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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

lunes, 26 de agosto de 2019

 Blog de Vicente Molina Foix

Academia de lo moderno

La película empieza con unas largas tomas de un búfalo inquieto atado a un árbol hasta que consigue -y le lleva su tiempo- soltarse y perderse en la espesura de un campo. También salen después un perro, un enjambre de abejas inocuas, un pez hablador y lúbrico. Bresson sí que sabía filmar la ansiedad y el estado contemplativo de los animales.

    Apichatpong Weerasethakul tiene, además del intrincado nombre, un lugar muy alto en el santoral del cine, pero no el de la gente del cine (exceptuando a Víctor Erice) ni el de los espectadores de cine, sino el de una casta formada por programadores de festivales, seleccionadores de ciclos, críticos de revista especializada y miembros de ciertos jurados afectos todos, unos por oportunismo y otros por convicción, a lo que llamaremos el academicismo de lo moderno. ‘Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas' (¿por qué no la han traducido, más fielmente respecto al original, como ‘El tío Boonmee, que puede recordar sus vidas anteriores'?) es el último paradigma de un cine que hoy pasa por ser de vanguardia, como pasan por serlo, citando ejemplos recientes, la derivativa ‘Canino', del griego Yorgos Lanthimos, o ‘Copia certificada', la última banalidad pomposa de Kiarostami. ‘Tío Boonmee', para abreviar el título y no enredarme yo al teclear las consonantes del patronímico de quien llamaremos a partir de aquí AW, viene entronizada además por la Palma de Oro de Cannes, entre los cinéfilos de buena fe el galardón más preciado que existe en el mundo.

    Financiada por un impresionante elenco de coproductores de varios continentes, entre los que figura el español Luis Miñarro, un estimulante hombre de cine que otras veces apoya proyectos de verdadera sustancia, ‘Tio Boonmee' es una película morosa y alicorta, más que ‘minimal', nimia, y, excepto en algún pasaje, enormemente fea, de una fealdad sin rango estético, es decir, no sujeta a la categoría del feísmo deliberado que en el arte ha tenido, en todas las épocas, gran relieve. Ni lírica, ni telúrica, ni fantasmagórica, ni patética (aunque sí involuntariamente cómica en la escena del bagre que copula en el río con la princesa), ‘Tío Boonmee' tampoco alcanza la relevancia política respecto a la situación en su país de origen, que algunos quieren verle y el propio director señala. Una secuencia de fotos fijas de cargas policiales incluida sin venir a cuento cuando la película ya está acabando trataría, según leo en una entrevista comentada de Jean-Philippe Tessé en la revista ‘Cahiers du cinéma', de "la historia nacional y la caza de comunistas en el noreste de Tailandia", cerca de la frontera con Laos. La sinrazón de dichas fotos dentro del cauce narrativo de ‘Tío Boonmee' hace no hermético sino insignificante ese material, que ningún espectador ajeno a aquel Oriente puede interpretar o siquiera entender. Para explicar los significados vienen en nuestra ayuda estos mandarines de la crítica, informados antes, por supuesto, por el propio autor, proveedor de los contenidos y las sutilezas que su obra fílmica en ningún momento suministra en la pantalla. Del total de sus 114 minutos de duración, sólo fui capaz de dejarme llevar por la potencia formal y el misterio de una breve escena, la que sucede en la cueva donde Boonmee orina acompañado de sus familiares, con el contraplano de los hombres-mono mirando tétricos el reguero del pis.

      Aunque parece un dislate hablar de forma en una puesta en escena tan informe, lo que distingue -a la vista de los dos largometrajes suyos que conozco-  el cine de AW es el cultivo de la exasperación. Los planos siempre duran una media de quince segundos más de lo que el espectador querría, e incurren a menudo en algo que yo, puede ser manía personal, encuentro siempre innecesario: encuadrar un espacio vacío y esperar con la cámara la entrada del personaje, sin cortar tampoco la toma una vez que el sujeto del relato ha desaparecido del cuadro. La fotografía (firmada por tres directores) es de calidad deficiente, los actores unos amateurs muy palmarios, supongo que por designio del director, y el sonido, que los sumos sacerdotes del templo de la vanguardia juzgan otra de las maravillas del cine de AW, consiste en un ruido insufrible (la caída de la catarata en el cuento de la princesa, las escenas de bosque) puesto a todo volumen. ¿La revelación por la mortificación? No desdeño un posible substrato metafísico en la película, que aparte de sus aparecidos del más allá, cuenta con una coda budista muy propia del espíritu ‘new age'.

