesa de jungla o parque de atracciones que encierra la palabra. Más nombres salidos de la factoría Beltrán: Amena (que no Aena) y Equo, el partido verde recientemente creado por Juan López de Uralde, el exdirector de Greenpeace; Equo es un acierto, aunque habría que averiguar a quién se le ocurrió en su día llamar a la valerosa organización de defensa del medio ambiente Greenpeace, pues una paz que es verde reanima al personal infaliblemente.

      También hemos sabido que a este singular creador se le debe los nombres de Opencor, Aliada y La casa encendida, tres marcas o espacios que me afectan de lleno. Como es sabido, Opencor es la rama golfa del Corte Inglés, que no cierra ningún día del año y permanece abierta hasta las 2 de la madrugada. Algo desastrado de horarios como soy, y sujeto a deseos insuperables en horas indecibles, la apertura de un Opencor cerca de casa la celebré como un acontecimiento de mi madurez vital. Soy asimismo adicto, si se trata de la misma Aliada nombrada por nuestro hombre, a las "patatas fritas paja"; así reza (esa descripción comercial tendría que mejorarla Beltrán, por cierto) el paquete de 100 gramos de Aliada que suelo comprar y consumir como ‘amuse-gueule', a sabiendas de los peligros del colesterol en ellas implícitos.

    Lo que no puedo ocultar es que uno de los mejores títulos puestos por el autor de quien hablamos no es suyo: La casa encendida. Este acogedor y estimulante centro cultural madrileño, quizá el más vivo que yo conozca en cualquier lugar del mundo, dispone de un hermoso edificio, de un lugar idóneo, en la encrucijada de la ciudad, y de un nombre inolvidable, que inventó en el año 1949 Luis Rosales para su libro homónimo, una de las mejores obras poéticas de la posguerra, con versos que incluso para un desmemoriado siguen resonando: "Gracias, Señor, la casa está encendida".

   Felicito desde aquí a Fernando Beltrán no sólo por su ‘modus vivendi' (si se confirma que lo obtiene de la titulación), sino por haber dejado fuera de sus inventos los nombres de las personas queridas. Ésta es una de las lacras más extendidas hoy en el mundo. Cuando yo era niño, las ocurrencias que algunos padres tenían en la pila bautismal a costa de sus hijos se contaban como chistes, algunos graciosos, como aquella supuesta o legendaria señora valenciana llamada Dolores Fuertes de Barriga. Yo, que he conocido a un Miguel de Cervantes y a un Leopoldo Alas que no escribieron el ‘Quijote' ni ‘La regenta', abomino de la fantasía patronímica, aunque en su día me cautivó, por pura cinefilia, seguir las peripecias de dos matrimonios amigos que intentaron y no pudieron ponerle a su niña recién nacida Marienbad y a su niño Búster. Fernando Beltrán dio a sus hijas los hermosos nombres de Marta y Lucía, y así dejó de lado en la intimidad los juegos de palabras que tanto nos gustan.

[Publicado el 11/4/2011 a las 14:30]

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Comentarios (6)

  • Gracias a Beatriz y a Francisco de Escaen, y silencio total para Marina, por su desfase (en todos los sentidos de la palabra). A Francisco le voy dando de vez en cuando lo que tan amablemente me pide (por ejemplo respecto a Benet), y si no me equivoco colgué en este blog mi extenso comentario a "Brooklyn' de Toibin.

    Comentado por: Vicente Molina Foix el 18/4/2011 a las 18:30

  • Ya ves cómo están las cabezas, Vicente.

    ¡Hola!

    Comentado por: Francisco de Escaen el 13/4/2011 a las 22:49

  • Y perdóneme que le diga, pero para flaco favor el que le hace usted a la labor de la crítica, soltando elucubraciones sin tan solo meditarlas ni intentar profundizar en el tema antes de hablar de éste. Lo que a mi parecer es un puro ejercicio del sensacionalismo y un intento de que se comente algo, aunque sea malo, de su texto.

    Comentado por: Marina el 13/4/2011 a las 19:54

  • Vamos hombre, como si usted no supiera de faltar al respeto. En el artículo que le adjunté se le daba muy bien. ¿Se lo cito? Aquí le dejo una perla suya: "Que tanta gente y tantos críticos serios digan que una chorrada de plastilina como Up es una obra maestra del séptimo arte me produce vergüenza."

