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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

lunes, 26 de agosto de 2019

 Blog de Vicente Molina Foix

La moda de Dios

En uno de los mejores cuentos de Paul Bowles, ‘El tiempo de la amistad', hay un episodio memorable en el que la solterona Fräulein Windling, una maestra de Berna que cada verano pasa sola sus vacaciones en un oasis del desierto argelino, invita a cenar en Nochebuena a Slimane, el niño de doce años al que ha tomado cariño y más adelante ayudará económicamente. El niño, que siente un gran respeto por la extranjera, acude al modesto hotel donde, en una sala próxima al comedor, está el belén que la señorita ha improvisado para la celebración. Cuando ella, después de ausentarse un momento, regresa, ve que el chico ha desbaratado las figuras de los Reyes Magos y se ha comido los dátiles y los bombones que ella había puesto decorativamente junto al pesebre. Slimane, musulmán acérrimo, ignorante de la significación navideña, se ha manifestado, sin ánimo de ofensa, en su naturalidad infantil y primaria. "En su deseo de verle cambiar" -escribe Bowles respecto a la maestra- "había empezado a olvidar cómo era Slimane realmente".

    Situada en Argelia y basada en el hecho verídico de la matanza en 1996 de siete monjes franceses a manos, seguramente, del grupo terrorista islámico GIA, ‘De dioses y hombres' no es una película interesada en mostrar la colisión de opuestos (religiosos, sociales, sexuales) que tan profundamente obsesionó a Bowles y sobre la que tantas páginas de ficción y memoria personal escribió. Pese a contar también con una escena de disensión en Nochebuena, la propuesta del director Xavier Beauvois es de más corto alcance, aunque el resultado sea una obra de sostenido vigor narrativo y excelente interpretación, sobre todo por parte de los actores franceses que encarnan a los hermanos del Cister, y en especial Lambert Wilson y el inveteradamente extraordinario Michael Lonsdale. Una vez acabada la proyección, y al salir del cine, satisfecho de las dos horas pasadas en él pero con un recelo, me hice dos preguntas, que voy a tratar de responder a continuación.

   La primera pregunta era antropológica, o quizá sociológica. Nada en ‘De dioses y hombres', más allá del atuendo de los nativos y las palabras en árabe que se oyen de vez en cuando, remite al verdadero sentido de la realidad que sin duda aquellos piadosos varones encontraron en las montañas de Tibhirine donde estaba enclavado su monasterio. La muerte de los monjes (elegantemente escamoteada en la pantalla) estuvo relacionada, lo sabemos por la coda escrita y por las escenas menos interesantes, las del gobernador y el comandante del ejército, con un conflicto armado entre los islamistas y el gobierno militar. El horrendo crimen tendría, sin embargo, el mismo peso dramático en la película de Beauvois de haber sido perpetrado por unos maleantes marselleses que roban y matan en un cenobio del sur de Francia. El ‘pathos' logrado en la media hora final no es distinto al de cualquier otro relato de un hecho criminal tan espantoso como aquél, y tanto el guionista como el director eluden esa trascendental zona de sombra que siempre hay en las historias de cruce o choque de dos culturas. La única secuencia, y es magistral, en la que la condición religiosa aporta algo peculiar a ‘De dioses y hombres' es la de la cena de despedida en la que el hermano médico (Lonsdale) introduce en un acto litúrgico la frivolidad mundana de ‘El lago de los cisnes' y las botellas de vino tinto. Beauvois, consciente del gran potencial del texto escrito en el guión, lo explota fílmicamente   -con una profusión de primeros planos cortos dentro de amplio formato del cinemascope-  de modo elocuente y hondamente conmovedor. Sólo en ese momento del film me pareció que este cineasta estaba a la altura del mejor cine católico (Dreyer, Rossellini, Bresson) que ha dado Europa.    

     Porque mi segunda pregunta era de orden espiritual, y surgía del hecho de recordar, una vez visto el film, el clamoroso éxito comercial que ha tenido no sólo en Francia (tres millones cien mil espectadores) sino en otros países de Europa. ¿Exclusivamente por sus méritos cinematográficos? La película no tiene episodios de amor, ni siquiera de ‘gore' explícito, y básicamente consiste en la mostración de un grupo de hombres, casi todos ancianos, cantando gregoriano y haciendo actos de caridad. La bondad. La fe. Soy muy respetuoso, en mi ateísmo militante, de las creencias ajenas, pero ¿no se habrá beneficiado en el ‘box office' de su subliminal mensaje vaticano? Nadie duda del sacrificio de aquellos y otros religiosos que trabajan valerosamente como misioneros en tierra hostil, ni del ecumenismo de la carta-testamento del abad. Pero el hecho de que, como crónica de sucesos, se cuente el asesinato de unos católicos irreprochables a manos de unos musulmanes malencarados podría llevar a pensar que los espectadores de ‘De dioses y hombres'  -en una época en que la espiritualidad y el espiritismo, la blandura ‘new age' y la dureza sectaria se funden en la desconcertada alma del hombre occidental-  están quizá cayendo en esa "moda del espíritu" que Cioran ya veía con sorna en uno de sus primeros libros, el curiosamente titulado ‘De lágrimas y de santos'.

[Publicado el 17/3/2011 a las 10:01]

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Comentarios (2)

  • Cioran se paso la vida planeando su suicidio eso solo le ocurre a un santo o a un hombre poco felíz.

    Comentado por: negativo el 23/3/2011 a las 08:27

  • La espiritualidad ya no es moda, ni la vaticana ni la new age. Los que han ido a ver la película no son jóvenes. El panorama ha cambiado radicalmente en los últimos diez o quince años, y me alegro.

    Comentado por: Uno que va pa viejo el 18/3/2011 a las 10:18

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Biografía

 

Nació en Elche y estudió Filosofía en Madrid. Residió ocho años en Inglaterra, donde se graduó en Historia del Arte por la Universidad de Londres y fue tres años profesor de literatura española en la de Oxford. Autor dramático, crítico y director de cine (su primera película Sagitario se estrenó en 2001, la segunda, El dios de madera, en el verano de 2010), su labor literaria se ha desarrollado principalmente -desde su inclusión en la histórica antología de Castellet Nueve novísimos poetas españoles- en el campo de la novela. Sus principales publicaciones narrativas son: Museo provincial de los horrores, Busto (Premio Barral 1973), La comunión de los atletas, Los padres viudos (Premio Azorín 1983), La Quincena Soviética (Premio Herralde 1988), La misa de Baroja, La mujer sin cabeza, El vampiro de la calle Méjico (Premio Alfonso García Ramos 2002) y El abrecartas (Premio Salambó y Premio Nacional de Literatura [Narrativa], 2007);. en  2009 publica una colección de relatos, Con tal de no morir (Anagrama), El hombre que vendió su propia cama (Anagrama, 2011) y en 2014, junto a Luis Cremades, El invitado amargo (Anagrama), Enemigos de los real (Galaxia Gutenberg, 2016). Su más reciente libro es El joven sin alma. Novela romántica (Anagrama, 2017).

 

La Fundación José Manuel Lara ha publicado en 2013 su obra poética completa, que va desde 1967 a 2012, La musa furtiva.

 

Cabe también destacar muy especialmente sus espléndidas traducciones de las piezas de Shakespeare Hamlet, El rey Lear y El mercader de Venecia; sus dos volúmenes memorialísticos El novio del cine y El cine de las sábanas húmedas, sus reseñas de películas reunidas en El cine estilográfico y su ensayo-antología Tintoretto y los escritores (Círculo de Lectores/Galaxia Gutenberg).

 

Foto: Asís G. Ayerbe

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