    Pensé, mientras me aburría soberanamente, en Bresson, en Bergman, en Mizoguchi, que sí sabía mezclar fantasmas en la realidad. Ellos eran artistas exigentes y difíciles en su momento, como lo son hoy, por ejemplo, el primer Jaime Rosales y el último Javier Rebollo, Alexander Sokurov o el Steve McQueen de ‘Hunger', nunca estrenada en España. Una vanguardia alejada del formulismo de un academicismo de lo moderno que tan bien representa este notable bodrio tailandés.

[Publicado el 09/3/2011 a las 10:26]

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Comentarios (3)

  • "Hunger" no se habrá estrenado en cines, pero el otro día la pusieron en el canal 7 del Plus. Tampoco la muerte de Bobby Sands y sus camaradeas consigue conmover por culpa de la lentitud de los bueyes de la película.

    Comentado por: Muriel el 11/3/2011 a las 20:10

  • En ese intento de "encuadrar un espacio vacío" el maestro es Bergman, el único que no defrauda, siendo, en mi modesto conocimiento, su inventor,¿verdad?, seguido por su admirador Woody Allen.

    Estoy de acuerdo en que un crítico, ni el espectador, debe suponer nunca nada que en la pantalla no se le "relate".Si la película no es comprendida o es tildada de mala, no vale decir que por su subterráneo corren aguas de profundidades abisales que el modesto espectador puede que no las haya notado en su visionado pero que el cineasta, en su día, contó conque sus pájaras quedaran allí bien reflejadas sin trabajo ni"problema", careciendo de ese conato o alma que luego "en ningún momento suministra" "la pantalla" pero que en contra su director afirmará que la perla estaba debajo de la concha.Es lo habitual.Difícilmente descascarilleará el espectador la concha si no hay perla.Yo creo que ahí es donde reside lo difícil( y flagrante) de hacer cine, en que nadie se pregunte por el envoltorio, que la perla esté bien a la vista siendo coherente con lo que se está enseñando o se ha enseñado una vez dado el fin.Eso no quiere decir que el cine, ver cine, sea sencillo.Esto lo saben algunos críticos, por eso o porque andan falto de tiempo, tiran buenamente del "proveedor de los contenidos".O lo mismo me equivoco y no lo saben de por si.

    Saludos,Vicente.

    Comentado por: Francisco de Escaen el 10/3/2011 a las 20:23

  • ¡¡Bien!! Al fin leo a alguien que supuestamente tiene cierta autoridad en esto lo penosa, aburrida y más que deficiente que es esa aburridísima "Tio Boonmee" del amigo (yo diría casi que enemigo) Apichatpong. Gracias Vicente por decir lo que muchos no se atreven.

    Comentado por: RamiroQuai el 10/3/2011 a las 02:58

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Biografía

 

Nació en Elche y estudió Filosofía en Madrid. Residió ocho años en Inglaterra, donde se graduó en Historia del Arte por la Universidad de Londres y fue tres años profesor de literatura española en la de Oxford. Autor dramático, crítico y director de cine (su primera película Sagitario se estrenó en 2001, la segunda, El dios de madera, en el verano de 2010), su labor literaria se ha desarrollado principalmente -desde su inclusión en la histórica antología de Castellet Nueve novísimos poetas españoles- en el campo de la novela. Sus principales publicaciones narrativas son: Museo provincial de los horrores, Busto (Premio Barral 1973), La comunión de los atletas, Los padres viudos (Premio Azorín 1983), La Quincena Soviética (Premio Herralde 1988), La misa de Baroja, La mujer sin cabeza, El vampiro de la calle Méjico (Premio Alfonso García Ramos 2002) y El abrecartas (Premio Salambó y Premio Nacional de Literatura [Narrativa], 2007);. en  2009 publica una colección de relatos, Con tal de no morir (Anagrama), El hombre que vendió su propia cama (Anagrama, 2011) y en 2014, junto a Luis Cremades, El invitado amargo (Anagrama), Enemigos de los real (Galaxia Gutenberg, 2016). Su más reciente libro es El joven sin alma. Novela romántica (Anagrama, 2017).

 

La Fundación José Manuel Lara ha publicado en 2013 su obra poética completa, que va desde 1967 a 2012, La musa furtiva.

 

Cabe también destacar muy especialmente sus espléndidas traducciones de las piezas de Shakespeare Hamlet, El rey Lear y El mercader de Venecia; sus dos volúmenes memorialísticos El novio del cine y El cine de las sábanas húmedas, sus reseñas de películas reunidas en El cine estilográfico y su ensayo-antología Tintoretto y los escritores (Círculo de Lectores/Galaxia Gutenberg).

 

Foto: Asís G. Ayerbe

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