    Así que, a lo que íbamos, mientras gente como usted siga menospreciando e insultando el complejo y costoso trabajo que resulta realizar una "chorrada de plastilina como Up", no se preocupe, que habrá gente como yo que le devolverá las palabras de afecto.

    Y ahora sin insultos, la próxima vez, antes de hablar, documéntese un poco, léase algo que vaya más lejos de un Zipi Zape y trabaje, que le pagan para eso.

    Comentado por: Marina el 13/4/2011 a las 19:29

  • Marina, me parece que usted es la que viene con un poquito de retraso,¿no le parece? Aquí la que está faltando el "respeto" es usted.Empiece por sí misma antes y luego predicas a otros sobre tus virtudes y tan preciadas lecturas.Hasta hoy,siento poco decirle que leer comentarios como el suyo hacen un flaco favor a los lectores de cómics( aunque claro, siempre haya excepciones con las que poder contar)...

    **Para mí el acto de poner nombres, el nombrar mismamente la cosa, lleva consigo lo poético,tiene que ser poético de alguna manera ese acto.Antes de llegar a donde se dice que este hombre es poeta, ya había intuido que tenía que serlo.Imposible si no oficiar como tal de nombrador.

    Decía W. H. Auden que no hay cosa peor que un mal poeta.Amén.

    Viene al caso: no se olvide Vicente de algunas críticas pendientes sobre algunos poetas y novelistas que prometió en su día, donde se hacía mención de Mark Strand(sobretodo tengo interés en lo que dice usted sobre
    este),Zambrano,Tóibín,Dinesen,etc.Si han sido publicados en otro sitio que aquí y yo no los he leído, disculpe.

    Saludos

    Comentado por: Francisco de Escaen el 12/4/2011 a las 22:41

  • Precioso tema, el de este post.Desde que leí que algún filósofo griego recomendaba a los padres ser cuidadosos con el nombre impuesto a sus hijos, porque " el nombre es el hombre",pongo especial cuidado en los nombres de las personas.Mas aún,sugiero que no se usen alias,porque este nombre que portamos los seres humanos posee un alcance universal y por ende, está nimbado de una sacralidad, mas allá de cualquier religión.Sus padres al imponerle el nombre Vicente lo dotaron de una clave poderosa y perfecta. Cordiales saludos.

    Comentado por: Beatriz Basenji el 11/4/2011 a las 22:13

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Biografía

 

Vicente Molina Foix nació en Elche y estudió Filosofía en Madrid. Residió ocho años en Inglaterra, donde se graduó en Historia del Arte por la Universidad de Londres y fue tres años profesor de literatura española en la de Oxford. Autor dramático, crítico y director de cine (su primera película Sagitario se estrenó en 2001, la segunda, El dios de madera, en el verano de 2010), su labor literaria se ha desarrollado principalmente -desde su inclusión en la histórica antología de Castellet Nueve novísimos poetas españoles- en el campo de la novela. Sus principales publicaciones narrativas son: Museo provincial de los horrores, Busto (Premio Barral 1973), La comunión de los atletas, Los padres viudos (Premio Azorín 1983), La Quincena Soviética (Premio Herralde 1988), La misa de Baroja, La mujer sin cabeza, El vampiro de la calle Méjico (Premio Alfonso García Ramos 2002) y El abrecartas (Premio Salambó y Premio Nacional de Literatura [Narrativa], 2007);. en  2009 publica una colección de relatos, Con tal de no morir (Anagrama), El hombre que vendió su propia cama (Anagrama, 2011) y en 2014, junto a Luis Cremades, El invitado amargo (Anagrama), Enemigos de los real (Galaxia Gutenberg, 2016), El joven sin alma. Novela romántica (Anagrama, 2017). Su más reciente libro es Kubrick en casa (Angrama, 2019).

 

La Fundación José Manuel Lara ha publicado en 2013 su obra poética completa, que va desde 1967 a 2012, La musa furtiva.

 

Cabe también destacar muy especialmente sus espléndidas traducciones de las piezas de Shakespeare Hamlet, El rey Lear y El mercader de Venecia; sus dos volúmenes memorialísticos El novio del cine y El cine de las sábanas húmedas, sus reseñas de películas reunidas en El cine estilográfico y su ensayo-antología Tintoretto y los escritores (Círculo de Lectores/Galaxia Gutenberg).

 

Foto: Asís G. Ayerbe

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